Memorias de un gusano, de Jesús Tíscar

Cucha, nene, que el Tïscar ha sacado un libro nuevo. Ha venido el tío de Murcia hecho un galán de luto con voz de trueno, y se ha traído un libraco, que no todo van a ser tíscarviajes a Jaén para responder a querellas. ‘Memorias de un gusano’, lo bautizó con buenas cañas en el Nivenia la otra noche. Y luego lo confirmó en el Pósito, con más cañas. Lo que le gustan las cañas al Tíscar y a los tiscaritas, que en Jaén son legión sedienta de letras y de licores. Qué sed gastan. Que se llene. Y firma que te firma el tío, que se va a hacer de oro. Oye, Jesús Tíscar, que le van a chorrear los billetes de la talega de tanto que firmas. No escondió sus intenciones el día de la presentación: “A mi lo que me gusta es el dinero”, proclamó.

El ‘gusano’ es Avelino Gómez, “librero jorobado, solitario, masoquista, atormentado, huidizo y coprófago”. “Es una novela sobre la mezquindad”, escribió la editora en la contraportada. Su lectura es un viaje a lo más sórdido, a lo más descarnado y repugnante del ser humano, a la violencia y la ley del más fuerte, a la víctima y al verdugo que hay dentro de cada persona. Sin compasión, sin concesiones, sin espacio para la esperanza. Recreándose en la mierda, literalmente, pues describe con minucioso deleite las diversas formas que tiene el protagonista de comerse una buena caca, un cerullo, un mojón. Fresco o recién descongelado, en crudo o cocinado, a mano o con cubiertos.  Una caída libre a un pozo negro. Ni un rayito de luz, sólo esperpento negro, o marrón-mierda-oscura como mucho. Todo escrito con maestría, con la precisión de un tío que conoce bien su oficio,  excelente en la creación de ambientes, un cabrón sin sentimientos pariendo personajes repulsivos e imposibles, pero que puedes ver y tocar, a los que tortura y retuerce hasta el límite. No es que meta el dedo en la llaga, es que mete la mano en el culo y se recrea hurgando, provocando, el muy Jesustíscar.

‘Memorias de un gusano’ la escribió el Tïscar hace diez años, y la ha tenido guardada en un cajón. No porque le diese vergüenza mostrar a la criatura -que podría ser, porque un hombre de bien jamás se presentaría en público con este libro- sino porque nadie le echó valor y tripas para publicarla. El Tíscar se la enseñó al ex ministro Pimentel, reconvertido a editor, que se relamió de gusto con los primeros capítulos. Siguió leyendo, pero cuando viajaba en avión a Egipto -relató el autor en la presentación- se le debió cortar la digestión, le sobrevino mal de altura, y renegó del ‘gusano’ y lo declaró proscrito de parnasos y listas de superventas. Hasta que llegó Raquel Rodríguez. ‘Mi Raquela’, que le dice el Tíscar. Sólo una editorial que se llama Ediciones Raro podía publicarlo.

El Tíscar presentó su ‘gusano’ a varios premios y no le dieron ni uno. Qué sorpresa. A los jurados les debió pasar como al ex ministro Pimentel, que prefirieron algo más comercial, menos sombrío. Aunque ‘Memorias de un gusano’ es un libraco. Pero tío, Tíscar, un poquillo de alegría, coño ya con tanto negro. 

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