Cuba: la isla de las mentiras

(Vista de la Habana vieja desde la torre de la cámara oscura en la Plaza Vieja)

El régimen cubano agoniza entre estertores de corrupción del caso Río Zaza, que ha dejado a la isla sin leche. Los blogueros cubanos informan de que sólo es la punta del iceberg, y hablan ya del caso Marambio, al que ABC consideró recientemente ‘el broker de los Castro’. Para quienes quieran saber qué pasa en Cuba más allá de las informaciones que debemos agradecer a Willy Toledo, recomiendo visitar el blog de Yoani Sánchez. Sólo la Iglesia ha abierto la puerta de la esperanza negociando mejoras para los presos políticos. Algo se mueve. Poco, pero se mueve.

Las noticias que llegan de la Isla me llevan a revisar viejas notas de viaje de diez días en Cuba en 2007. Son simples impresiones de un viajero que quedó prendado de la belleza de Cuba. De La Habana. Pero que se llevó el regusto amargo de la degradación moral a la que conduce la pobreza, el miedo, la delación, la falta de libertad y la corrupción generalizada que se palpa en el ambiente.

En La Habana Vieja las señoras salen a las puertas de sus casas para invitar a los turistas a entrar, apenas comprueban que no hay chivatos a la vista merodeando la calle. Las casas se caen a pedazos. La Habana se cae a pedazos. Un turista que entra en una casa siempre deja algo. Siempre hay algo para venderle (todos tienen un primo que trabaja en la fábrica de Cohiba). O, por la tremenda, abrir el frigorífico vacío y esperar que la compasión se traduzca en euros. Enseñarle la botellita de aceite de palma que dan con las cartillas de racionamiento. O el saquito de arroz para toda la familia.

En un mercado de artesanía frente al malecón que se monta un día a la semana (el día que llegan los buses de Varadero) se puede comprar carey o corral negro de estraperlo. O unos puros, o lo que se tercie. El mercado negro manda en Cuba. Todo se compra y se vende al margen del Gobierno. A pesar del Gobierno. El negocio se hace con la vendedora al borde del infarto, pidiendo a sus compañeras que le vigilen a un fulano sospechoso, que ronda por allí, o a la pareja de policías que mira desde la esquina donde aparcan los taxis. Más tarde, cerca del barrio chino, un doctor en Medicina, con bata y maletín con fonendo y todo, acecha también a turistas. Hace de intermediario en las tiendas en busca de una comisión. Acaba mendigando algo. Lo que sea. La Habana es una ciudad de pícaros, de buscavidas, de edificios y de personas en los puros esqueletos, con el alma en cueros vivos.

En la plaza de la catedral, el guía acreditado con un carné oficial aguarda pacientemente a los turistas. Un ritual repetido mil veces. Les entra con bromas. La censura se convierte en atractivo turístico, aunque él, con un carné expedido por el Gobierno, es poco sospechoso de disidencia. Pero lo prohibido es un gancho para captar clientes. Plantea un juego: el guía nunca menciona la palabra Fidel. Esos días los cubanos suponen que el Caimán agoniza en algún lugar de la isla. Pero su nombre y sus apodos son tabú para el guía. En vez de pronunciar las palabras comprometedoras, se lleva la mano derecha al mentón y hace el gesto de mesarse las barbas. Tras una corta visita a varios monumentos, sienta a los turistas en el bar del Hotel Los Frailes, a la vera de la Plaza Vieja y de uno de los mojitos mejor servidos de la ciudad. Intenta engatusar a los clientes para que le compren puros. Y cada vez que se tiene que mencionar a Fidel, se lleva la mano al mentón y hace como que se mesa las barbas. Toca todos los palos, a ver por donde flojean los clientes. El dinero puede llegar de donde menos se espera. Hay que las sondear las debilidades. La carne cubana cotiza barata.
-Aquí en Cuba tenemos a las famosas jineteras, que son muy expertas y hacen que los hombres pierdan la cabeza.
Y se vuelve, y mira a sus espaldas, receloso de que alguien lo esté espiando. Como si sus palabras fueran peligrosas. Es un juego. Pero la realidad en cualquier conversación con un cubano es que nadie se fía de nadie. A los pocos días en La Habana el turista puede jugar a adivinar en una calle concurrida quienes son policías o confidentes y quienes no. La psicosis se contagia, y aparecen por todas partes tipos de miradas torvas que acechan, que espían quién habla con quién, quién pasea con quién, quién mira a quién. Todos se miran. Y todos miran a sus espaldas continuamente. Nadie se fía de nadie.

