Un buen hombre

Juan Carlos Escobedo deja la presidencia de Cáritas Diocesana después de 14 años. Un buen hombre, creo yo. Se ha convertido en una referencia moral en la sociedad jaenera incluso para sectores sociales a quienes repele todo lo que huela a Iglesia. A modo de homenaje, recojo fragmentos de entrevistas que le hemos hecho varios compañeros en IDEAL a lo largo de los años. Una prueba que creo que pocos aguantarían, si se viesen hoy confrontados con sus palabras de hace tres lustros.

-¿Es solidario el jienense?
-Es solidario a impulsos. No es constante, ni sistemático, sino compulsivo. La caridad y la solidaridad que se valoran y que son realmente útiles es la constante, la de la persona que se compromete durante todo el año. En estas fechas a todo el mundo se le mueve la conciencia, pero el día a día es lo importante para cambiar las cosas.

-El tema de los inmigrantes es muy complicado. ¿Cuál cree que es la solución?
– La respuesta la tienen la Confederación de Empresarios de Jaén pero ellos dicen que a ver si el año que viene se prepara con diez meses de adelanto. ¿Por qué esperar al año que viene? Estas personas necesitan ayuda inmediata. Hay una incapacitad enorme para reconocer que hay gente que necesitan abrigo y un techo.

– ¿Qué pasa con los inmigrantes que vienen a la recogida de aceituna y no encuentran trabajo?
– Pues se tienen que quedar aquí y evidentemente no se pueden pagar un hotel, así que se ven obligados a dormir en la calle. Por eso nuestra tarea es muy dura y los empresarios se han negado a facilitar viviendas incluso para los que están trabajando. Es muy triste que ni en la administración autonómica ni en la central sean capaces de dar solución a este problema y sin embargo cuando hace falta dinero para otras cosas se da una partida extraordinaria.

-¿Y el valor de la solidaridad?
-Solidaridad es una palabra que no se nos cae de la boca. Es hoy en día una palabra hueca. Queremos ser solidarios pero que la logística con la que se ayuda a los excluidos no haga que pasen cerca, que los centros de atención estén lejos de los barrios. La solidaridad se nos queda en la boca, que no afecte a nuestro entorno. Es necesaria una revolución, sentirnos próximos a ese hermano. Incluso egoístamente, hay que entender que el bienestar que se extiende y alcanza a todos es duradero, si no desaparece para todos.

– Eso es un llamamiento a la rebeldía.
– Sí, pero hay que entender bien mis palabras. Yo hago un llamamiento a la rebeldía, pero no a la violencia. Rebelde es aquel que se enfrenta a sí mismo, que realiza un esfuerzo personal por mejorarse, por dominarse, por vencer la pereza, la autocomplacencia… yo apelo a esa rebeldía para mejorar la sociedad.

Aquí dejo una foto enviada ayer por el Obispado. Escobedo es el de barbas, a la derecha de la imagen. Junto a él, la secretaria de Cáritas Diocesana, el Obispo Ramón del Hoyo, el nuevo presidente, Rafael López Sidro, y el vicario de Caridad.

La fiscal verde

Isabel Uceda es la fiscal de moda. La fiscal verde. Técnicamente, fiscal delegada para asuntos de Medio Ambiente y Patrimonio Histórico. Para los amigos, la fiscal que ha dado con la tecla para que se cumplan las sentencias de demolición de chalés ilegales. Cinco años llevaban algunos condenados y muertos de risa, domingueando en sus chalés furtivos, con menos papeles que una liebre pero con su piscinita y su barbacoa. Ya ha tirado uno, cerca de la cantera en la carretera de Los Villares. Y tiene varias decenas más en el punto de mira.

La fiscal Uceda ataca a los piratas del ladrillo donde más duele: patada directa al bolsillo. Les embarga las cuentas y le encarga a Urbanismo que haga un proyecto de derribo. Para un triste chalezucho dominguero sale una factura de más de 31.000 euros del demoledor. Menudos sofocones le da la fiscal Uceda a los que quieren escaquearse de tirar su chalé ilegal. Ahora, que también tiene narices que todo el mundo se ponga tan serio con los chalés ilegales cuando durante años todo el mundo les hizo palmas. A los políticos les remuerde la conciencia, e intentan legalizar todo lo que pueden y más antes de que les venga la fiscal Uceda con la pala excavadora. Una decena de alcaldes y ex alcaldes hacen cola para pasar por el banquillo.

