El jinete beodo

La concejala de Tráfico, Matilde Cruz, me aclara que no se van a hacer controles de alcoholemia a los caballistas que lucen palmito en el recinto ferial. Por lo menos de momento. Hay confianza en la cordura de las monturas, que no son muy dadas a beber si van a la feria. Sin embargo, la edil confirma la historia del jinete beodo: la Policía Local de Jaén ha denunciado esta feria a un caballista que iba como una cuba sobre su montura. Aunque no lo multaron sólo por éso: el tío se bajó del caballo, siguió la fiesta pie a tierra y dejó al animal por ahí suelto.

La Policía Local le venía siguiendo los pasos, alertada por unos ciudadanos que habían visto que el jinete beodo, como su propio nombre indica, no iba en muy buenas condiciones. “Apreciaron síntomas evidentes de que había ingerido bebidas alcohólicas”, explicaba ayer la concejala en esa jerga técnica que usan policías, abogados y jueces para decir que iba con una tajada como un piano. Así que la multa no se la ponen por un delito contra la seguridad vial (en este caso por conducir borracho un caballo) sino por alteración del orden público. Pero ahí queda la historia del jinete beodo.

La Pilarica derrota a Rubalcaba

El 13 de mayo de 2008 se celebró por primera y última vez vez en todas las comandancias de la Guardia Civil de España -y por orden del ministro Rubalcaba, con toda la pompa y boato de las que es capaz el Instituto Armado (taconazos, himnos, coronas a los caídos…)- el aniversario de la fundación de la Guardia Civil. El 164 aniversario. Digo yo que siempre es bueno celebrar la fundación de algo tan historiado, pero elegir un número tan feo y que no viene a cuento de nada como el 164 daba mala espina. Existía entre los guardias el run-run de que aquello era un experimento para socavar a la Patrona, la Virgen del Pilar. Para acabar teniendo una fiesta laica. Los civiles, disciplinados y militarotes ellos, celebraron encendidamente la fiesta del 164 aniversario. Pero más por orden de la superioridad que por convencimiento, me pareció a mi. Moviendo poco el bigote, por aquello de la discreción marca de la casa, y con el tricornio de los días de fiesta bien calado lo decían a las claras: esto está muy bien, pero la fiesta de la Guardia Civil, la de verdad, es la Pilarica.

Y en estas que llega a Jaén el teniente coronel Almiñana. Cuatro generaciones de guardias civiles en la familia lo contemplan. Se le nota a Almiñana que le va lo militar. Ya lo dejó claro el día de su toma de posesión. Y en la Fiesta del PIlar de este año lo ha confirmado. La Comandancia se llenó de espíritu castrense, que dirían los cronistas clásicos. Ahí va una foto de Francis J. Cano de uno de los momentos más sentidos del acto, la ofrenda a los caídos.

El 12 de octubre fue un año más fiesta en todos los cuarteles de la Guardia Civil de España. En los 67 de Jaén, también. Sin artificios, sin imposturas. La Pilarica y los civiles, el pincho de tortilla en el patio del cuartel y el vino español con el cura del pueblo, el alcalde y las fuerzas vivas de la localidad. En Jaén tiraron la casa por la ventana en un hotelazo. La Pilarica triunfa de nuevo. ¿Quién se acordó ayer del 165 aniversario? ¿Y de Rubalcaba?

La imaginación al poder

Hace ya unos días hablábamos de la imaginación de un grupo de traficantes de drogas, que impregnaban ropa con cocaína para mandarla en paquetes postales a un chaval de Jaén. Sorprendente. Pero aún hay quien ha ido más lejos. La Guardia Civil ha cogido a un tipo que tenía una plantación de marihuana cerca de Jaén. Debía saber que la Benemérita tiene un ‘pájaro’ (así llaman al helicóptero) con el que los civiles se pueden ‘asomar’ a su patio y ver sus plantitas, como están haciendo en muchos pueblos. Así que decidió camuflarlas. Disfrazó las plantas de marihuana con flores de colores. Auténtica ingeniería botánica al servicio del vicio porrero. Ahí van las fotos, cortesía de la Guardia Civil (pusimos una en el periódico, pero como salió en blanco y negro no se apreciaba la finura del invento).