El régimen refuerza su iconografía. Resistencia o muerte. Agosto de 2007. Fidel lleva ya meses en un hospital. A pesar de que su salud es delicada, como reconoce abiertamente el régimen, firma todos los días una página en el Granma. Algunos días el hueco lo rellenan recuperando alguno de sus viejos discursos. La televisión machaca día y noche con la historia de los cinco cubanos apresados y condenados en Miami por actos terroristas y espionaje contra la resistencia cubana en el exilio. Son héroes nacionales. Sus retratos están por todas partes. Sus parientes salen en la tele pidiendo justicia. Se organizan manifestaciones. Hay una concentración, una actividad la llaman ellos, frente a la oficina que hace las veces de embajada americana, ante la que hay una explanada con trece banderas negras con una estrella. En el Vedado, en un local en el que hay un cartel de Centro Internacional de Prensa, abre una exposición fotográfica sobre la figura de Vilma Espín, la mujer de Raúl Castro, fallecida poco antes. En el Museo de la Revolución sigue viva la iconografía en cartón piedra clásica del régimen, que intenta seguir mostrando su vigor. La televisión muestra insistentemente un reportaje sobre la moderna educación donde aparecen sin cesar ordenadores que son piezas de museo. En un sesudo programa de la televisión pública se insinúa que el 11-S fue un montaje de la CIA. Los tertulianos asienten, convencidos de aquello.

En los taxis la picaresca se acentúa. El de ese día parece más sincero que otros. Al volante explica que dejó el trabajo de ingeniero de telecomicaciones para que su mujer pudiera seguir en el hospital, donde es médico, y se mantuviera lejos de los turistas. Él, por si acaso, no enciende el taxímetro mientras el vehículo recorre la postinosa Quinta Avenida en Miramar (la misma por la que a veces se manifiestan ahora las Damas de Blanco y donde viven muchos jerarcas del régimen en bonitas casas con jardines), sino que pacta un precio con los viajeros, y luego repone la gasolina. “Si no es así, no se come aquí”, se disculpa. A la salida del Morro, la Policía para el vehículo. El agente invita al taxista a conversar fuera del auto, lejos de los oídos del turista. Por el cristal trasero se ve perfectamente como el conductor echa mano al bolsillo y paga la mordida que le exigen. Todos quieren su parte del pastel de los turistas.

En Varadero sigue la Fiesta. Los hoteles mantienen su actividad como si la precaria salud de Castro no tuviese en vilo a los cubanos de dentro y fuera de la Isla. En un centro comercial, esa noche hay concierto. Jazz. Chucho Baldés y su banda, en un auditorio pequeño. No es el espacio ideal para un concierto. Más bien parece una sala de conferencias. El calor es asfixiante. Entre reverencias entra un tipo alto y melenudo. Le sirven un refresco y va con su comitiva a sus asientos reservados en primera fila. “El ministro de Cultura”, es el rumor que corre entre los turistas que llenan el resto de la sala.

Si Cuba fue algún día el paraíso del turista, en agosto de 2007 estaba ya bastante lejos de serlo. Hay una generación frustrada por la gran mentira. Están sanísimos, porque la propaganda les ha machacado con que sanidad cubana es de las mejores (aunque los estantes de las farmacias estén vacíos). Están muy bien formados, porque estudian en buenos centros. Pero están frustrados. La desesperación provoca que al europeo se le despoje de su condición humana. Sólo importa sacarle los euros. Todo vale. Lo importante es salir adelante día a día. La moral, la ética, no se come. La verdad sale cara cuando se trata de sobrevivir en un ambiente asfixiante. Por eso Cuba es la isla de las mentiras.

Dimite el alcalde de Santa Elena tras 32 años en el cargo

Esta semana ha presentado su dimisión Manuel Noguera, el alcalde más veterano de la provincia de Jaén. Ha estado 32 años en el cargo. Lo curioso es que dimite y se pone a disposición de la Justicia. “Quiero en primer lugar pediros perdón por los errores que haya podido cometer, algunos de ellos subsanados y otros, a los cuales todos, tanto como cargo público o ciudadano podemos cometer estando en un estado de Derecho y Democrático estamos sometidos al veredicto de los Jueces y Tribunales que son los que tienen la última palabra. Errores que han sido frutos de la enfermedad que he asumido y de la cual me he puesto en manos de profesionales para intentar curarme y rehabilitarme” .