El Ministerio Público tiene además varios asuntos de los que darán titulares: un juzgado de Andújar investiga el envenenamiento de un lince ibérico en una granja de pollos de la zona de Alcaparrosa. Y hay dos expedientes referidos a otro de los nombres de moda en Jaén, el del flamante presidente de la Cámara de Comercio, Luis Carlos García. Uno por el supuesto robo de las puertas consistoriales de Baeza y otro por los ruidos de uno de sus negocios. Dos papeletas más para la fiscal Uceda. La fiscal verde.

Haberlas hailas

El CGPJ niega que haya denuncias falsas de malos tratos. Como si quieren negar el atasco de los juzgados. Una cosa es lo políticamente correcta y otra la puta vida. Porque haberlas hailas. Las denuncias falsas, digo. Que se lo digan a Pablo Andrés, que el lunes se echó a llorar en el banquillo cuando su mujer admitió a la magistrada Valle Elena Gómez que todo lo que había dicho sobre malos tratos era mentira. La magistrada ordenó que dedujesen testimonio a la mujer, que ahora está acusada de denuncia falsa. Un ataque de cuernos lo explica todo. Pero a ver quién le quita ahora a Pablo Andrés lo bailado: que te detenga la Guardia Civil, que te tomen declaración como a un delincuente, que el fiscal pida cuatro años de cárcel contra tí. No es moco de pavo, para tratarse de una invención.

El mismo día, una nota de la agencia Efe nos cuenta otra historia de las que se cuela por las costuras falsas de la ley de violencia de género: Un hombre que fue acusado por su mujer de una violación que no cometió ha denunciado que lleva seis meses sin ver a sus cuatro hijas, pese a que el juez ha levantado la orden de protección dictada a favor de ellas y ha archivado la denuncia de ella. El hombre demostró que ese día y a esa hora no estaba violando a su mujer, sino trabajando de camarero. El afectado, Juan Ballesteros Alcalá, ha denunciado a Efe que lleva seis meses sin poder ver a sus hijas porque su esposa ha dejado Los Villares, donde residía, y ningún Centro de Acogida le quiere dar su actual domicilio. La Justicia tampoco le ha podido notificar a ella el archivo del caso ni la apertura de diligencias contra ella por falso testimonio. El 17 de febrero pasado la orden de protección contra el hombre quedaba sin efecto al desmontarse la acusación. Aún la están buscando.

Aún conozco otro caso que amenaza con arruinarle la vida a otro hombre. Otra denuncia por malos tratos y violación que llevó al acusado a pasar varios días en la cárcel y que ahora se ha demostrado falsa. El caso está archivado o a punto de serlo.

En diciembre pasado, publiqué un auto del juez Sánchez Gasca, titular del juzgado de violencia sobre la mujer, bastante revelador sobre el tema de las custodias compartidas y los problemas de la ley de lo políticamente correcto.

La fiscal Gracia Rodríguez Velasco, coordinadora contra los malos tratos, no duda en atacar duro los casos denuncia falsa. Desde la sección que ella coordina se incoan al año prácticamente mil diligencias por casos de malos tratos. Los casos de denuncia falsa que detectan echan por tierra mucho trabajo con víctimas auténticas de malos tratos. Muchas víctimas que viven un auténtico calvario. Por eso se presentan todos los años cargos por denuncias falsas. Porque haberlas hailas. Aunque sea políticamente incorrecto decirlo.

El tal Eloy

Nono el mallarín y su primo Antonio explicaron ayer por qué se dieron a la fuga tras la muerte de El Houcine el 28 de agosto de 2008 en Linares. Tardaron muchos meses en echarles mano, y la Policía de Jaén tuvo que llamar a agentes de operaciones especiales para sacarlos de sus escondrijos en El Cerro. Ya conté cómo cogieron al Nono. Por el rabo. Ahora hay nuevas claves sobre por qué estuvieron fugados: se lo recomendó un tal Eloy, que convenció a sus familias de que era un tipo con buenos contactos en Madrid y el único que podía evitarles “un gran peligro”. El tío trincó la pasta y nunca más se supo de él. Sólo que dijo llamarse Eloy. Nono y Antonio lo usaron ayer a modo de coartada, pero tendría narices que alguien le echase valor para timar de esa forma a los mallarines.

