Si los verificadores van a ver a los pikikis les da un soponcio

El arsenal que un par de tipos encapuchados pusieron delante de los verificadores haría que un pikiki de los de toda la vida se partiera de risa.

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Esto es un arsenal pikiki: además de armas de fuego hay cheiras de muelles, de mariposa, automáticas, bastones, estoques … Hay hasta escudos y una alabarda. Y un muestrario de lo que puede conseguir un pikiki bien armado a poco que se empeñe

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En este otro arsenal pikiki hay incluso un arpón de pesca submarina en primer plano, para que no se diga que no tienen variedad en el armamento

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Y este tampoco está mal. Hay hasta un winchester. Es de la guerra con los mallarines.

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En otra redada sobre tráfico de armas en Jaén estuvo implicado el pikiki Armando, que buscaba algo de un calibre especial. Hay armas de guerra, fusiles, metralletas, ametralladoras, y hasta un lanzagranadas en buen uso salió por ahí.

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Así que no vengan esos tíos encapuchados a decir que lo de su foto es un arsenal. Lo suyo es una paparrucha. Más bien habría que mandar a los verificadores a las casas de los pikikis, a ver qué sacan. Aunque lo mismo les da un soponcio, de ver tantas armas juntas.

El país de los falsos peritos

-Buenos días. ¿Es usted el perito del Instituto de Medicina Legal?

-Si.

-Jura o promete despempeñar fielmente su pericia.

-Lo juro.

-La defensa puede preguntar.

-Con la venia, señoría. ¿Es usted el perito que se inventa levantamientos de cadáveres para pasar dietas, el psicólogo sin título que ha estado dos años haciendo informes, el que certificó que una persona que llevaba tiempo muerta estaba además incapacitada o el que acudió a un levantamiento acompañado por su hijo de dos años y procedió sin entrar a la estancia y haciendo que un gaurdia civil le fuera enseñando fotos del muerto, o ninguno de los anteriores? No hace falta que responda. No hay más preguntas. Gracias señoría. El perito puede retirarse.

Todavía no ha pasado, pero cualquier día lo veremos en una sala de vistas. Al tiempo. El caso del falso psicólogo es un cañonazo para el Instituto de Medicina Legal de Jaén. Otro más. Una bofetada para el magnífico trabajo que realizan a diario la inmensa mayoría de sus profesionales, junto a los que hay personajes de sainete, de la España cañí más esperpéntica. Tiene narices que entre los peritos que deben dar fe y elaborar informes sobre cuestiones que pueden enviar a una persona a la cárcel, o decidir sobre la custodia de un menor, se colase Manolo el psicólogo, con menos papeles que una liebre, y que durante más de dos años estuviera pasando consulta y haciendo informes sin tener título de psicólogo ni estar colegiado, por más que el se renombrase como psicopedagogo y doctor en Psicología.

El papelón de la Junta de Andalucía es flojo. Ahora va de agraviada, de engañada. Pero el marrón es de aúpa. La excusa de que ellos contrataron a una empresa y Manolo el psicólogo se la coló a esta empresa no es de recibo. A la que se la colaron hasta las trancas fue a la Junta. Fallaron los controles. Esa es otra. ¿Hay controles? ¿Cuánto se le ha pagado a esa empresa? ¿400.000 euros? ¿Más? ¿Menos? ¿Cómo se eligió a esa empresa? ¿Quién es el dueño? Aún hay muchas explicaciones que dar. Pero el ridículo es importante.