Solos

Los jueces van el jueves 8 de octubre a la huelga. Algunos jueces. La asamblea del martes demostró que hay división de opiniones entre sus ilustrísimas. Los que vayan, irán solos a las barricadas. No tienen el apoyo de colegas de toga ni de ninguno de sus compañeros de juzgados (ni secretarios ni funcionarios, que cuando debatieron en primavera sobre si apoyarlos resolvieron que lo que tienen que hacer sus señorías es aprender a manejar los ordenadores y medios que tienen a su disposición y dejarse de rollos).

Me parece a mi que los jueces, algunos jueces, tienen ya perdida la huelga. Puede que paren los juzgados (algunos juzgados, ya que el hecho de elegir un jueves -día de pocos juicios- resta potencia a la protesta aunque ahorra molestias al ciudadano), pero de cara a la opinión pública lo tienen crudo. Pase lo que pase, el Régimen ya machaca a los huelguistas, convocados por la mayoritaria Asociación Profesional de la Magistratura: que si son el brazo armado del PP en los tribunales (se evita la alusión directa con el eufemismo ‘conservadores’), que si se han quedado solos en la protesta mientras que otras organizaciones han considerado razonable lo alcanzado, que si el gobierno ha cumplido con el incremento de jueces y fiscales prometidos…

Hoy mismo la consejera de Justicia Begoña Álvarez les dice en una entrevista en IDEAL que son unos impacientes. Va ser lo más fino que les digan. Como si no hubiera ahora mismo en los juzgados casi 10.000 asuntos pendientes de solución y más de 16.000 sentencias ya dictadas aguardando ser ejecutadas. Y creciendo. Ahora sus señorías van a conocer la maquinaria del Régimen. Lo primero que se siente es que está uno solo. Muy solo.

Conspiraciones policiales

Por si alguien no se había enterado de que este verano algunos mandos policiales intentaron cargarse al comisario Daniel Salgado, ayer él mismo y el subdelegado Calahorro se encargaron de airearlo. En la celebración de los Santos Ángeles Custodios, un día de fiesta policial.

Este verano (con el comisario de vacaciones), cinco funcionarios (algunos de ellos con mando en plaza) se reunieron con un alto cargo llegado de la jefatura superior de Granada. Hubo quien vio fantasmas del pasado al conocer la nómina de aquel encuentro, y recordó los tiempos del comisario Aguilera. A Salgado lo pusieron de vuelta y media. Por cuestiones profesionales y, me insisten, por otras que no lo son tanto. Calahorro acudió raudo a defender al comisario, al igual que hizo el sindicato mayoritario en la Policía en representación de la plantilla (de los que se parten la cara a diario en los coches patrulla y en las brigadas de investigación). Algo tendrá Salgado cuando lo bendicen por arriba y por abajo. Parece que la conjura ha quedado en nada. Parece. Estas cosas siempre desgastan.

En los discursos institucionales, el comisario habló de problemas “dentro y fuera” de la comisaría, los obstáculos que han puesto “unos pocos” contra el esfuerzo de “la mayoría”. Calahorro se hartó de echarle flores al comisario Salgado y de mostrarle su apoyo. Tanto que llamó la atención. Por las caras, tres cuartas partes del auditorio no sabían de qué les establan hablando, aunque luego, a la hora de las cervezas, todos acabaron convenientemente ilustrados. Dos de los ‘conspiradores’ estaban en las primeras filas del auditorio. Para ellos, era día de tragar quina. Los otros tres ni aparecieron por allí. Los discursos estaban dedicados a ellos. A las conjuras policiales. Por más que Calahorro mostrase su faceta más paternal. “Pelillos a la mar”, aconsejó al comisario.

La conspiración amable de la jornada fue la del comisario Salgado, que se encargó de dar una pequeña sorpresa a Curro Martínez Sabina, que se jubila después de una vida de uniforme.

Lo de José Mariano Olivares en Andújar no ha hecho nada más que empezar. Ayer dio una muestra del repertorio de la casa. El mando policial considera la ciudad iliturgitana “la reserva espiritual de Occidente”. Que se pase por el Polígono Puerta de Madrid.

