Solos

Los jueces van el jueves 8 de octubre a la huelga. Algunos jueces. La asamblea del martes demostró que hay división de opiniones entre sus ilustrísimas. Los que vayan, irán solos a las barricadas. No tienen el apoyo de colegas de toga ni de ninguno de sus compañeros de juzgados (ni secretarios ni funcionarios, que cuando debatieron en primavera sobre si apoyarlos resolvieron que lo que tienen que hacer sus señorías es aprender a manejar los ordenadores y medios que tienen a su disposición y dejarse de rollos).

Me parece a mi que los jueces, algunos jueces, tienen ya perdida la huelga. Puede que paren los juzgados (algunos juzgados, ya que el hecho de elegir un jueves -día de pocos juicios- resta potencia a la protesta aunque ahorra molestias al ciudadano), pero de cara a la opinión pública lo tienen crudo. Pase lo que pase, el Régimen ya machaca a los huelguistas, convocados por la mayoritaria Asociación Profesional de la Magistratura: que si son el brazo armado del PP en los tribunales (se evita la alusión directa con el eufemismo ‘conservadores’), que si se han quedado solos en la protesta mientras que otras organizaciones han considerado razonable lo alcanzado, que si el gobierno ha cumplido con el incremento de jueces y fiscales prometidos…

Hoy mismo la consejera de Justicia Begoña Álvarez les dice en una entrevista en IDEAL que son unos impacientes. Va ser lo más fino que les digan. Como si no hubiera ahora mismo en los juzgados casi 10.000 asuntos pendientes de solución y más de 16.000 sentencias ya dictadas aguardando ser ejecutadas. Y creciendo. Ahora sus señorías van a conocer la maquinaria del Régimen. Lo primero que se siente es que está uno solo. Muy solo.

Conspiraciones policiales

Por si alguien no se había enterado de que este verano algunos mandos policiales intentaron cargarse al comisario Daniel Salgado, ayer él mismo y el subdelegado Calahorro se encargaron de airearlo. En la celebración de los Santos Ángeles Custodios, un día de fiesta policial.

Este verano (con el comisario de vacaciones), cinco funcionarios (algunos de ellos con mando en plaza) se reunieron con un alto cargo llegado de la jefatura superior de Granada. Hubo quien vio fantasmas del pasado al conocer la nómina de aquel encuentro, y recordó los tiempos del comisario Aguilera. A Salgado lo pusieron de vuelta y media. Por cuestiones profesionales y, me insisten, por otras que no lo son tanto. Calahorro acudió raudo a defender al comisario, al igual que hizo el sindicato mayoritario en la Policía en representación de la plantilla (de los que se parten la cara a diario en los coches patrulla y en las brigadas de investigación). Algo tendrá Salgado cuando lo bendicen por arriba y por abajo. Parece que la conjura ha quedado en nada. Parece. Estas cosas siempre desgastan.

En los discursos institucionales, el comisario habló de problemas “dentro y fuera” de la comisaría, los obstáculos que han puesto “unos pocos” contra el esfuerzo de “la mayoría”. Calahorro se hartó de echarle flores al comisario Salgado y de mostrarle su apoyo. Tanto que llamó la atención. Por las caras, tres cuartas partes del auditorio no sabían de qué les establan hablando, aunque luego, a la hora de las cervezas, todos acabaron convenientemente ilustrados. Dos de los ‘conspiradores’ estaban en las primeras filas del auditorio. Para ellos, era día de tragar quina. Los otros tres ni aparecieron por allí. Los discursos estaban dedicados a ellos. A las conjuras policiales. Por más que Calahorro mostrase su faceta más paternal. “Pelillos a la mar”, aconsejó al comisario.

La conspiración amable de la jornada fue la del comisario Salgado, que se encargó de dar una pequeña sorpresa a Curro Martínez Sabina, que se jubila después de una vida de uniforme.

