Premios de Periodismo de la Diputación

La Diputación Provincial de Jaén entrega sus premios anuales de periodismo a Ser Deportivos de Eduardo Oliver, a la web Orgullosos de Jaén de Carlos Rísquez y Elena Lara, y al fotógrafo Francis J. Cano, con quien he tenido el honor de trabajar muchos años. El reconocimiento es por un reportaje publicado “en el periódico IDEAL Jaén sobre el oleoturismo, concretamente, protagonizado por un grupo de viajeros noruegos que conocieron de primera mano el trabajo de la recogida de la aceituna”, explica la Diputación. En realidad el reportaje no se publicó solo en el IDEAL en sus ediciones de Jaén, Granada y Almería, sino que apareció en todos los periódicos regionales del grupo Vocento insertado en tres páginas del suplemento V.  Era el  12 de diciembre de 2013 y fue portada en la mayoría de los diarios del grupo. Aquí reproduzco una de las imágenes.

 

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No me resisto a compartir también el texto que acompañaba a las fotos de Francis.

Viaje al alma del aceite

El oleoturismo comienza a abrirse camino en provincias olivareras como Jaén, a semejanza de lo que ocurre en el mundo del vino

El sol de noviembre sonroja a Lise Margarithe Fahre Fon, que se afana cogiendo aceitunas a mano junto a José y José Luis. Ellos son aceituneros andaluces, jornaleros de toda la vida. Ella es noruega. Una viajera que busca el alma del aceite. Están en el cortijo Virgen de los Milagros, al pie de Sierra Mágina, en Jaén, en el corazón de un bosque de sesenta millones de olivos. En esa finca la empresa Monva produce algunos de los mejores aceites del mundo, premiados en Pekín o Nueva York, una finca que, desde este año, está abierta al turismo. Los tajos de los aceituneros y las almazaras comienzan a abrirse a los visitantes. En Jaén, donde ya se recoge una cosecha de la que saldrá casi la cuarta parte del aceite de oliva de todo el mundo, es, sin embargo, algo nuevo, de hace apenas un par de años. «El oleoturismo debe ser una vía de ingresos a medio plazo. Tenemos el ejemplo del enoturismo en La Rioja. Empezó poco a poco y ahora es toda una industria. Ese es el ejemplo a seguir», asegura Luis Montávez Vañó, de familia de aceiteros. Los jornaleros José y José Luis las manos romas y encallecidas, la cara curtida no pueden evitar una sonrisa maliciosa. «Ahora pagan por venir a coger aceituna, lo que hay que ver», bromean.
«Oil is trending, es tendencia», asegura la noruega Lise Margarithe, con la cara encendida por el sol y el esfuerzo. Aparta de su rostro un mechón rubio intenso, algo exótico en una cuadrilla de aceituneros. El idilio de Lise con el aceite comenzó hace cinco años. Fue en un restaurante de Suecia. Le enamoró el sabor de un plato, un toque misterioso para un paladar noruego. Le pidió al maître el secreto. Aceite de oliva. Pidió probarlo. «Fue una explosión, una sensación que me impactó. Me enamoró», explica.
El camino desde aquel flechazo en Suecia hasta el cortijo Virgen de los Milagros recorre miles de kilómetros. Lise Margarithe viaja por España, Grecia e Italia junto a Siri Jarnfeldt, ilustradora, y John Lerskan, fotógrafo. Juntos acaban de publicar el primer libro en noruego sobre la cultura del aceite. «Hay magia y poesía en el aceite y el olivar. No es solo el sabor. Es la cultura. El pasear entre árboles centenarios, el saber que han estado con nosotros durante milenios, tener conciencia de que es un árbol sagrado, que nos alimenta y que nos da salud, que lo podemos usar hasta para hacer cosméticos», explica Lise Margarithe. John también ve la poesía al fotografiar olivos. «El color, la forma, las luces en el campo… Es una belleza. El único árbol plateado del mundo», resume. Ellos son la avanzadilla, los iniciados. Pero tienen claro que detrás de ellos vendrán más. «El aceite es ‘fashion’ en Europa y en los países escandinavos. Buena parte de la población se preocupa por tener una alimentación saludable, y el aceite de oliva es clave. Hay ya una decena de tiendas especializadas en Oslo. La cultura del aceite interesa, y habrá turistas dispuestos a conocer esto», indican entusiasmados.
Almazaras, nuevos tiempos
A menos de treinta kilómetros del cortijo Virgen de los Milagros, en Begíjar, Fátima y Nuria visitan la almazara San Francisco. «Hemos venido a una fábrica de aceite igual que en una zona de vino vamos a una bodega», aseguran. Manuel Jiménez, uno de los hermanos propietarios, las inicia en sus secretos. Hoy toca explicar en castellano, porque las turistas son de Ávila. Pero la visita también se hace en inglés y francés. Es la primera almazara que se abrió al turismo en Jaén. Esta será su tercera campaña. Empiezan a ver negocio. «El primer año tuvimos unos 450 visitantes. El segundo llegamos a los 1.600. Y este año ya superamos los 2.000 y aún nos queda toda la campaña», asegura José, el otro hermano que dirige el negocio. A sus proveedores habituales se han sumado ahora hoteles, touroperadores, oficinas de turismo y todo un universo hasta ahora ajeno al olivar.
