Qué buenos están los cubalibres

 

Qué buenos están los cubalibres. Sobre todo si los paga otro. Mejor aún: que no los pague nadie. ¡Coño! Que se llene. Es lo que ha desvelado el Ayuntamiento de Jaén que pasó  en un restaurante de la capital allá por los tiempos de la Carmenpuri. Que se pimplaron 468 cubalibres que debían estar ricos de verdad, porque no es que pagase otro. Es que no pagaba nadie. La factura es más que una factura. Es una oda. Un poema. Metáfora pura de la forma en la que han administrado nuestros dineros durante muchos años: primero nos los bebemos. 468 cubalibres nada menos. Como para una boda. Aquí no ha miseria. Y luego, no los pagamos. La anotación de ‘pendiente de cobro’ que se puede leer en la parte superior del papelillo es el verso culminante del disparate. La factura es esclarecedora. Resulta que había  208 cenas. Y después se pusieron a hincharse de whisky, de rones caribeños y de gintonics. A dos por cabeza tocaron, y aún sobraron tickets para que alguno se metiese más entre pecho y espalda. Como además hay muchos tickets de refrescos, hubo quien se tuvo que poner las botas. Los cubatas que paga otro están más ricos que ningunos, pero embriagan como otros cualquiera.

Ninguna fuente municipal aclara en qué evento se produjo la degustación de bebidas espirituosas. Se refirió a ella en un pleno el alcalde del PP, José Enrique Fernández de Moya, para demostrar como se las gastaban PSOE-IU en plena crisis.

Porque en estas que llegó José Enrique. A José Enrique no le gustan los cubalibres. Él es más de leche fresquita. Aunque cuenta la leyenda que una vez se tomó una copa. Fue después de sofocar el alzamiento viejuno en un congreso provincial, allá por los tiempos del telepollo. José Enrique arrasó. “Vamos a tomarnos un cubalibre”, dijo con entusiasmo. Cuando vio las caras de asombro de la concurrencia tuvo dudas. “Se dice así, ¿no?”.
A José Enrique cualquier día de estos va Mariano y le pone una medalla, por austero y español. Así que una factura pediente de cobro por 468 cubalibres, cuando está pasando las de caín para pagar las nónimas, la asistencia a domicilio y las cosas de comer, le ha sabido a cuerno quemado.  En el nuevo Jaén-Esparta, los cubalibres se los paga cada uno.
Puedes ver el documento pinchando abajo la palabra factura

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Victoria pese a los desertores

Magnífico el ambiente en torno a la batalla de las Navas de Tolosa del que se ha podido disfrutar este fin de semana. La mayor recreación que se ha hecho nunca en España de un hecho de armas del Medievo, dicen algunos de los participantes consultados. Se ha podido vivir la Historia estos días en las Navas. Se ha respirado el olor de un campamento mediaval, sus sonidos. Se ha podido compartir vino y comida con veteranos de armas que contaban viejos lances y que esperaban ansiosos al alba para despertar sus aceros otra vez. Se han escuchado otra vez en el desfiladero los gritos de ‘Allauh Akbar’, Alá es el más grande, y los Santiagos, San Jorge y otros vítores de la tropa cristiana. Se ha sentido la tensión previa a la batalla, el estuendo de las armas al chocar, el retumbar del suelo cuando carga la caballería, el lamento de los heridos, los cantos de los vencedores … La Historia. Aunque la conmemoración deja una lección: de la Historia no se aprende, y caemos en los errores una y otra vez.
Hay una historia sobre las Navas que viene al pelo. Cuando los reyes cristianos deciden enfrentarse al Miramamolín de frente y por derecho, una parte de las tropas cristianas volvió grupas. No por miedo, que en otras peores se habían visto. Por codicia. Habían ido a la Cruzada por el botín. No querían una batalla a campo abierto. Querían entrar a saco en Al Aldalus y llevarse cuantas más riquezas mejor. Profesionales de la guerra, a quienes la Historia, la gloria de los reyes y el honor se la traían al pairo. Lo suyo era una empresa, un negocio por cuenta propia.
Pues de la recreación de las Navas también hay quien ha desertado. Profesionales de lo suyo. Invierten dinerales en una Ruta de los Castillos y las Batallas, se gastan los cuartos en carísimas promociones en Londres si hace falta, pero no están cuando más se les necesita y cuando más rentabilidad pueden lograr sin salir de Jaén. Y no aprenden de la Historia, porque les pasó lo mismo cuando el Bicentenario de la batalla de Bailén. Excusas, todas las del mundo. La realidad es que no han querido pelear para que luzca un alcalde de otro signo político. Así que lanzan una cortina de humo para justificarse (son expertos, llámenlo congresos internacionales de andar por casa, otras veces son concursos de ideas cuando la ocasión lo requiere) y escurren el bulto. Ya habrá otra donde tengan su foto. Pero no van a pelear para no obtener el botín y compartir la gloria.