Lo de José Mariano Olivares en Andújar no ha hecho nada más que empezar. Ayer dio una muestra del repertorio de la casa. El mando policial considera la ciudad iliturgitana “la reserva espiritual de Occidente”. Que se pase por el Polígono Puerta de Madrid.

Baile de jueces

El Consejo General del Poder Judicial ha elegido a Lourdes Molina como nueva presidenta de la Audiencia Provincial de Almería. Pierde Jaén a una gran magistrada con más de veinte años de profesión a sus espaldas. Una serrana (de Beas de Segura) por los cuatro costados. Por lo que parece, en Almería la elección ha sentado nada más que regular. Los otros cinco candidatos eran de la tierra. Y eso de que les llegue una de fuera no les ha gustado nada. Andan revisando el historial de Lourdes Molina hasta por el canto, a ver si pueden aún echar el nombramiento para atrás.

Por más que se cabreen los togados almerienses, estaba cantado. Lo primero, por los méritos de Molina. Además, aunque todos lo nieguen, la política de los jueces tiene mucho que ver en los nombramientos. Lourdes Molina es la apuesta de las asociaciones progresistas de la magistratura. Se cuenta incluso que mi tocayo el juez Poveda (también progresista) se retiró de la competición para dejarle vía libre. Ella había dado la cara: le peleó a Méndez Lugo la presidencia del TSJA cuando nadie se atrevió a hacerlo.

Hace meses, cuando tocaba designar presidente de la Audiencia de Jaén, ella era una de las favoritas. Tenía reservado en el Coto para celebrarlo. Que Jaén fuese para ella (había un lote de presidencias que asignar) era prioritario para la progresía judicial. No contaban con Pío Aguirre. Él volcó la balanza hacia Elena Arias Salgado, quien según la opinión mayoritaria del mundo judicial jienense era la candidata ideal. Hubo fiesta en el Lechón, y copa de consolación en el Coto. Pero a Lourdes Molina ‘se la debían’. Ya se había presentado hace años a la presidencia de la Audiencia de Almería y se quedó a las puertas. Ahora la plaza era suya. La votación se ha ido demorando hasta que todo ha estado bien atado.

Otro que ha cambiado de destino es Raúl Calderón. El juez errante. Todo un personaje del mundo judicial jienense. Un juez que no deja indiferente a nadie. Cogió el testigo de otro clásico, Cañada Clé, en el Penal 2 (ahora jubiloso magistrado de lo contencioso-administrativo), y se lo entrega a la joven magistrada María del Carmen Carpio. Sangre joven para los juzgados de lo Penal, auténticas trituradoras de carne humana (están señalando ya para noviembre de 2010 los juicios que entran ahora). Que siga el baile.

Mira que estudian

Cada día me asombro de lo que hace la gente para vivir sin doblar el espinazo. Lo último, lo de la ropa impregnada en cocaína que le enviaban desde Argentina y Perú a un jienense. La Policía Judicial aún no sabe ni cuanta droga iba en los paquetes. Se lo dirán los científicos de un labororio de Málaga, donde van a hacer la ‘colada’. Se necesita un complejo procedimiento químico para recuperar la cocaína pegada a los tejidos. Se ve que el dinero que da el negocio de la droga compensa tanto esfuerzo. Más aún cuando los jueces están por la labor: al receptor de los paquetes cargaditos de droga lo han dejado en lilbertad bajo fianza de 6.000 euros, en contra del criterio del Fiscal, que quería que lo enchiquerasen.

Me causa más perplejidad la situación que se vivió el lunes en el Penal 1. Juzgaban a Aarom, un gitano que atropelló a un hombre que hacía deporte por la calle. Aarom jamás había pisado una autoescuela, ni tenía carné, y además iba borracho. El porrazo fue fuerte. La vida del deportista estuvo en grave peligro. Le han quedado secuelas. Pero en el juicio él parecía el acusado y Aarom uno que pasaba por allí. Por arte de birbibirloque jurídico y gracias al Código Penal antiguo sólo tendrá que pagar 2.160 euros, y queda limpio como una patena.

