Inercia

Los análisis de los resultados de las elecciones me ponen mareoso. No los entiendo. Si unos han ganado y otros han perdido, ¿cómo puede ser todo tan complicado? En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española he encontrado un concepto que puede ser de utilidad a mentes sencillas como la mía. Inercia.

Incercia: flojedad, desidia, inacción. Incapacidad de los cuerpos para salir de un estado de reposo, para cambiar las condiciones de su movimiento o para cesar en él, sin la intervención de alguna fuerza.

El concepto incercia explica la abstención. Y el descalabro del PSOE en estos tiempos de crisis. Y la sangría de votos que ha tenido en graneros tradicionales como Andalucía. Y la clave del comportamiento de buena parte del electorado rural andaluz. Y por qué Arenas no se va a comer un colín en esta tierra. Inercia.

¡Diablos! He caído mi propia trampa. El mismo dato objetivo (la definición de incercia) me sirve para decir una cosa y la contraria. ¿Parezco Paco Reyes y García Anguita todo en uno? ¿Me estaré volviendo un sesudo exégeta? ¿Tendré síndrome de tertuliano? ¿Me habré dejado llevar por la incercia de Miguel Ángel Rodríguez, Enric Sopena, Carlos Carnicero o María Antonia Iglesias? Ahora resulta que el concepto incercia no aclara nada, sino que vale para todo. Es el ‘cillig bang’ de los analistas.

Ya puesto en el papel de analista, no me resisto a comentar algunos detalles que me han llamado la atención:

-En los anuncios de campaña del PSOE he echado en falta a la guardia mora junto al cura y al neonazi. Le hubiesen dado un toque intercultural muy progre, a lo alianza de civilizaciones.

-La línea dura comunista pasea la momia de Lenin por la plaza de los pueblos, y castiga a las opciones menos dogmáticas (leáse la línea de la capital que lidera José Luis Cano).

-22 personas (o lo que sean) han votado en la provincia la lista pro etarra a la que dejaron presentarse a los comicios.

-Ojito a Unión Progreso y Democracia.

-El PA del domingo pasado está ya casi al nivel del Partido del Cánnabis de hace cinco años.

Por cierto, ¿para qué se votaba? Eso sí que es inecia.

El 'Gancha', a la calle

Plumillas y fotógrafos hacíamos guardia en la puerta del juzgado. A la entrada, Joaquín (‘el Gancha’, como lo llaman los policías veteranos) se nos había escapado por los pelos. Los de Canal Sur, por lo menos, lo habían visto. “Un tío con gorrilla de campesino”, advirtieron. El señor Joaquín había sido detenido por meterle un par de mojadas en la tripa a un tal Adelkebir. El marroquí dice que él acudió a salvar a una muchacha que discutía con Joaquín. Joaquín dice que el moro le puso la mano encima a su hija. Estaban en un bar y se habían metido entre pecho y espalda un par de botellas de güisqui, que al parecer a Joaquín le gusta mezclar con 7up o Sprite, según la disponibilidad del establecimiento en cuestión. Se ve que con las bebidas espirituosas cambia la percepción de las cosas, según el que las vea y las cuente. ¿O lo que cambia el punto de vista es tener en las manos una navaja o las tripas que se te salen del cuerpo? Vaya usted a saber. Cada uno cuenta su película, y que cada cual crea a quien quiera.

El caso es que ahí estábamos los plumillas y los fotógrafos esperando ver salir a un tío esposado y custodiado por la Policía camino de la cárcel. En esas guardias se habla un poco de todo. De batallitas, del gachón al que se espera, de una máquina peladora de habas o de la vecina del quinto, que no sabe en qué se diferencia un pene de una silla y así le va, que se sienta en cualquier lado. En estas que se abrió la puerta, salió un señor tan tranquilo, se sentó en el escalón cara a cara de nosotros y se enchufó un cigarro, como si tal cosa. Lo delataron dos detalles: la gorilla de campesino y un papel que se le cayó al suelo el que se leía su nombre: Joaquín.

Lo que sigue es el pan nuestro de cada día para los que alquilamos la pluma o el ojo de retratar: fotos tiradas con disimulo desde la barriga, sin echarse la cámara a la jeta, familiares mosqueados por las ráfagas, ‘ que te rompo la cámara si le echas más fotos a mi papa’ y ‘yo no estoy haciendo fotos’ pero sin levantar el dedo del disparador. Pero, sobre todo, caras de incredulidad entre la concurrencia, porque ahí estaba el señor Joaquín, tan pancho, camino de su casa. Lo acompañaba un joven (su hijo) y una joven, que dicen que es su hija. La misma con la que supuestamente discutía cuando se metió el tal señor Adelkebir a poner paz. O a la que el marroquí le puso la mano encima. Vaya usted a saber. El caso que ahí estaba el señor Joaquín. En la puta calle. Dicen que todos los días se aprende algo nuevo. Lo que no tengo todavia muy claro es qué he aprendido yo de todo ésto. Aparte de la diferencia entre un pene y una silla o las ventajas de la máquina peladora de habas.

