De locos

Mal día para ser redactor de sucesos en Jaén. En menos de 24 horas horas, una madre mata a sus dos hijos de 11 y 3 años, investigan si unos padres de Alcaudete, ambos toxicómanos en rehabilitación, causaron la muerte a su bebé de un mes, un hombre es atropellado y está en estado muy grave en Mancha Real, un joven se parte las piernas en un accidente laboral y se confirma que una persona que se precipitó al vacío en Torredelcampo se quitó la vida. Y al amanecer, un hombre le corta el cuello a su madre en Linares.

El parricida de Linares padece una enfermedad mental, según han informado fuentes policiales.  Aunque los dos sucesos que no salen de mi cabeza son los infanticidios. Jaén llora hoy junto a las familias afectadas.

¿Por qué? La única explicación que se antoja razonable es la enajenación. P0r locura. Ruth, la madre, tenía antecedentes médicos por depresión. Tuvo que volverse loca. Pero no siempre es así. No tiene por qué ser así. En el caso de la mujer acusada de asesinar a su bebé recién nacido en mayo pasado en una casa del barrio de San Juan, dos informes forenses indican que estaba en sus cabales y “podía distinguir el bien del mal”. Entonces, ¿por qué? No lo entiendo. No creo que nadie pueda hacerlo. Para volverse loco.

ACTUALIZAICIÓN: En la Avenida de Barcelona de Jaén un hombre cayó desde el tercer piso y resulta malherido. Cayó sobre una marquesina y hay dos heridos, ha informado RNE. Y en Linares, además del parricidio me cuenta Arboledas, cámara de Canal Sur, que ha cazado al director de la sucursal de Linares-Baeza entrando a declarar a Comisaría.

El día que la prensa bautizó una operacion policial

Sería todavía primavera cuando a un miembro de las fuerzas y cuerpos de segurida del Estado le robaron el coche una noche y lo estamparon contra la puerta de un comercio, que amaneció desvalijado. La Policía comenzó a investigar a una banda de chorizos de Jaén. Acababa de nacer la Operación Guapo. Aunque los policías que llevaban el caso aún no lo sabían. Durante todo el verano se sucedieron los robos de coches, los actos de vandalismo en garajes, el recochineo hacia la Policía (pintadas riéndose de la incapacidad de atraparlos) y los robos de naves en toda el área metropolitana de Jaén. Algunas noches la liaron parda. Como cuando embistieron a un patrullero de la Policía Local que les dio el alto. O cuando desvalijaron los coches de un garaje, sobre los que pintaron burlas a la Policía. O cuando robaron un coche y lo tiraron a una charca de riego (en la foto de abajo). Todo eso, aunque nadie lo sabía aún, formaba parte de la Operación Guapo. Durante tres meses, muchos agentes trabajaron en ese operativo aún sin bautizar.

 

Como los delitos de la banda se habían cometido tanto en la jurisdicción de Guardia Civil y Policía, se inició un trabajo conjunto. Debería ser la norma, pero que los cuerpos hermanos y sin embargo amigos trabajen codo con codo no es algo que pase todos los días. Al final cogieron a los malos. A dos de ellos. J.A.G.M., de 27 años de edad, y J.C.F.L., de 20, ambos con «una abultada ficha de antecedentes». Dos rateros de poca monta que llevaban meses riéndose de la ley. Como premio, el juez de guardia los puso en libertad tras escucharlos.

Para vender la piel del oso cazado entre Guardia Civil y Policía, los de prensa de ambos cuerpos fueron a la Subdelegación del Gobierno de Jaén, al servicio de gabinete de prensa, para que se hiciese una nota informando de la investigación. El de prensa abrió un documento Word. Como tenía datos de la GUArdia Civil y de la POlicía nombró el documento como Operación GUAPO, escribió los datos y lo mandó a los medios. Llegó a la redacción de IDEAL a media mañana. Redacté la noticia para la web. Me había olvidado de que necesitaba un antetítulo. Tenía el documento ya cerrado y caí en la cuenta del nombre. Operación GUAPO. Me gustó ese nombre. Así que ese fue el subtítulo, pese a que ni en la Policía ni en la Guardia Civil me pudieron explicar el por qué. Al día siguiente, en la edición impresa de otros medios ya salía también esa denominación.