La cuestión de fondo es el descrédito de las instituciones. Las tenemos arrastradas. Pobreticas. No me refiero ya a sucesos cuasi-paranormales, como que de 200 aspirantes a policía local en La Carolina los tres mejores candidatos sean familiares de señalados dirigentes del PP, que tiene guasa. Eso ya ni asombra ni espanta. En una tierra donde la Junta se niega a dar datos de más de 20.000 empledos de la administración paralela sin que nadie se le caiga la cara de vergüenza, tres enchufados más o menos ya qué más dan. No hablo tampoco de las cuentas en Suiza, o del saqueo sistemático de Andalucía con el reparto partidista de millones de euros en subvenciones como se evidencia en los casos ERE e Invercaria. Con el descrédito de las instituciones me refiero a cosas más serias. A cosas como que una sentencia firme de hace unos meses pusiese en solfa la labor de dos notarios, en el caso de Juana Vacas. A que un forense certifique que ha visitado a una paciente y que confirma que está incapacitada, cuando está muerta. ¿Es que no funciona ya nada? Mal vamos. Si no te puedes fiar ya ni de los notarios ni de los peritos forenses, estás apañado. Que nada te extrañe ya, pues vives en el país de los falsos peritos. Cosas veredes, amigo Sancho.

Los linces y la mala gente

Agentes de Medio Ambiente encontraron muerta días atrás a Jamila, una lince que fue liberada hace menos de un mes en la zona de Vilches. La habían matado a palos. Seguramente entró en una explotación, causó destrozos, la sorprendieron y la golpearon. Alguien muy mala gente ha acabado con ella a palos”, ha llegado a decir el delegado de Medio Ambiente en Jaén, Julio Millán, en Twitter. Los ecologistas de WWF denuncian que cazadores furtivos están acabando con linces en la provincia de Jaén, y critican la “falta de iniciativa” de la Benemérita en la zona del Guarrizas, a pesar de que “en la zona de Doñana se toman muy en serio estos temas”, aseguran. La acusación de los ecologistas está poco fundamentanda, seguramente por hablar sin conocimiento directo de lo que ocurre cuando aparece un lince muerto en Jaén.

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A Jamila, que llevaba un radiotransmisor, la encontraron agentes de la Junta en el cruce de Hortalanca, cerca de Vilches. La embolsaron, mandaron el cuerpo a Málaga a hacer la necropsia y después avisaron al Seprona de la Guardia Civil, al que remitieron los resultados forenses que confirmaban la muerte por traumatismos severos. No es la primera vez que ocurre. Pero, ¿es el procedimiento correcto? Seguramente no si se quiere atrapar al que ha matado al lince. Parece poco sensato si se encuentra el cadáver de un animal en peligro crítico de extinción (cuya muerte intencionada es delito) no avisar inmediatamente a la policía judicial con competencias para esclarecer este tipo de hechos. En este caso, al Seprona. Antes de tocar nada, antes de mover el cuerpo, antes de pisotear el terreno y destruir pruebas, parece lógico que los agentes especializados en instruir diligencias por este tipo de hechos echen un vistazo. Sin embargo, se les avisa a posteriori, muchas horas después (incluso días después) del hallazgo.

Hay un detalle ha tener en cuenta: alterar el escenario de un delito de forma que se pierdan pruebas y se borren huellas es delito, y un agente de la autoridad podría abrir diligencias por un supuesto delito de obstrucción a la Justicia. Así que mucho ojo, porque hay quien está ya quemado por lo que está sucediendo. 

Nadie puede poner en duda el esfuerzo de la Guardia Civil en Jaén por el lince. Son muchas horas de apostadero, muchos controles contra los furtivos, muchas noches en el monte en las zonas donde se ha reintroducido la especie. Mucho trabajo para que ahora se les ponga en tela de juicio.

ACTUALIZACIÓN: Desde la Junta se precisa que los agentes de Medio Ambiente también tienen carácter de Policía Judicial, con competencias para averiguar los delitos públicos, practicar las diligencias necesarias para comprobarlos y descubrir a los delincuentes y recoger pruebas.

La foto es de Jamila, la última lince muerta en Jaén. La tomaron el día que fue liberada y la subió a su cuenta de Twitter el delegado en Jaén de Medio Ambiente, Julio Millán