El ‘mandamás’ de la toga

En noviembre de 2008 escribí este perfil de Pío Aguirre Zamorano, hoy galardonado con la Gran Cruz de San Ramimundo de Peñafort. Ahora, tras los cinco años que el magistrado ha pasado en el Consejo General del Poder Judicial y su vuelta a la Audiencia de Jaén, me parece oportuno recordarlo. Lo comparto con el mismo entusiasmo con el que lo escribí hace un lustro.

 

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EN s su último paso por Jaén, el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Augusto Méndez de Lugo, se refirió a Pío Aguirre Zamorano como «el mandamás» de la Audiencia Provincial. Pocos meses después, Pío Aguirre, don Pío para el “todo Jaén”, era elegido vocal del Consejo General del Poder Judicial, puesto al que aspiraba desde 2006 por la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura. Su multitudinaria despedida de Jaén -con una comida con cuatrocientos comensales- dan fe del halo que lo rodea. En círculos judiciales prácticamente nadie duda de que de no haber accedido a esta vocalía, habría conseguido con facilidad un tercer mandato en la presidencia de la Audiencia, cargo que ha ocupado desde el 26 de julio de 1999.
Aguirre Zamorano creció en el Jaén del desarrollismo como hijo de una eminencia, el médico ginecólogo Pío Aguirre Rodríguez (fallecido en 2005), quien, en palabras del doctor José María Sillero, «desde su modestia, jamás presumió de nada y fue, sin duda alguna, un médico excelente, una verdadera institución y una figura histórica de la medicina jienense durante la segunda mitad del siglo XX».
A Pío hijo, sin embargo, nunca le tiró la medicina. Tenía espíritu de jurista. Se matrículo en Derecho. Él mismo ha contado que nunca había pensado hacerse juez. Pero estudió las oposiciones. Y aprobó. A la primera. Con 25 años ya vestía la toga y dictaba sentencias.
Tras los años de rodaje, primero fuera de Jaén, luego ya en la provincia donde ha desarrollado hasta ahora toda su carrera, ganó experiencia. En 1989 se encontró con un puesto que lo marcó: juez de menores. Allí estuvo diez años. De allí a la Audiencia, en cuya presidencia relevó en 1999 a Luis García-Valdecasas.
Relaciones públicas
Pío Aguirre es animal político. Se mueve fácil en ese terreno, gracias a unas dotes innatas para las relaciones públicas. Durante años tuvo incluso que imponerse un disciplinado horario en casa para dictar las sentencias, porque el trasiego en su despacho de la Audiencia -siempre en penumbra y atestado de papeles y olor a tabaco negro- no le concedía el sosiego suficiente. Con ese trajín y su eficacia en la Audiencia -hoy, con datos objetivos en la mano, una de las mejores de toda España- logró las credenciales para ser presidente andaluz y vicepresidente nacional de la APM, juez decano y miembro de la Sala de Gobierno del TSJA, entre otros cargos “políticos” de la carrera judicial.
2004 fue uno de sus grandes años. En abril le impusieron la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort. En julio, resultó reelegido presidente de la Audiencia Provincial. Si en la primera ocasión tuvo que competir con Fernando Bermúdez, para la segunda no hubo ningún otro candidato. Ya era el “mandamás”.
Aspiraciones
Hasta entonces, Aguirre se había hartado de decir que presidir la Audiencia era lo máximo. «Presidir la Justicia en tu tierra, donde vive tu familia y tus amigos, es una gran satisfacción. No creo que exista otra mejor», dijo ese mismo 2004.
Sin embargo, en 2006 presentó su candidatura al Consejo General del Poder Judicial, atascada hasta este mismo año por el bloqueo político a la renovación del gobierno de los jueces.
En la Justicia andaluza, Pío deja admiradores, por no decir rendidos enamorados, de su forma de ser: «Te quiero, te quiero, te quiero», le declaró Méndez de Lugo el uno de abril de 2004, después de imponerle la Cruz de San Raimundo.