Baile de jueces

El Consejo General del Poder Judicial ha elegido a Lourdes Molina como nueva presidenta de la Audiencia Provincial de Almería. Pierde Jaén a una gran magistrada con más de veinte años de profesión a sus espaldas. Una serrana (de Beas de Segura) por los cuatro costados. Por lo que parece, en Almería la elección ha sentado nada más que regular. Los otros cinco candidatos eran de la tierra. Y eso de que les llegue una de fuera no les ha gustado nada. Andan revisando el historial de Lourdes Molina hasta por el canto, a ver si pueden aún echar el nombramiento para atrás.

Por más que se cabreen los togados almerienses, estaba cantado. Lo primero, por los méritos de Molina. Además, aunque todos lo nieguen, la política de los jueces tiene mucho que ver en los nombramientos. Lourdes Molina es la apuesta de las asociaciones progresistas de la magistratura. Se cuenta incluso que mi tocayo el juez Poveda (también progresista) se retiró de la competición para dejarle vía libre. Ella había dado la cara: le peleó a Méndez Lugo la presidencia del TSJA cuando nadie se atrevió a hacerlo.

Hace meses, cuando tocaba designar presidente de la Audiencia de Jaén, ella era una de las favoritas. Tenía reservado en el Coto para celebrarlo. Que Jaén fuese para ella (había un lote de presidencias que asignar) era prioritario para la progresía judicial. No contaban con Pío Aguirre. Él volcó la balanza hacia Elena Arias Salgado, quien según la opinión mayoritaria del mundo judicial jienense era la candidata ideal. Hubo fiesta en el Lechón, y copa de consolación en el Coto. Pero a Lourdes Molina ‘se la debían’. Ya se había presentado hace años a la presidencia de la Audiencia de Almería y se quedó a las puertas. Ahora la plaza era suya. La votación se ha ido demorando hasta que todo ha estado bien atado.

Otro que ha cambiado de destino es Raúl Calderón. El juez errante. Todo un personaje del mundo judicial jienense. Un juez que no deja indiferente a nadie. Cogió el testigo de otro clásico, Cañada Clé, en el Penal 2 (ahora jubiloso magistrado de lo contencioso-administrativo), y se lo entrega a la joven magistrada María del Carmen Carpio. Sangre joven para los juzgados de lo Penal, auténticas trituradoras de carne humana (están señalando ya para noviembre de 2010 los juicios que entran ahora). Que siga el baile.

Mira que estudian

Cada día me asombro de lo que hace la gente para vivir sin doblar el espinazo. Lo último, lo de la ropa impregnada en cocaína que le enviaban desde Argentina y Perú a un jienense. La Policía Judicial aún no sabe ni cuanta droga iba en los paquetes. Se lo dirán los científicos de un labororio de Málaga, donde van a hacer la ‘colada’. Se necesita un complejo procedimiento químico para recuperar la cocaína pegada a los tejidos. Se ve que el dinero que da el negocio de la droga compensa tanto esfuerzo. Más aún cuando los jueces están por la labor: al receptor de los paquetes cargaditos de droga lo han dejado en lilbertad bajo fianza de 6.000 euros, en contra del criterio del Fiscal, que quería que lo enchiquerasen.

Me causa más perplejidad la situación que se vivió el lunes en el Penal 1. Juzgaban a Aarom, un gitano que atropelló a un hombre que hacía deporte por la calle. Aarom jamás había pisado una autoescuela, ni tenía carné, y además iba borracho. El porrazo fue fuerte. La vida del deportista estuvo en grave peligro. Le han quedado secuelas. Pero en el juicio él parecía el acusado y Aarom uno que pasaba por allí. Por arte de birbibirloque jurídico y gracias al Código Penal antiguo sólo tendrá que pagar 2.160 euros, y queda limpio como una patena.

Pero lo que pasase con Aarom, el delincuente en esta historia, no le importaba a casi nadie. Había cosas más importantes en juego que la suerte de un conductor borrachín y sin carné: nada menos que 165.000 euros de indemnización que reclama el deportista tres años después del accidente. Y todos los allí presentes, menos el deportista, coincidían en que, a la hora de pedir, se le había ido la mano. El seguro le puso un detective que lo cogió subiendo en bici a la Virgen de la Cabeza. Así que parece complicado que le den la talegada que reclama. Más bien parece que se quedará con unos 30.000 euros. Pero allí en el juicio pareció que él era el malo de la película, cuando en realidad es el principal perjudicado. Lo de las fotos lo dejó como a Cagancho en Ibros.