Pero lo que pasase con Aarom, el delincuente en esta historia, no le importaba a casi nadie. Había cosas más importantes en juego que la suerte de un conductor borrachín y sin carné: nada menos que 165.000 euros de indemnización que reclama el deportista tres años después del accidente. Y todos los allí presentes, menos el deportista, coincidían en que, a la hora de pedir, se le había ido la mano. El seguro le puso un detective que lo cogió subiendo en bici a la Virgen de la Cabeza. Así que parece complicado que le den la talegada que reclama. Más bien parece que se quedará con unos 30.000 euros. Pero allí en el juicio pareció que él era el malo de la película, cuando en realidad es el principal perjudicado. Lo de las fotos lo dejó como a Cagancho en Ibros.

Engaños y éxitos

Me contó una vez un tal Miguel, estafador muy reputado en Rus, que a los bancos no se puede entrar suplicándole que le den a uno el dinero. Hay que entrar exigiéndolo, como haciéndole un favor a la entidad por cogerles su pasta. Su estrategia no debe de ser mala, porque le sacó un dineral a una sucursal con un falso boleto de lotería premiada, engañó a medios de comunicación y se las estuvo dando de marqués varias semanas por su pueblo. Fue hace un par de años, en los inicios prometedores de su ya larga carrera de vividor. Ahora, con la crisis, los estafadores están a la que salta. Lo demuestra la estafa inmobiliaria de la Fuente de la Peña. Otro jeta, que ha sableado a doscientas familias de Jaén y que hoy se pasea libre por la calle sin más temor que el que alguno de sus damnificados lo vea y le parta la cara.

La Policía, eso sí, le ha echado el guante al todavía supuesto estafador y lo ha puesto a disposición de la Justicia. Si el juez lo deja libre, ya no es problema de los hombres del comisario Daniel Daniel Salgado. La Unidad de Delincuencia Especializada está que se sale, por cierto. Ya resuelven fraudes y estafas de nivel internacional, con bancos de Oceanía y Estados Unidos implicados, y engaños que se miden en millones de euros.

Difícil verano en la Comisaría. Muchos sapos se ha tragado el comisario Salgado: el follón de Andújar resuelto con la llegada de Olivares a la jefatura, ruido de sables cuando el jefe se fue de vacaciones…Menos mal que ya parece que se ha vuelto a la normalidad: a perseguir a los malos y a llevarlos ante el juez.

Humo, fuego y amor propio

La imagen de arriba la tomó Miguel Yanes, de Guardabosques de Jódar, el domingo por la tarde, cuando la sierra de Las Golondrinas de Jódar comenzaba a arder. Es el momento crítico del tercer incendio de la temporada en los montes galdurienses. El momento en el que se pudo parar el desastre o vivir una catástrofe con vidas humanas sacrificadas al fuego. Se habían quemado ya unas 40 hectáreas. Las llamas trepaban monte arriba. Cerca de la cresta había un camino. El punto ideal donde intentar detener el frente. Si se llegaba a tiempo.

Un retén subió a toda velocidad. Se trataba de llegar antes que las llamas, desbrozar y limpiar maleza hasta donde diese tiempo y aguantar a pie firme con las mangueras y los escobones (a la sombra y sin fuego había ese día 40 grados) hasta frenar el incendio.

Llegaron tarde. Casi al mismo tiempo que las llamas. Atacaron de firme. Con mucha más decisión de la que exige el uniforme amarillo que visten y la nómina que les pagan a fin de mes. Hace quince días los tuvieron diez horas peleando entre los espartales sin una gota de agua fresca que echarse a la garganta abrasada. El domingo había agua, pero estaban rodeados de llamas de más de dos metros, escupiendo humo y maldiciones, conscientes de que se estaban jugando el chaleco para salvar una sierra que alguien está empeñado en quemar.

