Fuegos y caldereta de cordero

En los veranos hay dos olores típicos en la falda del Castillo de Jaén. Uno es el de la broza y los pinos achicharrados. El otro, el de la caldereta de cordero. Lo curioso es que son olores excluyentes: o el uno o el otro. Nunca los dos a la vez. Por eso, el pastor que ha limpiado el monte con sus ovejas durante los dos últimos veranos le ha dicho tururú a la Junta cuando lo han llamado este año para soltase a pastar allí su rebaño. No ganaba para disgustos el hombre.

La chavalería de la falda del Castillo se había aprendido una cadena de causas y efectos: la cerilla prende la broza, la broza arde, el fuego provoca el humo, el humo llama a los bomberos y los bomberos avisan al helicóptero. Y así se pasan las tardes tan divertidas. Sin embargo, hace dos veranos se rompió la cadena: la cerilla prendía, pero apenas si había broza. Las ovejas se la habían comido. Así que no había humo, ni bomberos, ni helicóptero. Tocaba aburrirse. Pero entonces se estableció otra cadena de causas y efectos: la amenaza de fuego trae a las ovejas, las ovejas pasan las noches en un aprisco poco vigilado, la caldereta de cordero está cojonuda. Y empezaron a contar ovejitas por las noches: las que le robaban al pastor. Y el pastor, después de dos veranos, ha dicho que tururú. Creo que la excusa oficial es que tiene muchas crías y no es conveniente moverlas ahora. Pero el inconveniente principal es el movimiento del aprisco a la cazuela. Así que la Junta ha optado por la vía de en medio: antes que los pirómanos quemen todo el monte del Castillo, quemémoslo nosotros, controladamente. Se ve que este verano toca olor a maleza achicharrada, no a caldereta.

La temporada de incendios ha arrancado esta semana con brío en Jaén. En apenas 24 horas hubo cuatro fuegos. El más importante, el de Jódar. Que los espartales ardan a medianoche difícilmente se puede atribuir a causas naturales. Tanto el caso de Jódar como el de la falda del Castillo revelan un problema de enorme calado: el monte está indefenso. Tal vez disposiciones administrativas demasiado protectoras hayan provocado un efecto inverso al deseado. El monte que no da de comer a sus vecinos no es un vecino deseado.

La Junta ha presentado hoy el dispositivo del Infoca de este año. Que se aten los machos los retenes, porque el verano les viene complicado, después de una primavera tan lluviosa.

Con el gatillo cargado

Cargo el arma. La amartillo y la acerco a apenas un par de centímetros del objetivo. Sólo queda apretar el gatillo. A bocajarro. Un espacio en que comentar la actualidad de Jaén. Lo que se ve, lo que se oye, lo que se huele, lo que se intuye. Lo que escuece, que diría mi amigo Ángel del Arco. También habrá mimos, cuando sea menester. Un espacio que está abierto a la participación de todos, y que pretende hacer disfrutar a algunos y sufrir a otros con palos saludables, aplausos fervorosos, comentarios jocosos, pequeñas historias que conmueven en este Jaén que disfrutamos y sufrimos. Espero que os guste. Y espero vuestra participación. Allá vamos. A bocajarro.

El pistolero enamorado

Luis Gabriel, conocido como ‘El Escobar’, compareció esta mañana en el juzgado de Instrucción 1 de Jaén. Está actualmente en prisión por su participación en un tiroteo en Peñamefécit. La Policía cree que Luis Gabriel entró en un piso en el número 14 de la calle Bilbao junto a otros tres encapuchados y ordenó que uno de sus secuaces le pegase un tiro al inquilino. Cosas del negocio de la droga, nada personal. Y el secuaz cumplió la orden. Seguramente fue un aviso. Lo dejaron herido leve. Un balazo limpio en el costado que le salió por la espalda.

Ese es el contexto en que tenía ubicado a ese tal Luis Gabriel. Un tipo duro. Sin embargo, también tiene su corazoncito. Estaba en el calabozo de los juzgados. Dos policías guardaban la puerta. En un rincón, una mujer joven lloraba como una magdalena. “Amor”, gimió la joven. “Amor”, le respondió una voz de hombre desde dentro del calabozo.

El amor tiene a veces razones que la razón no entiende. A veinte metros, en el calabozo del Penal 1, estaba un tal Zacarías, a quien iban a juzgar por malos tratos a su mujer y a sus hijos. En una de esas agresiones, sostiene el Fiscal, dejó encerrados a todos y se marchó. Con lo que declaró en su día la víctima, Fiscalía ha fundamentado su acusación, en la que pide contra ese tal Zacarías siete años de cárcel. Esta mañana, todo preparado para el juicio. A la hora de la verdad, la mujer no se presentó a ratificar su denuncia ni a relatar sus padecimientos. Juicio suspendido. Zacarías vuelve a prisión, hasta que lo llamen de nuevo. Sabe que si su mujer no declara contra él difícilmente podrán condenarlo. Ella también debe saberlo.

Cuando sacaban a Zacarías camino de la cárcel, aún estaba en la calle de los juzgados la mujer que lloraba como una magdalena, y que había esperado durante horas para poder darle un beso a Luis Gabriel. Para ella, su enamorado. Para la Policía, el pistolero.