Su partido, el PSOE, informó que dimitía por problemas de salud. No cuadra con el párrafo de arriba, extraído de una carta de despedida del regidor a sus vecinos, emitida son membrete del Ayuntamiento de Santa Elena. Aquí os dejo la carta, que como podéis ver más que más que aclarar los motivos de la dimisión, no hace sino abrir interrogantes. Y deja en evidencia (por incompleta) las explicaciones dadas por el PSOE.

La fiscal Gracia Rodríguez

EN los próximos días se hará público que han concedido un galardón a la fiscal Gracia Rodríguez Velasco, coordinadora de la sección especializada en la Fiscalía de la Audiencia Provincial en la lucha contra la violencia de género. El viernes era el comentario que iba circulando por los juzgados. Y la gente lo comentaba con una sonrisa en el rostro, cosa rara en tierra de envidias y rencores donde no siempre nos alegramos del bien ajeno. Pocas veces se otorgan galardones tan merecidos como éste que se hará público próximamente (no quiero chafar la noticia a quien lo otorga) a la fiscal Gracia Rodríguez. En tiempos donde la labor de los funcionarios está siendo denostada sin piedad, la forma de trabajar de personas como ella son un ejemplo:en la firmeza con la que defiende sus convicciones, en la tenacidad en la consecución de la Justicia a veces contra viento y marea, en la inteligencia para lograr que las cosas salgan, en lo a pecho que se toma los reveses. Y siempre con una sonrisa. Felicidades. Y Gracias.

Publicado el sábado 29 de mayo por IDEAL y firmado por María Capilla de la Calle

Las redes sociales se la juegan a Dori

El patón de la senadora socialista Adoración Quesada, Dori para los amigos, al poner bajo sospecha a los 50.000 parados de Jaén como defraudadores había pasado desapercibido a efectos mediáticos. La rueda de prensa con Simona Villar había pasado sin pena ni gloria en los medios tradicionales. Pero en estas que llegaron las redes sociales, que han obligado a reaccionar a los políticos. Por lo que tengo entendido el primero el colgar el corte de la polémica fue Antonio Agudo, el lunes, en su blog (y perdón si me equivoco y le atribuyo el mérito de otro). Por otra parte, también el lunes, el gerente del PP, Miguel Contreras lo subió con una foto de las dos comparecientes a su muro de Facebook. Al poco, Jorge Pastor también lo tenía en su blog. Y también apareció en abocajarro. Ya volaba por Facebook y Twitter. El miércoles apareció una escueta nota en IDEAL, por abajo y en página par. Y durante el día se vieron forzados a hablardel tema Paco Reyes, Fernández de Moya y los primeros espadas del PSOE y del PP en el Parlamento de Andalucía, Mario Jiménez y Esperanza Oña.

(Artículo firmado por María Capilla de la Calle en IDEAL)

Y a todo ésto, ¿cuál es el trabajo de Adoración Quesada, cuando no da ruedas de prensa con Simona Villar). A continuación adjunto los datos de Adoración Quesada, extraídos de la página oficial del senado y de sena2.info (Ostenta un cargo público desde 1991 cuando comenzó como concejala en Mengíbar, y aquí se pueden ver las quince interveniciones que ha tenido en esta legislatura y los cargos que tiene en el Senado). Por si alguien quiere entretenerse, le informo de quelo que sigue

Las remuneraciones brutas anuales de diputados y senadores son las siguientes:

Asignación
Dietas
TOTAL
Diputados o Senadores de Madrid
35.944€
10.008€
45.952€
Asignación
Dietas
TOTAL
Diputados o Senadores del resto de España
35.944€
20.968€
56.912€

A estas cantidades se añaden otros conceptos retributivos como, por ejemplo, 18.030 euros
anuales para los presidentes de comisión y 13.222 euros al año para los portavoces en las mismas.
Diputados y senadores no pueden percibir pensiones mientras dure su condición de parlamentarios

Prerrogativas de los parlamentarios

Diputados y senadores tienen el derecho a recabar de las Administraciones Públicas, a través de los respectivos grupos parlamentarios, datos, informes o documentos.

Además de la asignación económica, los diputados tendrán derecho a las ayudas, franquicias e indemnizaciones por gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su función (art. 8.2 R.C.). Dentro del territorio nacional, los senadores tendrán derecho a pase de libre circulación en los medios de transporte colectivo que determine la Mesa o al pago de determinados gastos de viaje (art. 24.1 R.S.)
Los senadores tienen, con carácter vitalicio, tratamiento de “excelencia”. (art. 23 R.S.)
Los parlamentarios gozan de inviolabilidad, aún después de haber cesado en su mandato, por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones (art. 71.1 C.E.) y, mientras sean diputados o senadores tendrán inmunidad y sólo podrán ser detenidos en caso de flagrante delito. No podrán ser inculpados ni procesados sin la previa autorización de la Cámara respectiva mediante la aprobación de un suplicatorio.