Engaños y éxitos

Me contó una vez un tal Miguel, estafador muy reputado en Rus, que a los bancos no se puede entrar suplicándole que le den a uno el dinero. Hay que entrar exigiéndolo, como haciéndole un favor a la entidad por cogerles su pasta. Su estrategia no debe de ser mala, porque le sacó un dineral a una sucursal con un falso boleto de lotería premiada, engañó a medios de comunicación y se las estuvo dando de marqués varias semanas por su pueblo. Fue hace un par de años, en los inicios prometedores de su ya larga carrera de vividor. Ahora, con la crisis, los estafadores están a la que salta. Lo demuestra la estafa inmobiliaria de la Fuente de la Peña. Otro jeta, que ha sableado a doscientas familias de Jaén y que hoy se pasea libre por la calle sin más temor que el que alguno de sus damnificados lo vea y le parta la cara.

La Policía, eso sí, le ha echado el guante al todavía supuesto estafador y lo ha puesto a disposición de la Justicia. Si el juez lo deja libre, ya no es problema de los hombres del comisario Daniel Daniel Salgado. La Unidad de Delincuencia Especializada está que se sale, por cierto. Ya resuelven fraudes y estafas de nivel internacional, con bancos de Oceanía y Estados Unidos implicados, y engaños que se miden en millones de euros.

Difícil verano en la Comisaría. Muchos sapos se ha tragado el comisario Salgado: el follón de Andújar resuelto con la llegada de Olivares a la jefatura, ruido de sables cuando el jefe se fue de vacaciones…Menos mal que ya parece que se ha vuelto a la normalidad: a perseguir a los malos y a llevarlos ante el juez.

Humo, fuego y amor propio

La imagen de arriba la tomó Miguel Yanes, de Guardabosques de Jódar, el domingo por la tarde, cuando la sierra de Las Golondrinas de Jódar comenzaba a arder. Es el momento crítico del tercer incendio de la temporada en los montes galdurienses. El momento en el que se pudo parar el desastre o vivir una catástrofe con vidas humanas sacrificadas al fuego. Se habían quemado ya unas 40 hectáreas. Las llamas trepaban monte arriba. Cerca de la cresta había un camino. El punto ideal donde intentar detener el frente. Si se llegaba a tiempo.

Un retén subió a toda velocidad. Se trataba de llegar antes que las llamas, desbrozar y limpiar maleza hasta donde diese tiempo y aguantar a pie firme con las mangueras y los escobones (a la sombra y sin fuego había ese día 40 grados) hasta frenar el incendio.

Llegaron tarde. Casi al mismo tiempo que las llamas. Atacaron de firme. Con mucha más decisión de la que exige el uniforme amarillo que visten y la nómina que les pagan a fin de mes. Hace quince días los tuvieron diez horas peleando entre los espartales sin una gota de agua fresca que echarse a la garganta abrasada. El domingo había agua, pero estaban rodeados de llamas de más de dos metros, escupiendo humo y maldiciones, conscientes de que se estaban jugando el chaleco para salvar una sierra que alguien está empeñado en quemar.

Un minuto después de tomarse la imagen, el capataz vio que la cosa se ponía fea. Fea de verdad. Que iban a quedar copados por el fuego, que el humo no les dejaba ver ni donde escupían, que los ojos lloraban irritados de impotencia. Así que dio la orden: tirarlo todo y salir por piernas. Justo a tiempo. Las llamas saltaron ya el camino y siguieron sierra arriba. El retén se retiró derrotado. Un puñado de hombres de caras ennegrecidas, callados monte abajo, sin apenas abrir la boca más que para maldecir aquel infierno, y tal vez también a aquellos que planifican el verano desde un despacho con aire acondicionado. Pero seguro que con la cabeza muy alta por la demostración de coraje y amor propio que acababan de hacer.