Juan Lanzas no existe

-Mira fijamente este péndulo. Respira. Respira hondo. Relaja el cuerpo. Deja la mente en blanco. En blanco. En blanco. Muy bien. Respira. Relaja. Ahora repite conmigo: Juan Lanzas no existe. La Junta colabora con la Justicia. Juan Lanzas no existe. La Junta colabora…

El Régimen ha decidido que Lanzas no existe. Y que colabora. Son ya dogmas de fe. La jueza Ayala, de hecho, es ya medio conversa: ha constatado que Lanzas no existe. Aunque lo de que la Junta colabora no se lo traga todavía, y anda picajosa y con la mosca detrás de la oreja. La jueza Ayala ha desnudado la colaboración de la Junta, y ha dejado a más de uno con las vergüenzas al aire.

La jueza Ayala se estudió los papeles que le dio la Junta, 25.000 folios, ni más ni menos, y no encontró ni una palabra sobre Lanzas, el conseguidor. Por pocas si le da un patatús. En los papeles de la Junta sobre Hitemasa ni lo citan. Ni a él, ni a su mujer ni a su cuñada, pese a que los tres son prejubilados de esta empresa malagueña donde jamás pisaron pero a costa de cuyos parados viven ellos. A ver cómo se come eso. La Junta dice mucho que colabora, pero a la jueza Ayala no le salen las cuentas de los intrusos. Hasta que caiga en la cuenta de que Lanzas no existe. Otra jueza, ésta de Jaén, investiga a Lanzas por desvalijar supuestamente la cooperativa de Albanchez de Mágina. A ver si ahora las dos van a ser cazafantasmas.

La delegada Irene Sabalete se quedó hace dos días al borde del infarto cuando la tropa de Primayor se le presentó a una reunión con Juan Lanzas. Como el dogma es que no existe, debió pensar que estaba viendo a un fantasma, una aparición, un engendro del maligno. Así que suspendió la reunión y se marchó de allí despavorida, no le fueran a echar una foto junto a un ectoplasma.

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Hasta hace cuatro meses Lanzas pisaba rumboso moquetas, susurraba a los oídos, conseguía, medraba, y si le caías en gracia hasta te prejubilaba. Cuentan que en la famosa foto del pleno del Ayuntamiento con el acuerdo de Primayor y Proasegro hasta se requirió expresamente su presencia, junto a su colega Luis García de los Reyes (otro caso fantasmagórico, pues su mujer es la primera prejubilada que reclama por un despido improcedente de la historia de la Seguridad Social española). De aquí a unos años, esa foto estará en el museo de la caras de Belmez, como prueba de la presencia de un fantasma. Y es que realmente Juan Lanzas no existe. Entonces será un fantasma el que desayuna casi a diario en el Batallas. Porque lo cierto es que Juan Lanzas no existe. Y la Junta colabora con la Justicia. Juan Lanzas no existe. La Junta…

No estáis solos

Conocí a Maximiliano y a Isabel una mañana de sol. Nos habíamos citado en la gasolinera de La Salobreja. Ellos ya esperaban. Los reconocí al instante. La tristeza en la mirada, los gestos nerviosos de quien se va a desnudar por primera vez delante de un periodista, de quien se juega sus esperanzas a una carta y con un desconocido. Fuimos a su casa. “Nos vinimos aquí porque Javier quería vivir en una casa”, me dijeron. Javier. Siempre Javier.

Charlamos durante tres o cuatro horas. Ahora pienso que no fue hasta que salí de su casa y asimilé todo lo que había escuchado cuando fui consciente de que ahí había una buena historia que contar. Que no era una paraoia de unos padres desesperados.

He escrito cuatro o cinco artículos sobre el caso, y conozco los detalles jurídicos del tema. Pero lo que no se me va la cabeza es la habitación de Javier. La ropa con la que salió de su casa por última vez, perfectamente doblada junto a la bolsa en la que se la entregaron a los padres. Su beca de la Universidad. Su bufanda del Real Madrid. En la mesita de noche, ‘La sombra del viento’ con el marcador en la última página que leyó. Aún está allí. Sus padres lo mantienen vivo. A los dos días volvía a esa habitación con la fotógrafa Celia Mondéjar. El primer día a mi se me escaparon las lágrimas. Con Celia, los dos salimos con un nudo en la garganta.

