Con el gatillo cargado

Cargo el arma. La amartillo y la acerco a apenas un par de centímetros del objetivo. Sólo queda apretar el gatillo. A bocajarro. Un espacio en que comentar la actualidad de Jaén. Lo que se ve, lo que se oye, lo que se huele, lo que se intuye. Lo que escuece, que diría mi amigo Ángel del Arco. También habrá mimos, cuando sea menester. Un espacio que está abierto a la participación de todos, y que pretende hacer disfrutar a algunos y sufrir a otros con palos saludables, aplausos fervorosos, comentarios jocosos, pequeñas historias que conmueven en este Jaén que disfrutamos y sufrimos. Espero que os guste. Y espero vuestra participación. Allá vamos. A bocajarro.

El pistolero enamorado

Luis Gabriel, conocido como ‘El Escobar’, compareció esta mañana en el juzgado de Instrucción 1 de Jaén. Está actualmente en prisión por su participación en un tiroteo en Peñamefécit. La Policía cree que Luis Gabriel entró en un piso en el número 14 de la calle Bilbao junto a otros tres encapuchados y ordenó que uno de sus secuaces le pegase un tiro al inquilino. Cosas del negocio de la droga, nada personal. Y el secuaz cumplió la orden. Seguramente fue un aviso. Lo dejaron herido leve. Un balazo limpio en el costado que le salió por la espalda.

Ese es el contexto en que tenía ubicado a ese tal Luis Gabriel. Un tipo duro. Sin embargo, también tiene su corazoncito. Estaba en el calabozo de los juzgados. Dos policías guardaban la puerta. En un rincón, una mujer joven lloraba como una magdalena. “Amor”, gimió la joven. “Amor”, le respondió una voz de hombre desde dentro del calabozo.

El amor tiene a veces razones que la razón no entiende. A veinte metros, en el calabozo del Penal 1, estaba un tal Zacarías, a quien iban a juzgar por malos tratos a su mujer y a sus hijos. En una de esas agresiones, sostiene el Fiscal, dejó encerrados a todos y se marchó. Con lo que declaró en su día la víctima, Fiscalía ha fundamentado su acusación, en la que pide contra ese tal Zacarías siete años de cárcel. Esta mañana, todo preparado para el juicio. A la hora de la verdad, la mujer no se presentó a ratificar su denuncia ni a relatar sus padecimientos. Juicio suspendido. Zacarías vuelve a prisión, hasta que lo llamen de nuevo. Sabe que si su mujer no declara contra él difícilmente podrán condenarlo. Ella también debe saberlo.

Cuando sacaban a Zacarías camino de la cárcel, aún estaba en la calle de los juzgados la mujer que lloraba como una magdalena, y que había esperado durante horas para poder darle un beso a Luis Gabriel. Para ella, su enamorado. Para la Policía, el pistolero.