Don Jesús y la Japonesa Calva

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Al Jesús Tíscar le han arreao 10.000 euracos por su novela ‘La japonesa calva’, 10.000 euracos para el Tíscar que son muchos euracos por una japonesa rapada y marranona, habrase visto cosa igual. Válgame Dios.  Después de la muy celebrada ‘Memorias de un gusano’ el Tíscar regresa por todo lo alto, con la nipona pelona y premiada. Adiós a los sonetos de mortadela, a la penumbra, a la fatiga de las barbas descoloridas de puro miedo de la boca vecina. Ahora al Tíscar le tiran canapés a su paso en El Corte Inglés, le hacen fotos junto a Eduardo Mendoza, y ya no es el Tíscar sino que tiene tratamiento de Don Jesús: Don Jesús, ¿quiere usted otra copita?, Don Jesús, que está usted hecho un artista, Don Jesús, qué bien trasiega usted los terciacos de cerveza, Don Jesús, qué bonica le ha quedado su Japonesa Calva, ¿entonces qué, le lleno, Don Jesús?

Los ilustres miembros del jurado del Festival de Novela Policiaca Getafe Negro le dieron el primer premio a la nipona masajista y pajillera de Don Jesús Tíscar, y eso que ni es una novela policiaca. Negra sí que es, eso no hay quien lo discuta. Don Jesús se viste ahora más modernamente de gris para salir en las solapas de sus libros, para hacerse fotos junto a Eduardo Mendoza y para recoger cheques de 10.000 tronchos, pero lo que escribe es negro tizón, negro como el culo de un negro muy negro, negro negrísimo como la vida misma. Así que ‘La japonesa calva’ sí que es una novela negra: tiene sus crímenes, sale un guardia civil y hasta aparecen un par de policías. Pero que nadie espere encontrar una novela ajustada a los cánones del género.

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Cuando Don Jesús aún era el Tíscar, así a pelo, ya le salían unos personajes muy sombríos, muy cenizos, muy tontos o muy cabrones. Qué mala sombra tiene Don Jesús con sus personajes, nene. Ni uno bueno ha parido. Todos cabrones de cuernos retorcidos. Y si sale alguno con un asomo de bondad, se lo carga, el muy desalmado. Las cosas que les hace a las criaturicas. Y como encima les retuerce bien los pescuezos con el lenguaje y la sintaxis, así le salen las novelas de negras. En ‘La japonesa calva’ hay una buena galería hijosputa, tontos con mala baba y almas atormentadas, todos retorcidos a base de bien con el lenguaje y la sintaxis. La japonesa calva Kazumi Kuriwako, la imponente Cobriza Pemberton, el civilaco Franco Baena, la artrítica Luciana Crespillo, la niñaca poligonera Melisa Benítez, el hombre que se peina como los chunguitos … (Alguno hay, me barrunto, que es pura venganza, como la que se cobra con cierto sindicalista por viejos pleitos). Un universo de seres de extrarradio geográfico y vital a los que Don Jesús putea a conciencia. Los desnuda, los fustiga, les expone al público la casquería de sus miserias, los cruza y descruza en sus vidas presentes y pasadas, mata a un par de ellos y así consigue una novela de asesinatos y de negrura. Una buena novela, muy de Tíscar, aunque ahora sea Don Jesús.

Al Don Jesús no le han dado todavía ningún premio, que se sepa, por la complejidad de sus tramas argumentales. Mira que le han dado premios a Don Jesús Tíscar, pero por sus enrevesadas tramas argumentales ninguno, que se sepa. Ni falta que le hace. Don Jesús hila fino la estructura, eso sí. En la Japonesa hay temple y oficio de buen narrador. Teje y desteje, tira marcha adelante y marcha atrás en el tiempo, anticipa, esconde, enlaza las vidas de sus víctimas traicioneramente, va subiendo la tensión (el clímax, que dirían los críticos y los pornógrafos, que de todo hay entre los exégetas de la obra tiscariana). Y se confía a su maestría para retorcer el lenguaje, para exprimirlo, para sacarle el jugo a las palabras y a la sintaxis, con ritmos poco convencionales, arriesgados, pero que le salen rumbosos. Fíjate tú si retuerce bien el lenguaje y la sintaxis, que los estrangula y le salen novelas negras y rumbosas casi sin querer. Con todo lo que al Tïscar le pone provocar con la guarrería y la escatología cuando se gusta escribiendo, lo más arriesgado que plantea tal vez sea la sintaxis, el tono machacón, el ritmo de las frases. Ahí se juega el chaleco y sale airoso. El Tíscar siempre arriesga y provoca, tiene una voz narrativa propia, poderosa, escatológica, sabia, guarra, hilarante, sarcástica, brillante, incisiva. Lo que sea, pero propia, inconfundible. Y ahora ha parido una novela, dicen que negra, por la que le han dado 10.000 euracos, le hacen fotos con Eduardo Mendoza y le tiran los canapés a su paso en ágapes y saraos, a Don Jesús, el de La Japonesa Calva. A ver quién da más.

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