Ojo, que tampoco han estado muy listos en Madrid: ni el Ministerio de Defensa ha hecho ningún esfuerzo para conmemorar uno de los hechos de armas más trascendentes de nuestra Historia. Con la deserción de los políticos (sólo el alcalde de La Carolina, Francisco Gallarín, se ha mojado de verdad) han sido ciudadanos de a pie quienes han puesto las cosas en su sitio: 350 apasionados de la Historia que han llegado desde todas los rincones de España con sus armaduras, sus espadas, sus caballos y sus ilusiones.
La explicación a tanto reparo político puede estar en algo muy comentado entre recreacionistas y visitantes, como es el diseño del contenido del Museo de las Navas de Tolosa de Santa Elena. No sólo porque se considere más o menos flojo, que lo es, sino por el vídeo que se exhibe como colofón de la visita, una oda a la alianza de civilizaciones, al buen rollito (se inauguró en 2009, en pleno Zapaterismo) y a lo políticamente correcto, como si hubiera que pedir perdón por  un museo levantado para conmemorar una batalla que contribuyó a hacernos lo que somos hoy. La Historia es la que es, no la que a uno le interesa (y cito de memoria ‘El lector de Julio Verne’, de Almudena Grandes).
Lo mejor de los actos que culminan el lunes 16 de julio, justo el día del Octavo Centenario de la Batalla, es que han sido un éxito. Podrían haber sido un éxito mayor aún. Cierto. Si todos hubieran arrimado el hombro, claro. Pero creo que el objetivo está cumplido. Le pese a quien le pese. Y pese a las deserciones de los profesionales de lo suyo.

Chorizos y policías

Francisco M.M. , el Curro, de 34 años, sigue dando que hablar tras sumar su detención número 52 esta semana. La jueza del 4 lo puso en la calle a la espera de juicio después de que lo cogiesen otra vez robando un comercio. Tiene el hombre facilidad para dos cosas: una es para reventar persianas de comercios. La otra, para que lo coja la Policía. En abril rondó el selecto club de +50 por la puerta grande, con dos detenciones en menos de 24 horas, y desde entonces ha sumado tres más, por robo y quebrantamiento, y lo que te rondaré morena.  Sus andanzas de chorizo de poca monta (roba cuando le aprieta el mono) han tenido cierta trascendencia, pues llegaron a provocar un cisma entre la Policía y Fiscalía.
Tras una de las muchas veces que Francisco pasó la noche en el calabozo (allá por el invierno pasado) un juez lo puso en libertad con cargos a la espera de juicio. El comisario Salgado (ahora en Marbella) pegó una rajada  acusando a los fiscales de permitir que siguiese en la calle y de faltar a sus obligaciones contra el delito. Una rajada que aún sonroja a muchos policías (por aquello del Estado de Derecho, mayormente) y que hace que el nuevo comisario, Jesús Herranz, tenga que ir por ahí explicando lo mucho que han cambiado las cosas con su llegada.
Vaya que si han cambiado. La ‘patrulla semiestática’  que de jueves a domingo y durante muchos meses estuvo de madrugada clavada ante un conocido local de ocio de Jaén ha desaparecido, y ahora los dos agentes que guardaban puerta allí están patrullando las calles, en busca de chorizos como Francisco M.M., el Curro, al que se volverán a encontrar la próxima vez que apriete el mono. Es el juego eterno de chorizos y policías.