El precio de la Pandera

En 2003, cuando el Ejército sacó al a venta la Pandera, escribí en IDEAL un reportaje sobre esta montaña, que ahora es famosa por las andanzas de los ciclistas. Buen momento para recordarlo

Pertenece al viento, a las nubes, a las estrellas y un día al año a la épica del ciclismo. Aunque los hombres se empeñen en repartírsela con vallas, lindes y mojones. Aunque el Ejército, que ha ocupado su cumbre durante cuarenta años, la considere ya inútil, y se atreva incluso a ponerle precio para sacarla al mejor postor. La Pandera, la segunda montaña más alta de Jaén (1870 metros), pasó de ser casi una desconocida para los mismos jienenses a cima famosa en toda España el año pasado. Por la Vuelta Ciclista. Los Villares y Valdepeñas confirman ya su interés por estar en la puja, siempre a expensas del precio que fije Defensa.

Precio por unas vistas de media provincia y parte de la Granada. Por un aire puro y seco que a menudo sopla furioso entre las piedras. Cuentan que hay noches en las que las estrellas casi están al alcance de la mano. Atardeceres en los que la luz juega con las nubes, que quedan a los pies de la cima como un colchón blando y naranja, o saca destellos al Quiebrajano si está despejado.
«Allí se respira tranquilidad. Se está en la gloria», insiste José Martos, que hizo allí la mili en 1992. Después de nueve meses allí, tiene claro que aprovechamientos no le faltan al recinto como zona de ocio y descanso. Ofrece también buenas posibilidades para el senderismo y para deportes como el parapente. «Iban allí muchos a tirarse», recuerda. «Para el veraneo tiene que ser estupenda. Muy fresquita», dicen en la plaza del pueblo de Los Villares.
Jurídicamente, el Ministerio ha abierto ya expediente de desafectación. En román paladino, que ya no les interesa mantener allí una antena en su cadena de transmisiones desde Ceuta y Melilla hasta los centros de toma de decisiones. Hace algo más de un lustro, cuando se abandonó el acuartelamiento y se dejaron solas las antenas, se firmó un convenio de cesión al Ayuntamiento de Los Villares. Una cláusula del expediente de desafectación anula esta cesión y lo deja todo pendiente de subasta. Una puja que se anunciaba como inminente y que no se espera ya hasta el otoño.
Rivalidad o cooperación
Los ayuntamientos de Los Villares y Valdepeñas esperan que se conozcan precio y condiciones de venta. Las dos alcaldesas, María del Carmen Anguita y María Paz del Moral, reconocen el interés aunque con muchas cautelas. Al contrario de lo que pasaba con los anteriores alcaldes -de distintos partidos- fuentes muy cercanas a ambas admiten que hay afinidad y sintonía entre ellas. «Mujeres, jóvenes, nuevas en política y del mismo partido. Tienen una relación estrecha», explican. 
De hecho ninguna descarta ni siquiera la posibilidad de un uso conjunto de la cumbre y las instalaciones que dejaron allí los militares. «Aún es pronto para hablar de este tema porque no hay ni precio», dicen ambas alcaldesas. Aunque Anguita admite que se está trabajando ya al respecto. «Hablando con unos y con otros». Ambas son diputadas.
Entre villariegos y los vecinos de Valdepeñas más veteranos que se sientan por las mañanas en las plazas de sus respectivos ayuntamientos, a la sombra, no hay la misma sintonía que en los despachos. «La Pandera es de Los Villares, y lo que digan los de Valdepeñas es cómo si usted me dice que es hijo mío», asegura con retranca Pedro Cabrera, con 91 años a sus espaldas. «De Cantos para acá es de Valdepeñas. Creemos que es nuestro», aseguraban en un corrillo en la otra parte.
En realidad en monte está dividido entre los términos de Jaén, Los Villares y Valdepeñas. A la cumbre sólo llegan la capital y Valdepeñas, aunque los linderos son muy imprecisos. La propiedad militar comprende ocho kilómetros de empinadísima carretera -con ocho o diez metros de margen a cada lado- y el poco terreno de la cima, vallado por su utilidad militar. Allí está el antiguo acuartelamiento, del que se mantienen construcciones en buen estado, aprovechables con una mínima remodelación. «Buenas construcciones», señala un técnico que las ha visitado hace meses.
José Martos no sube a la cumbre desde que acabó la mili, pero ha visto fotografías recientes del cuartel. «Lo que había allí merecía la pena. Ahora da algo de pena», lamenta. Se refiere a destrozos y al deterioro que han sufrido las instalaciones desde que se fueron los soldados y se cerró el CT-4, nombre técnico del acuartelamiento. Siglas insuficientes para designar el reino del viento, de las nubes y las estrellas al que se quiere poner precio.

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