Un minuto después de tomarse la imagen, el capataz vio que la cosa se ponía fea. Fea de verdad. Que iban a quedar copados por el fuego, que el humo no les dejaba ver ni donde escupían, que los ojos lloraban irritados de impotencia. Así que dio la orden: tirarlo todo y salir por piernas. Justo a tiempo. Las llamas saltaron ya el camino y siguieron sierra arriba. El retén se retiró derrotado. Un puñado de hombres de caras ennegrecidas, callados monte abajo, sin apenas abrir la boca más que para maldecir aquel infierno, y tal vez también a aquellos que planifican el verano desde un despacho con aire acondicionado. Pero seguro que con la cabeza muy alta por la demostración de coraje y amor propio que acababan de hacer.

Miedo en el cuerpo

Diego el pikiki sale de la Audiencia minutos después de que un jurado popular le haya declarado culpable del asesinato de Antonio Mallarín. Le van a caer entre 16 y 23 años de cárcel. El mallarín se cagó en sus muertos. Hay leyes que exigen que un insulto así se pague con sangre. Las mismas leyes que ahora lo condenan a él a muerte.

La mirada de Diego no refleja el abatimiento de un hombre al que le esperan muchos años en prísión. Es la mirada del miedo. No a la cárcel, que ya conoce bien: lleva tres años esperando este juicio y ya cumplió seis años por homicidio en 1985. Lo que teme es una posible venganza de los mallarines. Durante toda su vida, dentro y fuera de la cárcel, tendrá que guardarse las espaldas. Sabe bien que la cosa va en serio. En el juicio ha denunciado la desaparición y más que posible asesinato de su hermano Antonio El Tostao. Ojo por ojo.

El que ha salido bien parado ha sido Sebastián M.F., al que el jurado ha declarado no culpable. Ya lo dije durante el juicio: gran defensa la planteada por el abogado Manuel Gutiérrez.

(La foto, que consigue plasmar toda la tensión de la salida de Diego del Juzgado, es de Esther Muñoz)

Cogidos por el rabo

El joven de la foto es Sebastián el pikiki, que espera el fallo del jurado sobre su supuesta implicación en la muerte a tiros de un mallarín en febrero de 2006. Su abogado, Manuel Gutiérrez, ha planteado una buena defensa para sembrar dudas sobre su participación en el tiroteo. Difícil la decisión de los ocho hombres y una mujer sobre su culpabilidad o inocencia. Tras el tiroteo del Madroñal, Sebastián desapareció. Su padre y su hermano Tatín se entregaron. A él lo cogieron más de un año después en Puerto de Santa María, donde se hacía llamar Pedro. ¿Cómo lo trincaron? Por el rabo.

Sebastián entabló en el Puerto una relación con una mujer. La moza tenía pareja. El marido andaba escamado por el picor en las sienes y su dificultad para atravesar puertas sin topar por arriba. Así que puso una cámara de vigilancia en casa. Lo que vio en la grabación le puso los pelos como escarpias: Un fulano entraba en su casa, le echaba mano a su mujer como si tal cosa (y sin que ella pusiera objeción alguna), se metía la mano por los pantalones, sacaba un pistolón, (de los disparan balas), lo ponía encima de la mesa y le decía a la jaca: “Por si viene tu marido”. Con las mismas el hombre llevó la grabación a la Policía, que cruzó datos y descubrió que el fulano era Sebastián, sobre el que pesaba una orden de búsqueda y captura por un delito de sangre. Y acabó ante la Justicia, como muestra la foto de arriba, de Francis J. Cano.

Lo curioso es que en la familia rival de los pikikis hay otro caso similar. El de Nono el mallarín. Antonio M.C., de 28 años. Está actualmente en prisión, a la espera de juicio por la muerte a tiros del portero de una caseta de la feria de Linares en 2008. A éste lo cogieron meses después de los tiros cuando se escondía en la casa de un pariente, cerca del barrio del Cerro, en Linares. ¿Cómo lo trincaron? Por el rabo.