Ahora sí, ahí van los datos de Adoración Quesada:

Las estafas se denuncian

Brama el presidente del Real Jaén, Carlos Sánchez, porque no le cuadran las cuentas de la taquilla del sábado. Se ha despachado denunciando ante los medios de comunicación “que nos han estafafo” nada menos que “40.000 euros”. La Policía Nacional confirma 24 horas después de la rajada que no se ha presentado denuncia alguna. Las estafas se denuncian. En Comisaría, no en los periódicos. Y si son de 40.000 euros, deberían investigarse. Más que nada porque el dinero es de los accionistas. Que no pierda ni un segundo: que vaya a la Comisaría de Policía y que diga allí lo que tenga que decir. Que se aclare si se han falsificado entradas. Que se esclarezcan quién y cuántas, porque es muy grave que alguien esté timando a la afición honrada que paga por entrar al campo. Me cuenta el compañero Miguel Ángel Contreras, que conoce los entresijos del club, que nunca se le pagó al Ayuntamiento más de un millón de euros en acciones, así que el asunto compete a todos los jienenses. Y si no va Sánchez, que intervenga la Policía de oficio, al conocer por los medios que puede haberse cometido un delito.

Explica Sánchez que se vendieron unas 6.000 entradas. Con los 3.500 abonados pagando 10 euros (la mitad de la entrada más barata), precios reducidos para jubilados y estudiantes y con todas las entradas vendidas al precio de la más barata, a ver cómo cuadran las cuentas para una recaudación de 70.000 euros, que es el dato oficial que ha dado el presidente. No estaría mal que Sánchez aclarase estas cuentas también, y cómo es posible que se le cuelen en el campo 2.000 personas sin entrada, ya que la calle y en la red (véase el debate que hay en ideal.es) la polémica está servida. La imagen que se está ofreciendo es más bien penosa, justo en el momento en el que el club se juega su futuro.

Parados bajo sospecha

Me dejan patidifuso unas declaraciones de la senadora del PSOE Adoración Quesada sobre el paro en la provincia de Jaén. Las hizo la semana pasada en una rueda de prensa y las ha colgado el gerente del PP, Miguel Contreras, en su perfil de Facebook. Se pueden escuchar pinchando aquí. (Si no tienes Facebook, también puedes pinchar aquí y te paso con el blog de Antonio Agudo, que tiene el corte también colgado). La senadora ha descubierto que en los años de las vacas gordas “había mucha gente apuntada en el paro” que en realidad estaba trabajando. Qué bandidos. Qué ladrones. ¿Dos mil parados en Bailén en los años del boom de la construcción? Tururú, dice Quesada. Mucho golfo es lo que hay, sugiere la senadora. Adoración Quesada, fina observadora, sabe de buena tinta que hay parados paseándose por ahí en BMW, y hasta hay quien tiene una casa sin hipoteca. Cómo se atreven.

¿Cómo ha descubierto todo eso la senadora Adoración Quesada? “Sólo hay que darse una vuelta por la calle, por los campos de fútbol, por los centros comerciales, por las romerías”. Lo que se escapa al fino ojo de Quesada no pasa desaparecibido para su compaoera, Simona Villar, que le apunta por lo bajini: “Y por los bares, y en los toros”. Y Adoración lo repite en voz alta: “Por los bares, y en los toros”. Y se ríen.

Se ha abierto la veda contra el parado. Estorban. Como ya se abrió la veda contra el funcionario, para justificar el tijeretazo a las nóminas públicas. Todos bajo sospecha.

El tío Baltasar, el pillastre y el juez

En 2006, mucho antes de Gurtell y justo después de regresar el juez de Nueva York, en la inaguración de los primeros cursos universitarios de verano de Torres, escribí un reportaje sobre cómo veían a Garzón sus paisanos de Torres, cómo lo recordaban de niño, qué dicen de él sus familiares en el terruño. Creo que no quedó mal del todo. Me he acordado de él hoy. Ahí lo dejo, junto a un vídeo de la manifestación de apoyo del sábado 15 de mayo, menos de 24 horas después de conocerse su suspensión cautelar, en su pueblo natal:

SENTADO en la mesa de conferencias o rodeado de micrófonos y cámaras mantiene la cara y la voz grave, reflexiva y severa que se le supone al magistrado-juez Baltasar Garzón Real, azote de los narcos, de los terroristas, de los dictadores desahuciados y de cualquiera que se salte la ley y quede al alcance del juzgado central número cinco de la Audiencia Nacional. Apenas pone pie a tierra y ya es el tío Baltasar, el compañero de juegos de la niñez o el colega de tapeos en veladas interminables. El juez Garzón vuelve a su Torres natal como estrella del curso “Derecho Internacional y conflictos armados” que ha organizado él mismo junto a la Universidad de Jaén y el Ayuntamiento torreño.
Es habitual ver a Baltasar Garzón en Torres. «Siempre que puede se escapa. Anda con todo el mundo. Aquí lo conoce hasta el niño de la bola, es muy popular», dicen los municipales del pueblo. Su hermana Esther revela otro detalle del Garzón sin toga que tiene en Torres su lugar de descanso: «Es muy niñero. Cuando nos juntamos es él quien se encarga de organizar a los pequeños e inventarse juegos. Y los tiene ocupados».
Mireya e Isabel se sientan entre los asistentes al curso. Las dos son de Torres y universitarias. Para ellas el severo e implacable juez Garzón es, simplemente, el tito Baltasar. «Y estamos muy orgullosas de él», replican al unísono. Durante todo el año lo ven en la tele. «Mira el tito», suelen decir. Van siguiendo los casos en los que se involucra, siempre apoyándolo. Y en los veranos, cuando el tito viene al pueblo, ejerce como tal. «Nos aconseja, nos resuelve dudas sobre estudios y sobre muchas cosas». Ellas van para trabajadora social y para enfermera, pero otra prima quiere hacer carrera en la judicatura. «Él la orienta, le recuerda que debe prestar atención a los idiomas y todas esas cosas», aclaran. Está claro que confían en él. «Él sabe», asienten antes de sumergirse en las procelosas aguas de la Corte Penal Internacional que juzga los crímenes de guerra en Bosnia y en el principio de la Justicia Penal Universal aplicada al caso español.
Juegos de niños
En el auditorio hay quien peina canas o ya casi no peina nada. Son de la quinta del juez, año arriba o año abajo. El tiempo tampoco perdona a su amigo Baltasar. El famoso mechón blanco sigue en su sitio, pero ya sitiado por completo por canas. La mirada penetrante es la misma que cuando jugaban de niños en Torres. «Era muy malo de chico. Se juntaban él y Juan Ortega y liaban unas buenas», dicen los que corrieron con él en pantalones cortos.
Francisco Cejudo hizo estragos con el niño Baltasar. Con otros chavales se embarcaban en juegos tan didácticos como «ir a panza» -asaltar un huerto y hartarse de fruta ajena- o pasar el campanario (caminar por un bordillo muy estrecho en la torre de iglesia, donde se probaba el valor infantil). «Ya entonces era muy inquieto, muy inteligente. Destacaba en todo», recuerda Francisco.
Tanto destacaba que a veces era todo un pillastre. Francisco recuerda una vez jugando a la pita, cuando lo pillaron echando la vara para atrás, para que la medida saliese justo lo que él había calculado. «Y se lío una buena trifulca», ríe. Sin embargo la admiración por el Garzón de la toga es evidente entre sus vecinos y antiguos compañeros de juegos. «Nadie ha hecho un servicio tan grande a España como ha hecho él con lo de la droga y el terrorismo», sentencian. El alcalde, Manuel Molina, presentó ayer a Baltasar Garzón como «querido hijo predilecto» de Torres.
Disfrutar del pueblo
En realidad Garzón nunca se fue del todo de Torres. «Venía todos los veranos, incluso cuando empezó de juez en Villacarrillo», dicen los vecinos. Se fueron sucediendo los destinos y los éxitos en su carrera judicial, pero cada poco Baltasar volvía a su pueblo, como siempre. Las tapas de los bares torreños siguen siendo su debilidad. «Tiene buena boca», dicen los que han alternado con él. «Me acuerdo una vez que me llamó a las tres de la madrugada. “Te estamos esperando”, me dijo. Estuvimos hasta las tantas recordando historias de cuando éramos pequeños», se entusiasma Francisco.
Sólo durante este último año en Nueva York esas visitas se habían interrumpido. «Llevaba muchos meses sin aparecer hasta la semana pasada, que murió su tío Gabriel y vino al entierro», apuntan los vecinos. Pero ni siquiera en Nueva York Garzón olvidaba a su pueblo. El curso que se celebra estos días se gestó cuando el juez estaba al otro lado del charco, «en conexión directa Torres, Jaén. Garzón hace patria y quiere que la gente sepa que «entre Mancha Real, Úbeda y Baeza hay un pueblo que se llama Torres. Que no es Torres de Albanchez ni de otras provincias. Que es Torres a secas». Y se siente como en casa, alternando cursos y familia. «Venir a Torres es venir a mi pueblo. Como siempre pero con más público», dijo. Y todos lo aplaudieron al juez. Sólo que algunos lo hacían sonriendo a su tito favorito, o guiñando el ojo a aquel pillo con el que corrieron de niños.

