Turismo sostenible

Vaya gala la del turismo andaluz en Baeza. Como las de antes. Las de antes de la crisis, digo. De alto copete: sopranos y mezzosopranos, la sorpresa de Pasión Vega (impresionante la malagueña, que embelesó a delegados y consejeros sentados en primera fila con un ramillete de flores y coplas), y ágape como los que no se recordaban desde hacía tiempo servido por Vandelvira. Hasta regalito hubo, que ya no se ve en ninguna parte. Una botella de aceite (diseño de ánfora) de La Laguna. Para que todo quede en casa baezana.

Tuvo el consejero Luciano Alonso muchos guiños con Jaén y con el turismo sostenible. Muchas alabanzas. Más le valdría (al turismo jienense) menos piropos y que cuajase al fíin alguna idea sonada, como el parque de la naturaleza de Cazorla, la puesta en valor (me encanta la expresión ‘poner en valor’ como sinómino de marear la perdiz) de los pantanos, o un plan de promoción serio de Úbeda y Baeza. O lo que sea, vamos, que no está la cosa como para andar exigiendo florituras. Pero algo gordo. Algo de verdad, más allá del chorreíllo de migajas de planes de dinamización y otras zarandajas. Que lo sostenible y los euros no están reñidos, digo yo.

El toque local con la mención a Sebastián Moreno y Santiago Calvo, de Seturja (la apuesta más innovadora en el turismo de Jaén, sin duda), también fue muy bien recibido. Pero la que triunfó de verdad fue Pasión Vega,que puso en pie el auditorio de las ruinas de San Francisco. Aquí dejo la guinda a su actuación. Ojos Verdes, nada menos.

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