Lo curioso es la Operación Guapo, un nombre que ‘fabricamos’ entre los periodista, es ya el nombre oficial del operativo. Ayer, en una nota con membrete de la Guardia Civil, se puede leer lo que sigue, y que me provocó una carcajada:

“Como continuación a los detenidos del pasado día 09/09/11, en la operación “GUAPO” la cual fue desarrollada conjuntamente entre Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía, a las 09’12 horas día 22 actual, en la localidad de Jaén, fue detenido J.F.C. de 20 años de edad, como presunto autor de tres robos con fuerza, cometidos en tres naves sitas en la Carretera de Torrequebradilla de esta capital y dos delitos de robo de vehículos”.

Imagínate

Cualquier día de estos una asociación de puericultores le da un premio al Ayuntamiento de Jaén por el parque infantil  de la Plaza de los Perfumes. Cada vez que se rompe un cacharrico se lo llevan. No lo arreglan ni lo reponen. Se lo llevan. Así los niños jaeneros pueden jugar con imaginación. Se imaginan que se columpian, que se tiran por el tobogán, que se montan en el balancín. Así se van entrenando para cuando sean mayores, y tengan que imaginarse que trabajan, que salen y entran de Jaén en AVE o que comen caliente tres veces al día. Así que cuando crezcan recordarán con nostalgia y cariño aquel parque-solar, y se dirán para sus adentros: “Gracias, arcarde, por enseñarnos a imaginar”.

Lo de la ruina municipal una veces da risa y otras asco y ganas de llorar. El lunes había teles de media España por la ciudad buscando a la señora que no pudo ir a la boda de su hija porque el ascensor del Ayuntamiento no funciona desde hace meses. Le deben 40.000 euros a la empresa encargada del mantenimiento. Así que no lo ponen en marcha, para menoscabo de los derechos de todos los discapacitados de la ciudad con movilidad reducida.

Lo de los tres millones que se deben a Macrosad es de juzgado de guardia. Repele el ‘y tú más’, con 250 familias de cuidadoras en situaciones de miseria -sí, miseria con todas sus letras- y con 700 familias con personas dependientes que se han quedado tiradas. Mil dramas personales. No creo que haya ninguna duda de dónde está la principal (que no única) responsabilidad. Las urnas dieron una buena bofetada al respecto  el 22-M. Pero digo yo que no alimenta estar todo el día ‘y tú mas, y tú más’. Lo que sacia el estómago son soluciones. No promesas ni reproches.

En la foto de arriba, Ana le pasa el brazo por encima a Manuel. Ana tiene dos hijos. Le deben tres nónimas y media. Algo más de 2.500  euros. Su marido está en paro, con la prestación de 400. Prácticamente viven de la caridad. Manuel, de 84 años, tiene un hijo de 41 años con Síndrome de Down. Su esposa, octogenaria, tiene alzheimer, y aunque le aprobaron la depedencia en enero aún no le han mandado a nadie. Sin Ana está perdido. Otra Ana María me cuenta que están a punto de echarla del piso porque no paga alquiler desde hace meses. Trabaja desde el amanecer hasta la tarde. Pero en vez de ir a la tienda a comprar la comida para ella y sus hijos, va a pedir a Cáritas.  Se le saltan las lágrimas. Y se acuerda de cuando trabajaba y cobraba por ello. Imagínate.

La jueza Alaya, en la distancia corta

     Transcribo íntegramente el relato que me hacen de una sesión de trabajo en el despacho de la juez Alaya, la de los ERE. Una jueza muy minuciosa en lo profesional y, por lo que cuentan, también  en lo que se refiere al cuidado de su imagen (arriba, tres looks distintos de la magistrada)

Desde el despacho de Alaya

El pasado 15 hubo declaraciones en el Juzgado de Alaya. Una juez muy profesional, trabajadora, inteligente, exhaustiva y perfeccionista, a veces demasiado.

 Empezamos a las 10.45, casi sin retraso, y el comienzo fue relativamente sosegado, educado, al menos hasta el primer “no me acuerdo” de Carmen Fontela, la supuesta intrusa de ‘Río Grande’. Frunce de cejas por parte de la magistrada y repetición de la pregunta. Otra vez la misma respuesta: “Es que no me acuerdo, eso pasó en el año 2005…”, repitió. A la tercera, Alaya se crispó, pero Fontela no podía o no quería acordarse de más. Eso sí, refirió varias veces que el comercial de Vitalia Francisco González, su vecino, la engañó cuando la convenció para abrirse una cuenta a nombre de Fontela para cobrar un dinero que supuestamente se le debía a él, consiguiendo además una tarjeta con la que extraía el dinero de la cuenta y se lo apropiaba. Ante ella –dijo– reconoció su mal proceder prometiéndole que en su momento “cargaría con toda la culpa”. Ya veremos, porque de este sujeto que engañó a la vecina que le crió como su propia madre, puede esperarse cualquier cosa. En los pasillos se supo que los hijos de Fontela se la tienen jurada…