El primer día grabé unas imágenes. Viendo que en menos de una semana el grupo de amigos de Javier y de sus padres tiene ya dos mil amigos en Facebook, no me resisto a compartirlas. Un pequeño homenaje a un chaval al que no conocí en vida, pero del me hablan maravillas. Y a unos padres que deben saber que no están solos en su lucha.

Ensañamiento

TVE considera reabierto el debate sobre el ensañamiento después de que un tribunal no apreciase esta circunstancia en el caso de un homicidio con 37 puñaladas. En Jaén vamos a tener en los próximos meses un juicio con el mismo tema de fondo. Un caso además que estremeció a la opinión pública: la muerte de 26 puñaladas de Fernando Jurado (ex secretario general de UCD, empresario fundador de Aguas Sierra de Jaén y abogado). Fiscalía pide una condena de doce años contra el autor confeso del crimen, y considera que fue un homicidio. No hubo ensañamiento, que hubiese elevado el delito a la categoría de asesinato (penado con más de quince años de cárcel).
La definición que hace el Código Penal de ensañamiento difiere de la acepción del término en el lenguaje corriente. Para que un tribunal aprecie ensañamiento se debe haber «aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido». La tesis que defenderá Fiscalía en el juicio es que el acusado, Antonio Q.G. no se propuso hacer sufrir a Jurado, sino que fue a por él, a matarlo, independientemente del número de puñaladas que le dio. De hecho la defensa intentará convencer al tribunal de que sólo fue consciente de las dos o tres primeras, y que fueron esas las que mataron a Fernando. Luego no hay ensañamiento.
Me queda la duda de si serán capaces de hacérselo entender al jurado que tendrá que decidir sobre este caso. Según suelen explicarle jueces y fiscales a los ciudadanos que forman parte de un tribunal popular que deben apoyarse en su sentido común. Y el sentido común dice que 26 puñaladas son ensañamiento. Aunque a veces la Justicia tiene razones que la razón no entiende.

Padres coraje

Llevo ya varios días con la historia de la muerte de Javier Joyanes Castilla. Es una de esas historias que te llegan al alma. Como en la edición digital del periódico no se han publicado los textos íntegros, no me resisto a colgarlos aquí. A mí me ha emocionado escribirlos. Espero que os llegue.

<img title="javier1 por Juan Esteban Poveda, en Flickr" src="javier1” Javier Joyanes en una foto tomada horas antes de su muerte

Unos padre coraje de Jaén desmontan la muerte por accidente de su hijo y logran que la Justicia reabra el caso

