Lágrimas en un bolso

La tragedia de Peal de Becerro, con tres jóvenes fallecidos el domingo, aún me conmueve. Me cuentan hoy una historia de esas que te dejan la piel de gallina y un nudo en la garganta. Una historia de esperanzas y mazazos directos al corazón.

En el coche que conducía Raquel, de 19 años, había un bolso. En el bolso una cartera. En la cartera, documentos. No eran de Raquel. Eran de una amiga. Se los había dejado por la noche. Tras el accidente, encuentran en bolso. Y los documentos. Cuando las primeras noticias del accidente llegan a Peal de Becerro, a la joven que se da por fallecida no es a Raquel, sino a su amiga, que (me cuentan) se había quedado a dormir en casa de otra chica. Hasta que la localizaron, su familia vivió minutos de angustia, de conmoción. Casi con la certeza de que la habían perdido.

Mientras, a la casa de Raquel también había llegado la noticia del accidente. Pero decían que la fallecida era una amiga. Raquel no estaba en casa. Su familia la buscó, pensando que se había quedado a dormir fuera. Con el pellizco de que a una amiga le había ocurrido una desgracia.

Luego la confusión se aclaró. La cara y la cruz del destino, en un bolso.

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