La historia me recuerda a una que me contó recientemente un magistrado sobre los juzgados de una gran ciudad. Por allí rondan unos personajes a los que llaman cuervos. Timadores profesionales. Le echan el ojo a familias que esperan a que un juez decida si manda o no a la cárcel a un familiar. Indagan en el juzgado, y si se enteran de que se va a decretar la puesta en libertad, se presentan a la familia y le dicen que tienen mano dentro y que puede sacarlo. Aunque claro, un buen fajo haría más fáciles las cosas. Dicen que hay incautos que pican. La duda es si Eloy es un fantasma o un artista.

Alta tensión entre la viuda y los mallarines

Máxima tensión en el juicio contra Nono el Mallarín, su primo Antonio y su colega Ángel por la muerte de El Houcine, portero de una caseta de la feria de Linares que fue abatido a tiros el 28 de agosto de 2008. Entorno a Rachida, la viuda, forma una guadia pretoriana de marroquíes. Gente del mundo de la noche, tipos duros. Fuertes. Dirigen miradas desafiantes a los familiares de los mallarines que llenan la sala de vistas. Rachida abandona la sala indignada. “Ahora parece que mi marido se tiró de un globo. Que nadie le ha pegado un tiro”, dice lo suficientemente alto como para que lo escuchen los familiares de los acusados. El Nono y Antonio dicen que ellos son las víctimas de esta historia. Que les pegaron una paliza. Que los que llevaban las pistolas eran “los moros”.

Ángel ha aclarado en prisión sus recuerdos y ya no culpa a los dos mallarines de los tiros, como hizo en fase de instrucción. Ahora dice que ni les conoce. Que estaba con su hermana tomándose una granizada. Que él no tiene nada que ver con lo que se habla en aquella sala. Por si acaso, no lo juntan con los mallarines. No sea que éstos quieran indagar de por qué los incriminó antes. Los dos primos están en el receso en calabozo. Ángel, en los servicios. Si alguna vez fueron amigos, hoy es evidente que ya no pueden ni estar juntos.

La viuda y los mallarines nunca se habían visto hasta ahora, pero el odio entre ellos se palpa en el ambiente. “A ver si responden”, murmura uno de los marroquíes -metro ochenta largo, más de ciento veinte kilos y músculos evidentes- cuando pasan por su lado los mallarines, que han acudido al juicio como a un evento familiar, con churumbeles y todo. “A ver si responden”, repite apretando la mandibula. Como se puede ver en el vídeo, las medidas de seguridad en el juicio son grandes. La tensión es máxima.

El hombre que ya había estado muerto

Se cumplen en este mes de marzo dos años desde la muerte de José Ignacio Tellechea, una de las personas más extraordinarias que he conocido. De hecho, es la única persona que he conocido que ya había estado muerta. Otro tal vez hubiese bromeado con un tema así. Él, no lo creo. Y yo le oí contar, en al menos en dos ocasiones (una de ellas delante de más de cincuenta personas que le escuchábamos embelesados) el día en que estuvo muerto. Cómo escuchó a los médicos dar explicaciones a su familia sobre el fatal desenlace de su enfermedad. Cómo se preparaban ya para amortajarlo. Cómo se tomaron medidas para el entierro. Y cómo volvió a la vida y me dio la oportunidad de conocerlo. Creo que hasta escribió un libro con aquella historia. Tellechea todo lo escribía.

Conocí a José Ignacio Tellechea allá por 1993. En un colegio mayor en Salamanca (Guadalupe o San Vicente, Hispano, más bien Colegio, desprendido hasta del nombre, por ser amigo del viento). Un señor mayor que entraba a cenar con un batín a cuadros y pantuflas, que bajaba a la sala de televisión a ver los partidos de la Real y de cuya habitación salía, día y noche, el tableteo de una vieja máquina de escribir. Tantas letras juntó en su cuarto que el suelo se vino abajo, por no soportar tanto saber. Fue lo más sonado que ocurrió en el viejo caserón sobre la Peña Celestina hasta que cayó un rayo que voló parte del tejado.