-¿Qué haces?
-¿Estás bien, Javier, hijo mío?
-¿Es que no me conoces, mamá?
-Es muy tarde.
¿Es que no puedo llamarte?
-¿Dónde estás?
-Aquí.
¿Dónde es aquí?
-Aquí…
Bippp
La comunicación se cortó. Eran las 4.46 del domingo 7 de septiembre de 2008. La última vez que Maribel Castilla habló con su hijo Javier. El joven, de 27 años y vecino de Entrecaminos (La Guardia) había ido a la boda de un amigo a La Calahorra (Granada). Doce horas después de esta conversación telefónica con su madre, su cadáver fue encontrado en el campo, en una rambla a los pies de un terraplén de cinco metros de altura. Un juzgado de Guadix determinó que había sido un accidente y archivó el caso en un mes. El empeño de Maribel, la madre, y de Maximiliano, el padre, ha llevado a la Justicia a reabrir el caso y a seguir investigando. Ya no se ve tan claro. «No fue un accidente. A mi hijo lo mataron», insisten los padres. Acaban de proponer en el juzgado más pruebas, y esperan que la nueva juez se las autorice. «Aún no hemos podido cerrar el duelo por Javier. No se puede enterrar a un hijo sin saber lo que le ocurrió realmente», lamentan.
Maribel no notó a su hijo bebido en esa última llamada. «Ni nervioso, ni asustado. Estaba normal, muy tranquilo», asegura. Dos años y medio después aún viste de negro. Lleva luto en la mirada, hasta en la última inflexión de la voz que se quiebra a cada instante. Le ha dado mil vueltas a cada una de las palabras de Javier. A cada gesto de sus últimos días. Por eso no le cuadran los informes oficiales. Ni las conclusiones del primer juez. «Dicen cosas que no son propias de cómo era mi hijo. De cómo actuaba. Nada nos cuadra». La investigación emprendida por los “padres coraje” ha encontrado lagunas, zonas oscuras y contradicciones en torno a la muerte de Javier. Incluso han provocado que aparezcan pruebas nuevas. Han entrevistado a testigos. Han luchado contra la incomprensión de muchos. Se han reunido con cuantas autoridades han podido. Han removido cielo y tierra en busca de Justicia. Y gracias a su empeño, dos años y medio después una juez aún mantiene el caso abierto. Y siguen buscando respuestas.
El 6 de octubre de 2008, un mes después de la muerte, un juez ordenó archivar el caso. Se basó en dos informes: uno de la Guardia Civil, que argumentaba que se trataba de una «muerte accidental». Según la hipótesis de los investigadores, Javier salió de la boda cerca de las cinco de la mañana, bastante bebido, y se perdió en el trayecto desde el salón hasta su hotel. Se salió del pueblo por una carretera y decidió volver campo a través, a kilómetro y medio del salón. Iba a oscuras, hablando por el móvil y en un terreno que desconocía. Así que no vio un desnivel de cinco metros sobre una rambla, por el que se precipitó, concluyeron los investigadores.
Según los forenses del Instituto de Medicina Legal, lo mató la caída. En el informe que firman el 11 de septiembre de 2008 dos forenses, se establece que el fuerte golpe de la caída sobre una cadera destrozó al joven. «Esta fractura es de tal intensidad que rompe vasos, provocando una salida de sangre de los mismos», explican. Javier se desangró en una larga agonía, que pudo durar desde las cinco de la madrugada hasta el mediodía siguiente. Según los forenses, un accidente.
Contradicciones
Un médico contratado por los padres dice, sin embargo, que no fue un accidente. El informe pericial establece que «las lesiones se produjeron en otro lugar, y por otro mecanismo, es posible que atropello (…). Después se llevó a la rambla por un lugar accesible, y fue depositado creyendo que estaba muerto». El perito concluye que una caída por la pared junto a la que encontraron el cuerpo de Javier no sería suficiente como para provocar el estallido de la cabeza del fémur, y además no es posible manteniendo el hombro ileso. Además, el cuerpo presenta heridas en el lado derecho, donde se produjo el impacto, y también en el izquierdo, difícilmente explicables con la hipótesis de la caída por el terraplén. Hay sangre en la ropa, pero no se encontraron sobre el terreno más que pequeñas manchas. Y la causa de la muerte fue la pérdida de sangre. En el pelo había tierra roja. La de la rambla es clara. A día de hoy, nuevos informes del Instituto de Medicina Legal ya cuestionan el “accidente”.
Maribel y Maximiliano han comprobado de primera mano las lagunas en la investigación. Cinco días después del hallazgo del cadáver, el día 12 de septiembre de 2008, les permitieron a ellos visitar la zona. En la rambla, a treinta metros de donde apareció el cuerpo, ellos mismo descubrieron dos tarjetas de boda, la carcasa del móvil de Javier y un bolígrafo, que nadie había visto pese a las inspecciones oculares realizadas. ¿Cómo llegaron allí? Tras la caída, Javier no podía andar. Entre el cuerpo y los objetos no hay huellas de haberse arrastrado. Ni una gota de sangre. ¿Levitó el cuerpo entre un punto y otro? La explicación del perito es que lo llevaron entre varios, y que las tarjetas, la carcasa y el boli se cayeron del bolsillo interior de la chaqueta (los exteriores estaban cosidos).
Javier estuvo vivo varias horas tras el impacto, dicen los forenses. ¿No pidió auxilio? ¿No dio ni un grito? La Guardia Civil estableció que nadie pudo oírlo, ya que en las inmediaciones «no vive ni hay morada alguna, únicamente corrales». Sin embargo, a pocos metros del lugar del hallazgo hay una casa habitada. Viven Paco y Cándida, que estaban allí la noche de autos. Han declarado bajo juramento el 19 de septiembre de 2009, un año y doce días después del hallazgo, que «en ningún momento me han preguntado o se ha personado la polícía en mi domicilio para preguntarme».
La persona que encontró el cadáver, Raúl, también ha declarado bajo juramento que ningún policía le preguntó. Otra persona del pueblo que acompañó a los padres cuando encontraron las tarjetas, la carcasa y el bolígrafo también firma bajo juramento que nadie le ha preguntado, y que no había huellas entre el hallazgo y el lugar donde apareció el cuerpo.
En sus informes, la Guardia Civil cita también la declaración de un amigo de Javier (la persona con la que viajó desde Jaén para la boda, y con la que se alojaba en un hostal de La Calahorra), que asegura que bebieron bastante. Pero no tienen en cuenta otra declaración, la de una chica que estuvo flirteando con él durante la boda, que aseguró a los investigadores que Javier no estaba borracho. En la prueba de alcoholemia que se hizo en la autopsia dio 0,7 en sangre.
Tampoco se practicó una diligencia que podría ser determinante: necesariamente Javier tuvo que pasar al salir del salón de bodas por delante de una caja de ahorros. Este establecimiento cuenta con cámaras de seguridad. Una de ellas enfoca una porción de calle. No se pidió la cinta en tiempo y forma. Ya ha sido destruida.
«Cómo esa, se han podido perder muchas pruebas. Sólo queremos que se investigue hasta el final», dicen los padres de Javier. Dispuestos a llegar a donde haga falta.