En la almazara San Francisco se puede ver claramente cómo ha cambiado el negocio del aceite en los últimos años. Más que en veinte siglos. Aún se puede visitar la vieja fábrica de fundición, con capazos, donde extraían el aceite por presión. Ahora la aceituna molida se centrifuga. Las fábricas son de acero inoxidable, certificadas con normas de calidad. Y los olivareros jienenses, que han vendido toda la vida a granel, envasan sus propias marcas. La familia Jiménez ya está vendiendo el primer aceite de este año, con aceitunas verdes de sabor intensísimo. Y enseñan cómo lo hacen y cómo disfrutarlo. En las almazaras turísticas se consiguen a buen precio aceites exclusivos, producciones difíciles de encontrar fuera de los restringidos circuitos gourmet.
«Para quienes venimos del norte, de zonas donde no hay olivos, es muy interesante ver cómo se produce el aceite. Se sabe que es un producto de calidad, pero la visita nos ha sorprendido al ver con qué cuidado lo fabrican», dicen las turistas abulenses. Tras enseñarles la almazara se les ofrece una cata, donde muestran a los visitantes cómo desentrañar los secretos del oro líquido, cómo a través del olfato un buen aceite transporta a campos de hierba verde recién cortada, a sabores antiguos de tomate o alcachofa, a sensaciones que están incrustadas en el ADN del Mediterráneo. Hay ya más de una docena de almazaras que ofrecen visitas guiadas, reciben grupos, llevan a la gente al campo para que por la mañana cojan aceitunas y, por la tarde, vean cómo sale el aceite de esos mismos frutos. Combinan la visita con degustaciones gastronómicas o spas especializados en tratamientos con aceite… «El primer día que llegó un autobús con turistas chinos la gente del pueblo (sus 2.500 habitantes viven casi en exclusiva del olivo) se vino a la puerta de la fábrica a verlos, como si fuera un espectáculo. En este pueblo nunca se habían visto turistas», bromean los Jiménez.
Las tres visitantes abulenses dan una idea del perfil del turista del aceite: de unos cuarenta años, una es médica y dos, informáticas, interesadas en temas de salud y en turismo cultural. «Pero llega gente de todos los perfiles y de todos los rincones de España. Gente que viene a Jaén expresamente a ver la almazara», dice José Jiménez. En el libro de visitas hay firmas de todas las provincias. Muchos vascos, asturianos, castellanos, levantinos… Pero también de Australia, Singapur, China, México, Bélgica, Francia…
«Hace un año solo se encontraban en internet ofertas de turismo y aceite en el sur de Francia, Italia y algo en Cataluña. Este año hemos empezado a ver oferta en Jaén. Y no hay otro paisaje de olivar como éste en todo el mundo», dicen Lise Margarithe, Siri y John, los tres noruegos que recorren la provincia. El oleoturismo despega en Cataluña, en Extremadura, en Toledo, en Córdoba. Pero en ningún lugar ha habido una eclosión similar a ésta.
Dormir en el mar de olivos
La Diputación jienense ha hecho bandera de la idea en eventos como el World Travel Market de Londres, celebrado este otoño. Y ha creado un producto turístico: el ÓleoTour. «Un viaje a la esencia de la cultura del aceite de oliva», dice la información del proyecto. Una esencia que se conoce viendo y comiendo en almazaras, pero también sumergiéndose en spas que ofrecen masajes manuales o con piedras volcánicas que se deslizan sobre el cuerpo untado de aceite de oliva, un producto que hidrata, nutre y cicatriza. O durmiendo en cortijos que son islas en el mar de olivos, recorriendo museos ….
Entre las empresas acreditadas en el proyecto ÓleoTour figuran cuatro spas, cinco alojamientos singulares en su mayor parte, cortijos, tres oleotecas (tiendas especializadas en el aceite de oliva), cinco empresas de cosméticos, ocho firmas de servicios turísticos, quince almazaras visitables, 24 restaurantes, cuatro sociedades de cata, tres museos y centros de interpretación y cuatro cortijos acondicionados para eventos sociales. «Queremos ofrecer una apasionante aventura en la que invitar a nuestros visitantes a conocer cómo se produce el aceite, a distinguir sus sabores y sus posibilidades culinarias, a disfrutar de un paisaje único y a descubrir sus beneficios para la salud y la belleza», explica Francisco Reyes, presidente de la Diputación, quien asegura que este tipo de turismo «nos puede dar una nueva cosecha distinta a la tradicional». Una cosecha de viajeros que buscan el alma del aceite.