Entre lo que me contó el propio Tellechea y lo que de él se decía en Salamanca me fui haciendo una composición sobre su persona. Datos que nunca me preocupé de constrastar, pero que hoy transcribo tal cual los recuerdo. De los jóvenes que en los años 50 había en los seminarios vascos, dos destacaban especialmente. Uno era José María Setién, quien fuera obispo de San Sebastián. El otro era Tellechea. Fue amigo de Angelo Roncalli. El italiano visitó España, creo que siendo ya cardenal. La Conferencia Espiscopal encargó a Tellechea que fuera su guía. Juntos recorrieron el país de punta a punta. José Ignacio siempre sonreía cuando recordaba aquel viaje.También hay un libro sobre este viaje. Años después, Roncalli fue elegido Papa. Juan XXIII.

Desde los años 60 Tellechea dio clase en la Universidad Pontificia de Salamanca. Hasta el 78 era frecuente verlo los fines de semana por la cárcel de Topas, visitando a presos políticos. Aunque su hábitat natural eran los archivos. Hasta los más secretos de la cristiandad eran para él como su casa. Toda una vida dedicada a la investigación. Conocía al Cardenal Carranza (procesado por hereje) y el siglo XVI español como si hubiera vivido en la época. Aunque nada escapaba a su curiosidad. Ni los corsasarios vascos en Terranova. “Es un sabio”, decían de él los alumnos veteranos del colegio mayor a los nuevos.

A Salamanca iba un cuatrimestre al año. A la peña Celestina, sobre el río Tormes. “Yo soy la roca, que siempre está aquí. Vosotros, el agua que pasa”, nos decía Tellechea a los chavales. Y un par de veces nos contó en día en que habia estado muerto.

(La foto, tomada en San Sebastián en 2002, es del archivo del Diario Vasco)

Mía o de nadie

La historia de Sheila, de 19 años, es la misma de muchas mujeres que acaban en el cementerio, muertas a manos de sus ex parejas al grito de ‘mía o de nadie’. Una relación prácticamente de adolescentes, un hijo que tiene ahora un par de años, una ruptura difícil, denuncias, paso por los juzgados, orden de alejamiento. Estaba empezando de nuevo. Con un chico cinco años mayor que ella, con un trabajo en la cocina de un hotel. Su novio, marroquí, ya había salido antes en los medios de comunicación: en el último sorteo de Navidad le tocó un pellizco (me dicen que unos 2.500 euros). Una parte del premio fue a su familia en Marruecos. “Siempre les manda algo de ayuda”, me cuenta una persona de su entorno.

Ayer por la tarde Francis irrumpió otra vez en su vida. A tiros. La joven está en el hospital. Me cuentan que la van a operar esta mañana para sacarle una bala de la mandíbula. Tiene suerte de poder contarlo. La muerte la ha rondado muy de cerca.

Francis intentó poner tierra de por medio después de pegar los tiros. Debía de saber que había hecho sangre. Al morito que ahora sale con ‘su’ Sheila le dio en el brazo. A ella, en la cabeza. En su huida, en un coche granate, soltó lastre: un amigo que conducía se entregó poco después de los tiros. A él lo cogieron cuatro horas después en Fuensanta de Martos. Tampoco es que consiguiese ir muy lejos. El arma ya está en manos de la Guardia Civil. Otro éxito de la teniente que dirigió la investigación, jefa de la Guardia Civil en la Campiña. Francis, de poco más de veinte años, es lo que coloquialmente se considera un prenda. ¿Ha ido demasiado lejos? Lo tienen bien cogido por dos tentativas de homicidio. Con un abogado medianejo y a poco que ponga de su parte, sale con una condena de diez o doce años. Con treinta y pocos.

Lo comentaba cuando repasaba anteayer los últimos sucesos relacionados con el campo: cómo se mata (también cómo se intenta matar, afortunadamente para Sheila) dice mucho de la sociedad en la que nos movemos. Una cultura de machos engallados por el honor, por la honra, por los celos. Mía o de nadie.