Abogados, jueces y periodistas

Era día de pleno en el juzgado. Habían acudido hasta las teles, que habitualmente sólo pisan un juzgado si van a tiro hecho. La ley de la audiencia (no la de la Audiencia Provincial, sino la de los tíos que están en su casa dormitando con la tele puesta, la ley de de las familias que comen frente al televisor), más dura aún que el Código Penal. No era para menos: un viejo británico afincado en Cazorla, que completaba su pensión dando clases de inglés, estaba acusado de abusos sexuales contra varios de sus alumnos, a los que sometía a tocamientos. Como había muchos chicos implicados, a aquel hijo de la Gran Bretaña le pedían un carretón de años de cárcel. Llevaba yo cuatro días como cronista de tribunales y recuerdo bien aquel caso. Los recuerdos se imprimen mejor en las almas cándidas que en los pellejos ya bien curtidos. Ese día aprendí que las ideas que tenía preconcebidas sobre la Justicia y la pura realidad estaban a un buen trecho. Y que en las lindes de la ley, son el sentido común y un buen abogado los que le pueden salvar a uno el chaleco cuando hasta las ratas han abandonado el barco y el enterrador ya ha tomado, a ojo, las medidas para el ataúd que hará tras la balacera.

Ahí estaba yo con mi libretilla, en un rincón frente a la puerta de la sala de vistas de los penales. La de abajo. En un palmo de terreno estaban el acusado, los niños, los padres, uno de Fuerte del Rey que buscaba el registro civil, dos pikikis que iban de testigos a otro juicio, y ciento y uno más, todos mezclados y sin que nadie se tomara la molestia de separar a acusadores y acusados, pero sin que a todo esto se escapasen mamporros o insultos, lo que no dejaba de ser milagroso. No hay administración menos considerada con el contribuyente que la de Justicia. Aún no he visto a nadie pedir disculpas por un juicio que se retrasa hora y media sobre la hora señalada, o que se suspende por no haber citado bien a los testigos. A veces me pregunto si un juzgado tiene libro de reclamaciones y si alguien lo ha usado alguna vez. Ya veo los titulares. Pero la desconsideración con la que se trata a los ciudadanos que se prestan a colaborar con la Justicia, con los profesionales que intervienen en un proceso y con cualquier ciudadano que quiera ejercer su derecho de asistir a una vista pública es increíble. Todos los días. El decano Carazo amagó hará ya cuatro o cinco años con una escandalera, pero se quedó en agua de borrajas. Y ya casi nadie protesta. Se acepta y punto.

Pero aquel día del viejo inglés tocaba mirar, oír y callar. Había mucho trajín de abogados, muy solemnes todos con sus togas, entrando y saliendo, charloteando, hablándose a la oreja, poniendo cara de póker, haciendo mueca como de mucho esfuerzo, tocándose la frente, meditabundos y febriles, estrechándose las manos. Los clientes formaban corro en torno a ellos, que gesticulaban y se atusaban los bordados del puño de la toga. Los periodistas intentábamos meter la oreja. Al rato comenzó a escucharse un run-run: acuerdo. Acuerdo. Todo el mundo decía esa palabra: acuerdo. Y todos se miraban satisfechos. Salvo algunos padres que bajaban la cabeza y escondían la mirada.

El viejo inglés admitió que le metía mano a los niños. Se declaró culpable. Las familias de los niños renunciaban a pedir que fuera a la cárcel. A cambio, recibirían un sustancioso cheque del abuelo. El fiscal se encogió de hombros y aplicó la vieja máxima de que nadie defiende mejor sus intereses que uno mismo, y que si las familias se retiraban él no iba a partirse la cara por nadie. La verdad es que yo no acababa de entender a aquellos padres que aceptaban dinero a cambio de que el hombre que abusó de sus hijos no fuera a la cárcel. Después he visto conformidades aún más inverosímiles.