En memoria de Francisco Cano, asesinado por ETA hace 14 años

Hoy se cumplen 14 años de la muerte de Francisco Cano Consuegra, natural de La Carolina, hijo de emigrantes y que era concejal del PP en Cataluña cuando le pusieron una bomba debajo del coche. Poco después La Carolina le dedicó una calle. Fue el 10 de marzo de 2001. Ese día conocía a su familia. Y me impresionaron. Dejo aquí la crónica de aquel día. La foto es de Enrique

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La Carolina dedica una calle a Francisco Cano, asesinado por ETA

Emotivo homenaje, presidido por Arenas, al concejal de Viladecavalls

«Él ya no está. Nos lo han quitado. Ahora tenemos su calle, para que su amado pueblo lo recuerde y sonría cuando pase por aquí, igual que él sonreía siempre que paseaba por sus calles». Laura, la hija mayor de Francisco Cano Consuegra, el concejal del PP en Viladecavalls asesinado por ETA, sólo tuvo un momento de vacilación mientras hablaba  ante centenares de carolinenses que acudieron a descubrir la placa de la calle que lleva el nombre de su padre. Desde que el 15 de diciembre una bomba segó la vida de su padre todo es tristeza para ella, para su madre, Encarna Oviedo, y para su hermana Noelia, de 14 años. Pero mantuvo una admirable entereza durante todo el acto. Luego, cuando las cámaras ya no estaban y los familiares se fundieron en un abrazo, dejó correr las lágrimas.

Francisco Cano Consuegra dedicó una de sus últimas visitas a La Carolina, en verano, para echar el ojo a una casa de la calle Mirador, donde había nacido y vivido sus cinco primeros años, y donde aún viven algunos de la docena de primos que siguen en La Carolina. Desde ayer la calle lleva su nombre, como su nombre está entre los de los carolinenses más ilustres, desde que ETA destrozó su vida, sus proyectos y su familia. Centenares de vecinos y compañeros del PP le rindieron ayer un emotivo homenaje, llorando su muerte junto a sus familiares.

Francisco Cano era bien conocido en la ciudad por sus frecuentes visitas. «Siempre tuvo a honra y orgullo ser de La Carolina», dijo su hija Laura, de 19 años. Los padres de su padre emigraron en 1960 a Cataluña, con siete hijos a los que sacar adelante. Allí creció Francisco, Paco, como todos le llaman. Fundó una familia, creó una empresa de electricidad y fontanería y se integró en la vida de Viladecavalls. El poco tiempo que le dejaba su empresa y la concejalía de servicios era para su familia, muy unida según todos los que los conocen. «En Viladecavalls vivimos años muy felices», dice Laura.Se metió en política «aunque no era político», apunta su hermano José.

El teniente de alcalde de la localidad catalana, Sebastián Homs, destacó su disposición para el servicio público y su talante abierto. Antes de que lo asesinasen, en vísperas de Navidad, su ilusión era que su ciudad tuviese «una iluminación cojonuda».Era una persona honrada, «un hombre de ley» que dice su hija, trabajador en su empresa y en el Ayuntamiento. Le gustaba mucho la caza, su pasión cuando estaba en La Carolina, y el fútbol, con especial afición al Real Madrid. Con semejante perfil, nadie entiende por qué un asesino le puso una bomba debajo del coche.

Al acto organizado por el Ayuntamiento de La Carolina para descubrir la placa que lleva el nombre de Francisco Cano asistieron numerosas personalidades del Partido Popular, al que Paco pertenecía, comenzando por su secretario general Javier Arenas. Para el líder del PP «al terrorismo hay que derrotarlo desde la ley y el Estado de Derecho, no pedirle que desaparezca ni esperar su fin». La memoria de las víctimas de terrorismo obliga a los poderes públicos, dijo Arenas, «a no doblegarse y a no pagar un precio político» para acabar con la barbarie. En la misma línea se expresó el alcalde de La Carolina, Ramón Palacios, que afirmó que «el chantaje asesino no va a debilitar nuestra firmeza».Arenas quiso también mostrar solidaridad con la familia del policía autonómico vasco enterrado ayer Iñaki Totorica, de la que dijo sentirse «muy cerca».Javier Arenas dirigió también críticas contra el PNV y el presidente vasco, Juan José Ibarretxe, al tiempo que mostró su alivio por que se hubiese desconvocado una manifestación convocada por el gobierno vasco. «Era una barbaridad convocar una manifestación contra ETA y PP-PSOE. El PNV debe hacer una reflexión porque lo que demanda la sociedad española y vasca es que derrotemos a ETA».Arenas insistió en que todas las organizaciones juveniles que participan en la violencia callejera son también ETA, y que frente a ellos «hay que ser beligerante».