Sangre y terrones

A Juan de Dios le troncharon cuarenta estacas en la Jabonera, en Bedmar, hará ya un mes. Un desalmado le entró en la finca, seguramente de anochecida, y fue arrasando con los arbolillos. Uno detrás de otro. Sintiendo en las manos como se quebraban los troncos livianos. “Hemos tenido enfrentamientos con la comunidad de regantes. Creemos que nos puede venir por ahí”, admite Juan de Dios. Aunque si se le aprieta para que diga de quién sospecha, para que de un hombre, no hay quien le mueva de “no sabemos quién ha sido”. Hay palabras demasiado recias para decirlas en vano. Palabras que obligan a determinadas cosas una vez pronunciadas.

A día de hoy, la Guardia Civil aún anda buscando la escopeta que llevaba Fernando Jurado cuando lo cosieron a puñaladas en la Sima (Pegalajar). Antonio, de 50 años, ha confesado que lo mató. Tenían pleitos de lindes. Denuncias cruzadas. Una valla que uno levantó, que otro tiró…Fernando tenía miedo. Antonio quería ser alcalde del pueblo. También habia tenido líos con la comunidad local de regantes. Le dio más de veinte puñaladas.

Entre L.C.B., de 40 años, y J.R.R., de 48, ambos vecinos de Casas Nuevas en La Guardia, también había viejas enemistades. Y olivos cortados a ras de suelo, que es una forma cobarde de cobrarse cuentas pendientes, donde más duele. El segundo decidió zanjar la disputa con sangre. A tiro limpio. L.C.B. salvó la vida de milagro. J.R.R. está en prisión, esperando juicio. Antes de que la magistrada del 4 lo mandase para la cárcel, bromeaba con los civiles con viejos chistes de cazador. Con la misma ropa de campo, las mismas botas manchadas de barro y la misma roña negra bajo las uñas que marca a un hombre que acaba de trabajar en el campo que cuando disparó contra su enemigo.

A juicio va el mes que viene Franciscoc R.R. El suyo es el caso más espeluznante de todos. A finales de mayo de 2008 confesó ante la Guardia Civil que había discutido con su vecino de finca en Torreperogil, Salvador Frías Molina, de 82 años, que lo había herido con una herramienta del campo y que lo había matado. Después, con gasolina y unos sarmientos, intentó quemar lo que él pensaba que era un cadáver. Los forenses no opinan lo mismo. Encontraron humo en los pulmones de Salvador. Creen que aún estaba vivo cuando lo quemó.

En más de un lustro de crónica negra en Jaén, apenas hay tres muertes con el robo como móvil (la del recaudador en Andújar aún por resolver, el crimen de los Jardinillos y el de un hombre en La Carolina que es además en único con una mujer como sospechosa). El resto son crímenes de macho despechado, de honor ultrajado que exige venganza. También la tierra, que forma parte de nosotros, exige a veces su tributo. Sangre sobre los terrones. Así somos. Así matamos. Así morimos.

Delibes

“Con la voz apagada de don José, el cura, que era un gran santo, le llegó la sonrisa presentida del Tiñoso desde lo hondo de su caja blanca y barnizada.

-Kirie, eleison. Crhistie, eleison. Kirie, eleison. Pater noster qui es in coelis…

Al concluir don José, bajaron la caja a la tumba y echaron mucha tierra encima. Después la gente fue saliendo lentamente del camposanto. Anochecía y la lluvia se intensificaba. Se oía el arrastrar de los zuecos de la gente que regresaba al pueblo. Cuando Daniel, el Mochuelo, se vio solo, se aproximó a la tumba y luego de persignarse dijo:

-Tiñoso, tenías razón, las perdices al volar hacen ‘Prrrr’ y no ‘Brrrr’.

Ya se alejaba cuando una nueva idea le impulsó a regresar sobre sus pasos. Volvió a persignarse y dijo:

-Y perdona lo del tordo.

La Uca-Uca le esperaba a la puerta del cementerio. Le cogió de la mano sin decirle una palabra. Daniel, el Mochuelo, notó que le ganaba de nuevo un amplio e inmoderado deseo de sollozar. Se contuvo, empero, porque diez pasos delante avanzaba el Moñigo, y de cuando en cuando volvía la cabeza para indagar si él lloraba”.

Miguel Delibes

El Camino