<img title="javier2 por Juan Esteban Poveda, en Flickr" src="javier2” Maximiliano e Isabel

<img title="DOCU_IDEAL por Juan Esteban Poveda, en Flickr" src="DOCU_IDEAL Lugar donde encontraron el cuerpo

Aquí no se pita

Antes del viernes había circulado un correo invitando a los funcionarios de la Junta a bajar a las once de la mañana a IFEJA. Una excursión en horario de trabajo para pitarle al presidente Griñán. Dieron demasiadas pistas. El viernes por la mañana se encontraron con una sorpresa: les pasaron ‘hojas volantes’. Papelajos que había que firmar para salir, en los que se les recordaba a los funcionarios que la hora del desayuno es de 10,30 a 11,30 (Griñán llegaba a IFEJA a las once y media justo). Controles exhaustivos el viernes. “Todo reglamentario, que pasen esas hojas volantes es excepcional y es mucha casualidad que hagan ésto justo el día que está en Jaén Griñán y cuando está convocada una pitada”, dicen en CSIF, donde consideran que es producto de “los nervios” en la Junta.

A Griñán le pitaron al final doce o quince de los de la Agencia Andaluza del Agua. Son su cruz. Pero la duda que me queda después de todo ésto es cómo será la hora del desayuno de los funcionarios de la Junta hoy. Como toda la vida (vamos, que han hecho lo que les ha salido de los bajos, sin que nadie diga ni pío, con “flexibilidad” que dicen en CSIF), o según reglamento. ¿O es que el reglamento sólo vale cuando viene el presidente? Mejor dicho: ¿es que reglamento sólo vale para que no le piten al presidente?

Actualización: El sábado visitó Jaén José Blanco, que vendió una buena porción de humo (prometió el soterramiento de las vías , pero sin fechas ni dineros concretos sobre la mesa, justo al día siguiente de anunciarse que se reanuda la reparación de la A-44 entre Charcelejo y el Puerto Carretero, obra parada así como dos años). Cómo era sábado, los funcionarios desayunaron en sus casas y después se fueron a pitar, que por lo visto es el deporte de moda en la función pública. Eran pocos (sábado, ya se sabe) pero armaron ruido. Puedes verlo pinchado aquí