Muchas veces he dicho que la Justicia tiene razones que la razón no entiende. Ahí está el problema. Que no se entienda. En que de puertas para fuera, para el común de los mortales, hay muchas cosas que se cuecen en un tribunal de Justicia que no tienen explicación. Que cuesta entender. Que se prestan a la demagogia. A que se opine de ellas no desde la razón, sino desde las tripas: el atracador que queda en libertad tras su tercera detención en pocos días, la madre que es condenada por regañar a su hijo y darle un pescozón, el que le tirén a uno el chalé y al vecino de al lado no, que le pegue uno a su mujer trece hachazos y no le agraven la condena por ensañamiento, que un tío se pase cuatro días en la cárcel por una denuncia falsa de malos tratos y el Fiscal no la emplume a ella por falso testimonio…Es peligroso. Si se habla de Justicia, que no se entienda es peligroso. Porque deja de percibirse como Justicia. De la Justicia puede decirse lo mismo que de la mujer del César, que no sólo tiene que ser virtuosa sino además parecerlo. Y hay veces en que la Justicia parece un zorrón.

El abogado tiene ahí un papel importante que jugar en defensa de los intereses de su cliente. No sólo puede conseguir para él la mejor solución jurídica, el trato más favorable para su posición ante el tribunal, el acuerdo más ventajoso. Puede, además, explicarlo. Dar los motivos jurídicos y humanos por los que se ha llegado a ese final, por los que se ha tomado esa decisión.

Aún son muchos los abogados que dicen, por norma, que no hablan con la prensa. Hay también jueces que prefieren vivir en su burbuja de autos, togas, su señoría por aquí y con la venia por allá. Ilusos. Aún no han entendido que si el caso que se traen entre manos es realmente interesante lo más fácil es que acabe siendo publicado en un medio. A lo que están renunciando es a ofrecer su versión de los hechos. A dar sus razones. A que su cliente explique por qué lo acusan, o por qué acusa. Otros lo harán por ellos. Luego querrán rectificaciones, sus clientes les llamarán furiosos y tendrán que reaccionar a posteriori. Cuando podrían haber obtenido una posición estratégica mucho más favorable no ya para ellos, sino para quienes representan, de haber gestionado mejor la información. ­“Debe usted disculparme, pero yo por norma nunca hablo con los medios de comunicación”, suelen decir. Es una respuesta que aún me encuentro de forma recurrente.

Por el contrario, cada vez más letrados entienden las normas del juego. No los considero abogados mediáticos. Creo que son eficaces en la defensa de los intereses de su cliente. Les guste o no les guste, la prensa va a informar. Renunciar a jugar esa partida para limitarse a la toga es dejar coja la defensa de su cliente, que vaya o no a la cárcel, salga absuelto o condenado, va a volver a pasearse por su pueblo y a saludar a sus vecinos. Y sus vecinos no leen las sentencias. Pero sí los periódicos.

Otros agentes del mundo judicial en Jaén también operan ya de acuerdo a criterios de más transparencia. La Fiscalía está siendo, sin duda, la abanderada. El día en que la Audiencia aumentó la pena de prisión a la madre de Pozo Alcón que le dio un bofetón a su hijo, quien se puso delante de las cámaras a explicar el fallo de la Justicia (un plato que no era precisamente de gusto, porque era difícilmente explicable) no fue ningún magistrado, sino el fiscal jefe José María Casado. En el día a día, la transparencia informativa de la Fiscalía ha supuesto un soplo de aire fresco para el mundo de la Justicia en la provincia.

Muchos magistrados también lo entienden ya así. Hay quien incluso ante una decisión técnicamente difícil de entender no duda en ponerse en medio de un corro de periodistas y explicar quién ha hecho qué y por qué. Otros (y algún secretario) aún echan a los periodistas de su juzgado (del edificio si hace falta, a la calle) si están tomando declaración a algún detenido y ven a los redactores por allí. Directamente no hablan con un periodista que les pregunta sobre algún asunto, aunque no haya secreto de sumario alguno. No digo ya que eviten entrar en profundidades. Es que lo único que no niegan son los buenos días. Aparte de eso, ni agua.

A veces me pregunto qué haría hoy si me viese otra vez con mi libretilla en la puerta de los penales, en un juicio a un viejo hijo de la Gran Bretaña por meterle mano a unos niños. Y si las partes llegaran a un acuerdo económico para zanjar el caso. Creo que llegaría a entender al acusado, que salva el pellejo gracias a un buen abogado y a un fajo de billetes. Pero me gustaría entender también a la víctima, casi siempre la gran olvidada de un proceso penal. En el tribunal y en la prensa.