Fuegos y caldereta de cordero

En los veranos hay dos olores típicos en la falda del Castillo de Jaén. Uno es el de la broza y los pinos achicharrados. El otro, el de la caldereta de cordero. Lo curioso es que son olores excluyentes: o el uno o el otro. Nunca los dos a la vez. Por eso, el pastor que ha limpiado el monte con sus ovejas durante los dos últimos veranos le ha dicho tururú a la Junta cuando lo han llamado este año para soltase a pastar allí su rebaño. No ganaba para disgustos el hombre.

La chavalería de la falda del Castillo se había aprendido una cadena de causas y efectos: la cerilla prende la broza, la broza arde, el fuego provoca el humo, el humo llama a los bomberos y los bomberos avisan al helicóptero. Y así se pasan las tardes tan divertidas. Sin embargo, hace dos veranos se rompió la cadena: la cerilla prendía, pero apenas si había broza. Las ovejas se la habían comido. Así que no había humo, ni bomberos, ni helicóptero. Tocaba aburrirse. Pero entonces se estableció otra cadena de causas y efectos: la amenaza de fuego trae a las ovejas, las ovejas pasan las noches en un aprisco poco vigilado, la caldereta de cordero está cojonuda. Y empezaron a contar ovejitas por las noches: las que le robaban al pastor. Y el pastor, después de dos veranos, ha dicho que tururú. Creo que la excusa oficial es que tiene muchas crías y no es conveniente moverlas ahora. Pero el inconveniente principal es el movimiento del aprisco a la cazuela. Así que la Junta ha optado por la vía de en medio: antes que los pirómanos quemen todo el monte del Castillo, quemémoslo nosotros, controladamente. Se ve que este verano toca olor a maleza achicharrada, no a caldereta.

La temporada de incendios ha arrancado esta semana con brío en Jaén. En apenas 24 horas hubo cuatro fuegos. El más importante, el de Jódar. Que los espartales ardan a medianoche difícilmente se puede atribuir a causas naturales. Tanto el caso de Jódar como el de la falda del Castillo revelan un problema de enorme calado: el monte está indefenso. Tal vez disposiciones administrativas demasiado protectoras hayan provocado un efecto inverso al deseado. El monte que no da de comer a sus vecinos no es un vecino deseado.

La Junta ha presentado hoy el dispositivo del Infoca de este año. Que se aten los machos los retenes, porque el verano les viene complicado, después de una primavera tan lluviosa.

Con el gatillo cargado

Cargo el arma. La amartillo y la acerco a apenas un par de centímetros del objetivo. Sólo queda apretar el gatillo. A bocajarro. Un espacio en que comentar la actualidad de Jaén. Lo que se ve, lo que se oye, lo que se huele, lo que se intuye. Lo que escuece, que diría mi amigo Ángel del Arco. También habrá mimos, cuando sea menester. Un espacio que está abierto a la participación de todos, y que pretende hacer disfrutar a algunos y sufrir a otros con palos saludables, aplausos fervorosos, comentarios jocosos, pequeñas historias que conmueven en este Jaén que disfrutamos y sufrimos. Espero que os guste. Y espero vuestra participación. Allá vamos. A bocajarro.

El pistolero enamorado

Luis Gabriel, conocido como ‘El Escobar’, compareció esta mañana en el juzgado de Instrucción 1 de Jaén. Está actualmente en prisión por su participación en un tiroteo en Peñamefécit. La Policía cree que Luis Gabriel entró en un piso en el número 14 de la calle Bilbao junto a otros tres encapuchados y ordenó que uno de sus secuaces le pegase un tiro al inquilino. Cosas del negocio de la droga, nada personal. Y el secuaz cumplió la orden. Seguramente fue un aviso. Lo dejaron herido leve. Un balazo limpio en el costado que le salió por la espalda.

Ese es el contexto en que tenía ubicado a ese tal Luis Gabriel. Un tipo duro. Sin embargo, también tiene su corazoncito. Estaba en el calabozo de los juzgados. Dos policías guardaban la puerta. En un rincón, una mujer joven lloraba como una magdalena. “Amor”, gimió la joven. “Amor”, le respondió una voz de hombre desde dentro del calabozo.

El amor tiene a veces razones que la razón no entiende. A veinte metros, en el calabozo del Penal 1, estaba un tal Zacarías, a quien iban a juzgar por malos tratos a su mujer y a sus hijos. En una de esas agresiones, sostiene el Fiscal, dejó encerrados a todos y se marchó. Con lo que declaró en su día la víctima, Fiscalía ha fundamentado su acusación, en la que pide contra ese tal Zacarías siete años de cárcel. Esta mañana, todo preparado para el juicio. A la hora de la verdad, la mujer no se presentó a ratificar su denuncia ni a relatar sus padecimientos. Juicio suspendido. Zacarías vuelve a prisión, hasta que lo llamen de nuevo. Sabe que si su mujer no declara contra él difícilmente podrán condenarlo. Ella también debe saberlo.

Cuando sacaban a Zacarías camino de la cárcel, aún estaba en la calle de los juzgados la mujer que lloraba como una magdalena, y que había esperado durante horas para poder darle un beso a Luis Gabriel. Para ella, su enamorado. Para la Policía, el pistolero.