 Al término de su declaración (20 páginas) Alaya ordenó a la funcionaria que sacara un borrador por la impresora; cogió un bolígrafo Bic de color rojo y empezó a revisarla. Repasó cada acento omitido, cada frase mal redactada, folio a folio (los 20), con toda la parsimonia del mundo. Y mientras tanto, todos mirando. En ese periodo de tiempo, la concurrencia echó mano de lo que se tenía para pasar el rato: smartphones, ipads y demás artilugios; al interés había dado paso el tedio. Luego, corregida la declaración, extrajo la copia definitiva para firmarla y que fuese leída por la letrada de Carmen Fontela, que también se tomó su tiempo.

 Descanso a las 13.45, pero no para comer; sólo 5 minutos que se convirtieron en 15. A las 14.00, segunda declaración: Carmen García Sánchez, propietaria del restaurante “Río Grande”. Misma forma de tomar declaración. García Sánchez aclara que tomó conocimiento de la tramitación de EREs por sí misma, yendo a preguntar a la autoridad laboral (no especificó si Delegación de Trabajo o Dirección General, ni tampoco nadie le preguntó) y a través de sus asesores laborales (un despacho sevillano). Al primer “no me acuerdo”, mala cara de Alaya; al segundo, apercibimiento. Su abogado interviene y se gana un rapapolvo. También los hechos ocurrieron hacia el 2005, y el hilo conductor se pierde entre palabras como cálculos actuariales, primas y coeficientes. Así no es raro no acordarse. Pero cita también a Francisco González, el vecino de Fontela y comercial de Vitalia, como la persona clave en conseguirle la firma en las copias de la póliza de Río Grande, con quien todas las reuniones preparatorias del ERE. Queda claro que el papel de este hombre se había minusvalorado. Veremos. Hace calor en el despacho… Alaya coge el mando a distancia del aparato de aire acondicionado y el ambiente mejora.

 Acabada su declaración, mismo sistema: se extrae una copia para repasarla (31 folios nada menos), bolígrafo rojo en mano como si fuera una maestra, y va devolviendo los folios corregidos uno por uno a la funcionaria para introducir las modificaciones ordenadas. Eran ya las 16.45. Luego pasa a ser leída por su abogado, el penalista Ignacio Peláez, también con calma… El letrado de la Junta repasa la prensa en su smartphone, otros ya lo habían hecho por la mañana; se oye una conversación de letradas sobre trapos; salidas al baño: “¿Quién tiene la llave?”. Un abogado defensor, con sorna, dice: “Pues ahora nos deberíamos ir todos a comer a ‘Río Grande’” que ha de ser de lo poco que esté abierto ahora”. El Letrado de Manos Limpias asiente e ilustra a la concurrencia: “Allí ponen la mejor ensaladilla rusa de Sevilla”. Había hambre…

 Poco antes de terminar, Alaya se levanta. Estilosa, con un vestido corto de verano, se acerca a su bolso. Parecía que iba a sacar un paquete de pañuelos de papel o su móvil; pero no, extrajo de él un bote de colonia con aplicador tipo spray. De repente, hace un movimiento de cabeza para apartar su melena y se aplica perfume en el cuello. Primero en el lado izquierdo, luego repite el movimiento y se pone en el derecho. Finalmente en las muñecas. Casi tuve que pellizcarme, porque en esos momentos había en el despacho unos 12 abogados, casi todos ellos hombres, que vieron –como yo- lo ocurrido. Ella, ensimismada, a lo suyo, como si allí no hubiera nadie. Devuelve el bote de colonia al bolso y extrae de él un botecito de color rosa, de esos de esmalte para las uñas. “No será capaz de ponerse ahora, aquí, delante de todo el mundo, a pintarse las uñas ¿o sí?”, pensé… Pues ignorando a todos y todo, abrió el pequeño bote y se vio un pincel rosa cuya punta se llevó al labio inferior (era un gloss), aplicándose un poco. Luego, hizo ese gesto típico con los labios para repartirse el carmín de manera uniforme…

 