La policía montó un dispositivo especial para entrar en la casa. Trajeron expresamente a seis GOES, especialistas en situaciones de riesgo. Tipos musculosos y entrenados para tirar un muro de un escupitajo. No era para menos, pues el tal Nono es un hombre de gatillo fácil, muy peligroso. Esperaron al amanecer pues sabían que en esa casa era costumbre trasnochar. Echaron abajo la puerta, entraron a saco y llegaron hasta el dormitorio. Allí se encontraron al Nono y a su pariente en plena fiesta con una moza, con menos escapatoria que Mimosín en una cama de velcro, pues todos sus sentidos estaban en la popa que embestía. Le cortaron el rollo bien cortado, según han precisado quienes participaron en la operación. Cuentan que hubo que ponerle unos pantalones antes de presentarlo al equipo judicial que dirigía el registro de la casa.

La fotografía es de febrero de este año, cuando Nono compareció ante el juez Calderón,acusado de dirigir el apedreamiento de la Policía en una redada en el Cerro en 2007. Recusó a su abogado. El juez FRaúl Calderón le echó la bronca por no haberlo hecho antes. “Es que estaba muy liado”, respondió el Nono. Vamos, que ese día no tenía el rabo para fiestas con jueces, por muy jueces calderones que sean.

Los ingenieros también se caen del caballo

A los ingenieros del Ayuntamiento se les encabritan los caballos de vez en cuando y se convierten a la religión verdadera. No es que hayan visto a Dios, como San Pablo, sino al partido que manda. Ahí están los informes del ingeniero de montes que un día dijo negro y al mes siguiente dijo blanco sobre la presa del río Eliche. El primer informe lo hizo por encargo del concejal de Medio Ambiente, José Luis Cano. El teniente de alcalde es lo que se ha dado en llamar político sandía: verde por fuera y rojo por dentro. El informe que él envió a Confederación decía que la presa no se podía hacer sin causar daños “irreversibles” a la naturaleza.

Un mes mas tarde, al mismo ingeniero de montes le cercó una luz fulgurante venida del cielo, cayó al suelo y escuchó una voz que le decía: “¿Por qué me persigues?”. Cuando comprendió que había escuchado la voz del Régimen le metió la motosierra a su informe y le salió que la presa era posible, según comunicó la alcaldesa Peñalver a Confederación. La prueba de que se produjo un milagro es que nadie se ha molestado en dar una explicación racional a semejante conversión. Como donde manda patrón no manda marinero, el informe de la regidora “anula los anteriores”.

No es la primera vez que ocurre. Con el Arche sucedió otro tanto. Aún mandaba el PP y los servicios técnicos municipales decían que el parque estaba listo para cortarle la cinta y ser utilizado como propaganda electoral justo antes de las últimas elecciones. Apenas ganó el PSOE, los mismos servicios técnicos se arrojaron rápido del caballo para decir que el parque estaba hecho unos zorros y que abrirlo era peligro de muerte.

Todavía me viene a la memoria otro caso curioso con técnicos muncipales de por medio, aunque en esta ocasión era un arquitecto: pidió una excedencia y se hizo un sobre-ático ilegal (según sentencia del TSJA) encima de un ático que le había vendido a una pareja de ingenieros (para más inri) en un bloque levantado por una empresa de su familia con proyecto de obras firmado por él mismo. Luego, cuando los ingenieros de la administración pública que tuvieron que pronunciarse sobre cómo demoler el ático ilegal de aquel arquitecto municipal escucharon la misma voz (“¿por qué me persigues?”) y dijeron que no había forma humana de tirarlo. Y ahí sigue, por la gracia de Dios y con una sentencia firme de los tribunales de Justicia de los hombres durmiendo el sueño de los justos.

Y es que veces los ingenieros y los arquitectos también se caen del caballo. Menudos costalazos dan.