(Artículo publicado en la revista Bajo Estrados, del Colegio Oficial de Abogados de Jaén)

El brujo Kalifa

“La consulta son 30 euros. Después, si hay que hacer un trabajo, ya veremos”. El profesor Kalifa al aparato. Es el hombre de moda en Jaén, más todavia que Felipe López, después de que en lo últimos días no haya dejado coche sin su tarjeta en el parabrisas, ni buzón sin su propaganda. “Si quieres venir tienes que concertar cita, hay mucha gente que está viniendo”, me dice. Qué tío, el profesor Kalifa.

“Vidente, medium, curandero, especialista en los problemas del amor. Poderoso mago con más de 30 años de experiencia en todos los campos de la alta magia, heredado de sus antepasados. Viene de la nación más conocedora del budú en el desierto africano, ha resuelto miles de casos difíciles en todo el mundo”. El brujo Kalifa vale lo mismo para un roto que para un descosío: “Trabajo, suerte, amor, salud, adelgazar, impotencia sexual, protección de la familia, atracción de clientes a los negocios, protección contra todo tipo de males”. Un tío con recursos: “Tiene los espíritus mágicos más rápidos que existen en toda clase de magia espiritual y poderosa”. ¿Qué no le viene bien acercarse a la calle Bilbao, en el barrio de Peñamefécit, donde el brujo Kalifa practica su magia? “También acepto trabajo por correspondencia”.

Cucha tú el brujo Kalifa, qué bueno es, repartiendo sus dones por el mundo por el módico precio de 30 euros. El año que viene, que le den una bandera de la Junta el 28-F, por buena persona, y que le pongan una paguilla, que ya es mérito para una persona con sus poderes que ande por Peñamefécit trabajando, en vez de estar forrado y ricachón, haciendo vudú sólo por fardar, y no para comer.

La publicidad del brujo Kalifa y sus magias me trae a la memoria un par de historias policiales (de los tiempos del comisario Justo Aguilera, si no me equivoco) en las que videntes de habilidades similiares cometieron estafas sonadas, con algunos miles de euros de por medio. Personas especialmente necesitadas que pusieron una buena cantidad de dinero en manos de videntes africanos o brasileños que la única magia que hicieron fue desaparecer, dejándolos con su problema intacto pero sin un euro en el banco. En uno de los casos, incluso, hubo agentes de policía que visitaron a los videntes (piso céntrico, alquiler por adelantado pagado a tocateja) como si fueran clientes, para ir recabando información, y los tenían ya casi cogidos cuando debieron de olerse algo y pusieron tierra de por medio.

Seguramente el brujo Kalifa sea un tío extraordinario con grandes poderes, o puede que se haya quedado jornalero de la magia de tres al cuarto pero honrado a carta cabal. Pero a mi todas estas historias de videntes me suenan a engañifas que escarban en la desesperanza de la gente. En sus miserias más íntimas, hasta el punto de llegar por el corazón o la bragueta hasta el bolsillo. Más que brujería, picaresca de la de toda la vida.

"Siempre nos toca a los pobres"

Los vecinos del bloque 11 del sector 8 del Valle sacan esta mañana sus pertenencias de sus pisos. Casi ninguna vivienda tiene puertas más arriba del tercero, donde se originó el fuego. Se han quemado. El hueco de la escalera se convirtió durante muchos minutos en un horno, con vecinos atrapados. “Pasamos mucho miedo hasta que nos sacaron los bomberos”, explican. La mayoría, salvo 17 personas de seis familias alojados en el albergue, pasó la noche en casa de familiares. La Policía ha vigilado el inmueble toda la noche para evitar el pillaje, y un agente de la Policía Local controla que al bloque sólo entren los vecinos. “Que nadie diga que ésto es un bloque conflictivo. Aquí vivimos trabajadores. Siempre nos toca a los pobres”, lamentaba una señora al salir de su vivienda. Y mira al cielo, donde suena música de Camarón que se escapa a través de la ventana abierta de un piso del bloque de al lado. Ella se va a casa de su hija. Como la mayoría, ha recurrido a parientes. No se sabe cuando podrán volver a sus casas. El bloque no es habitable. Aunque salvo en unos pocos inmuebles los daños materiales han sido escasos (el 3º D, donde se originó el incendio, está carbonizado casi por completo), no hay electricidad y habrá que cambiar todo el cableado. No es cosa de un día.

Los heridos mejoran. Siguen en el hospital una mujer de 101 años y un bombero, pero estables. El resto de los 13 heridos está ya en su casa. Bueno, en casa de algún familiar.