Juicio de los ERE (III): Ni robaron ni sabían nada

GRAF941. SEVILLA, 14/12/2017.- Los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, el exconsejero Gaspar Zarrías (izq a dcha) y el ex director general de Trabajo Francisco Guerrero (detrás), al inicio de la segunda jornada del juicio de la pieza política de los ERE, en el que son procesados 22 ex altos cargos de la Junta, y que ha comenzado hoy con la lectura de los escritos de las defensas. EFE/Julio Muñoz ***POOL***
Los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, el exconsejero Gaspar Zarrías (izq a dcha) y el ex director general de Trabajo Francisco Guerrero (detrás), al inicio de la segunda jornada del juicio de la pieza política de los ERE, en el que son procesados 22 ex altos cargos de la Junta, y que ha comenzado hoy con la lectura de los escritos de las defensas. EFE/Julio Muñoz ***POOL***

Manuel Chaves nunca fue un hombre rico. Cuando tras treinta años en primera línea de la política (ministro, presidente de la Junta) presentó una jurada declaración de sus bienes, aseguró que todo cuanto tenía sobre la faz de la tierra era una casa, un viejo coche y 3.000 euros en la cuenta corriente. Por la honestidad de José Antonio Griñán ponen la mano en el fuego todos los que le conocen. Y así se podría seguir con prácticamente todos los acusados en la pieza política de los ERE.  Sólo Guerrero está acusado  de saquear las arcas públicas (pero en otra pieza, donde junto a su chófer está investigado por gastarse en lujos y cocaína miles de euros). El resto, está más que demostrado, no robó. Fue aún peor.

Todo delito precisa de un móvil convincente. Los cargos que pesan sobre los dos ex presidentes, seis ex consejeros y catorce ex altos directivos son por malversación, prevaricación y asociación ilícita (una desmesura esta última de la acusación popular del PP). Pero si no robaron, ¿para qué malversar o prevaricar? ¿Por qué el Gobierno andaluz ideó un sistema de concesión de ayudas opaco que escondió durante una década el dinero que destinaba a empresas en crisis a su propio interventor y a la Unión Europea? ¿Por qué nadie hizo caso de las advertencias del interventor, estuvieran éstas revestidas de la forma idónea o no?

Los años en los que funcionó el sistema de los ERE que se enjuicia ahora fueron los de Andalucía Imparable, los de la Segunda Modernización de Andalucía. Un formidable empeño propagandístico, un espejismo en una región con la tasa de paro más alta de España (reducida al mínimo histórico al calor de la burbuja inmobiliaria, pero la mayor del país), y las mayores tasas de abandono escolar y analfabetismo de la UE. La Junta regalaba ordenadores a todos los niños en el colegio, hacía leyes vanguardistas, sacaba pecho con la sanidad.

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Eran los años también en los que Invercaria repartía millones sin control ninguno, los de los cursos de formación, los de las facturas falsas, los que aprovecharon más de 25.000 enchufados para colocarse en la administración pública ‘a dedo’, los de las listas negras de disidentes … Más que Andalucía Imparable, era Andalucía desmelenada. Al menos una parte de Andalucía lo estaba.

No se pueden contar los ERE como un hecho aislado. Formaban parte de un ecosistema, de una arquitectura subterránea que se extiende como una red, como una tela de araña, y que reparte dinero y trabajo dadivosamente. “Dios vino a verme”, le dijo un vecino del Pedroso a la jueza Alaya cuando le preguntaron por las ayudas recibidas de su vecino Guerrero. 

Ese sistema de reparto de ayudas públicas que se está juzgado regaba ese ecosistema, esa arquitectura, esa tela de araña. No era la única fuente de ‘suministro’ a ese entramado. Sí que ha sido la más visible. La más escandalosa, por que ha sido la ventana que se ha abierto de par en par. 

Por eso a ninguno de los acusados en la pieza política de los ERE se le acusa de robar dinero público, ni de financiar ilegalmente al partido, ni de llevarse el dinero a Suiza o Andorra. Todos los casos de corrupción en Andalucía comparten el móvil: el dinero de las instituciones usado irregularmente servía para apuntalar al partido en el Gobierno, según la tesis de la juez instructora Alaya.

En la segunda sesión del juicio, Chaves y Griñán han insistido durante la lectura de sus escritos de defensa en que no conocieron el fraude de los ERE, que ni siquiera pudieron conocerlo. Aseguraron que no recibieron ninguna de las quince alertas del interventor. Que no  participaron en una ninguna conspiración. La defensa de Griñán cifró en 80 millones de euros los realmente robados (no 800) por cuatro golfos. 

También usaron el argumento de que todo pasó por el Parlamento, que nunca hicieron nada fuera de la ley  y que nada sabían de irregularidad alguna los ex consejeros Zarrías, Magdalena Álvarez, Antonio Fernández o Vallejo. Las dos sesiones previstas para las cuestiones previas se han agotado y aún no han intervenido ni la mitad de los encausados. Pero lo  que ya ha quedado claro es que nadie se enteró de nada hasta que fue Alaya a decírselo.

A pesar de sus alegatos, a estas alturas Chaves, Griñán y todos los implicados en el caso han admitido que fallaron los controles y que hubo uso irregular del dinero público. En la causa penal lo que se intenta dilucidar es si ellos lo supieron y lo consintieron. El “gran fraude”, por usar palabras de Griñán, está admitido. A ninguno se le acusa de robar. Es aún peor. El caso de los ERE en realidad va de si un partido ha tenido durante décadas a las instituciones de todos los andaluces a su servicio.

Para entender todos los entresijos del procedimiento, por qué están en el banquillo dos ex presidentes de la Junta de Andalucía, seis ex consejeros catorce ex altos cargos, y por qué hay otras 250 personas esperando juicio por esta macrocausa, todas las claves están en el libro ‘Caso ERE. Las entrañas de la corrupción institucional en Andalucía’

http://www.comunicacionsocial.es/catalogo/colecciones/historia-y-presente/caso-ere–las-entranas-de-la-corrupcion-institucional-en-andalucia

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