El culo al aire

El jefe de los cocos andaluces, Carbonero, informa de que le han cascado una multa de 5.400 euros a los nueve miembros del ex comité de empresa de Primayor. Me lo cuenta Mónica Lopera, que lleva cariacontecida de la rueda de prensa. Una carta certificada a cada uno con su ‘receta’ correspondiente. Señal de que tras 63 días de acampada a cara de perro, pitadas a todo socialista que han tenido a tiro (Rubalcaba incluido) y espectáculos diversos, su presencia es ya más que molesta para el régimen. “No tenemos nada que perder porque lo tenemos ya todo perdido”, me dicen cuando me paro con ellos alguna mañana. Ellos son los verdaderos indignados. Padres de familia en la puta calle, que se sienten engañados por los políticos. Algunos llevan detrás una historia laboral que pone los pelos de punta: quebraron con Molina, con Campocarne, con Primayor y cuando los acogían los Ruiz Mateos cariñosos en su regazo (algunos estuvieron merendando una tarde con Don José María padre y la matriarca Doña María Teresa en su casa en Madrid) van los rumasas y quiebran. La multa que les han puesto a los miembros del antiguo comité es por las manifestaciones improvisadas (no autorizadas) y el reparto de octavillas en la vía pública. La sanción se la mandaron a casa de cada uno por correo certificado. Se que el instructor del expediente no sabe que ahora viven en la calle, en una tienda de campaña. Así que la multa no sé yo cómo la van a cobrar. Los pobreticos ya están con el culo al aire.

Por cierto, me asalta la duda de si se puso alguna multa a alguien durante el mes que duró la acampada no autorizada de los indignados del 15-M. O si se ha puesto una multa a alguien en los últimos años en Jaén por manifestaciones no autorizadas. Lo preguntaré.

Actualización: Calahorro (las multas las pone la Subdelegación) ya los quiso crujir en 2009 por un pollo que montaron en 2009, en la celebración institucional del día de la Constitución. Por insultos a Terevé, entonces delegada del Gobierno andaluz. Ese día ‘nos colamos’ en una reunión entre las autoridades. Tolerancia, Fernando, le pidieron.

Aniversarios

Vuelvo al trabajo saturado de informaciones sobre el aniversario del 11-S. El día que cambió nuestras vidas. Hace un par de años pude ver la zona cero. La visita a la capilla de San Pablo, vecina de las torres que quedó milagrosamente en pie y que fue base de operaciones de rescate, me impresionó. Pincha aquí para ver un vídeo.

Esta semana también he recordado otro aniversario triste. El día 7 se cumplieron tres años de la muerte de Javier Joyanes Castilla en extrañas circunstancias en La Calahorra (Granada) a donde fue a la boda de un amigo. Desde marzo pasado he escrito bastante sobre el tema (por ejemplo aquí) . En la página de FB de los padres de Javier, los padres coraje de Jaén, se pide a la Justicia que aclare qué pasó realmente. Las muestras de cariño a Maxi y Maribel, los padres, son incontables.

Lecturas de verano: Zarina con pijama de rayas

‘La casa del propósito especial’ es la versión John Boyne del clásico de Anastasia, la hija menor del zar Nicolás que escapó de los bolcheviques. En la versión del escritor irlandés, autor del ‘Niño del pijama de rayas’, tras fugarse de Rusia vive en Londres una vida gris y ordinaria, y por eso mismo extraordinaria para ella. Una historia clásica, contada con oficio, manejo de los tiempos narrativos y con buen uso ganchos clásicos para mantener el suspense adelantando retazos de información hasta el desenlace final.
Con ‘El niño del pijama de rayas’ Boyne consiguió sorprender y conmover. Después retomó una historia clásica, ‘Motin en la Bounty’, de forma deslumbrante: reinvidicando la figura del capitán Bligh, al que aleja del tópico cruel de hombre cegado por el orgullo y el látigo de ‘Motín a bordo’, película que encumbró a Marlon Brando como el atildado rebelde Flecher Cristian. Boyne destaca la pericia marinera y el coraje del capitán Bligh en una histórica travesía de miles de millas en barca, casi sin agua y sin comida, con los hombres que le fueron fieles tras el motín y la sola ayuda de los instrumentos básicos de navegación y sus conocimientos de las cartas marinas. De nuevo usa el recurso narrativo de contarlo todo a tracés de los ojos de un niño. Una historia de aventuras de primera. El nivel cae notablemente con ‘La casa del propósito especial’. La historia se sostiene por la técnica y la maestría del narrador. Pero ni conmueve, ni emociona ni sorprende.