Humo, fuego y amor propio

La imagen de arriba la tomó Miguel Yanes, de Guardabosques de Jódar, el domingo por la tarde, cuando la sierra de Las Golondrinas de Jódar comenzaba a arder. Es el momento crítico del tercer incendio de la temporada en los montes galdurienses. El momento en el que se pudo parar el desastre o vivir una catástrofe con vidas humanas sacrificadas al fuego. Se habían quemado ya unas 40 hectáreas. Las llamas trepaban monte arriba. Cerca de la cresta había un camino. El punto ideal donde intentar detener el frente. Si se llegaba a tiempo.

Un retén subió a toda velocidad. Se trataba de llegar antes que las llamas, desbrozar y limpiar maleza hasta donde diese tiempo y aguantar a pie firme con las mangueras y los escobones (a la sombra y sin fuego había ese día 40 grados) hasta frenar el incendio.

Llegaron tarde. Casi al mismo tiempo que las llamas. Atacaron de firme. Con mucha más decisión de la que exige el uniforme amarillo que visten y la nómina que les pagan a fin de mes. Hace quince días los tuvieron diez horas peleando entre los espartales sin una gota de agua fresca que echarse a la garganta abrasada. El domingo había agua, pero estaban rodeados de llamas de más de dos metros, escupiendo humo y maldiciones, conscientes de que se estaban jugando el chaleco para salvar una sierra que alguien está empeñado en quemar.

Un minuto después de tomarse la imagen, el capataz vio que la cosa se ponía fea. Fea de verdad. Que iban a quedar copados por el fuego, que el humo no les dejaba ver ni donde escupían, que los ojos lloraban irritados de impotencia. Así que dio la orden: tirarlo todo y salir por piernas. Justo a tiempo. Las llamas saltaron ya el camino y siguieron sierra arriba. El retén se retiró derrotado. Un puñado de hombres de caras ennegrecidas, callados monte abajo, sin apenas abrir la boca más que para maldecir aquel infierno, y tal vez también a aquellos que planifican el verano desde un despacho con aire acondicionado. Pero seguro que con la cabeza muy alta por la demostración de coraje y amor propio que acababan de hacer.

Miedo en el cuerpo

Diego el pikiki sale de la Audiencia minutos después de que un jurado popular le haya declarado culpable del asesinato de Antonio Mallarín. Le van a caer entre 16 y 23 años de cárcel. El mallarín se cagó en sus muertos. Hay leyes que exigen que un insulto así se pague con sangre. Las mismas leyes que ahora lo condenan a él a muerte.

La mirada de Diego no refleja el abatimiento de un hombre al que le esperan muchos años en prísión. Es la mirada del miedo. No a la cárcel, que ya conoce bien: lleva tres años esperando este juicio y ya cumplió seis años por homicidio en 1985. Lo que teme es una posible venganza de los mallarines. Durante toda su vida, dentro y fuera de la cárcel, tendrá que guardarse las espaldas. Sabe bien que la cosa va en serio. En el juicio ha denunciado la desaparición y más que posible asesinato de su hermano Antonio El Tostao. Ojo por ojo.

El que ha salido bien parado ha sido Sebastián M.F., al que el jurado ha declarado no culpable. Ya lo dije durante el juicio: gran defensa la planteada por el abogado Manuel Gutiérrez.

(La foto, que consigue plasmar toda la tensión de la salida de Diego del Juzgado, es de Esther Muñoz)

Cogidos por el rabo

El joven de la foto es Sebastián el pikiki, que espera el fallo del jurado sobre su supuesta implicación en la muerte a tiros de un mallarín en febrero de 2006. Su abogado, Manuel Gutiérrez, ha planteado una buena defensa para sembrar dudas sobre su participación en el tiroteo. Difícil la decisión de los ocho hombres y una mujer sobre su culpabilidad o inocencia. Tras el tiroteo del Madroñal, Sebastián desapareció. Su padre y su hermano Tatín se entregaron. A él lo cogieron más de un año después en Puerto de Santa María, donde se hacía llamar Pedro. ¿Cómo lo trincaron? Por el rabo.

Sebastián entabló en el Puerto una relación con una mujer. La moza tenía pareja. El marido andaba escamado por el picor en las sienes y su dificultad para atravesar puertas sin topar por arriba. Así que puso una cámara de vigilancia en casa. Lo que vio en la grabación le puso los pelos como escarpias: Un fulano entraba en su casa, le echaba mano a su mujer como si tal cosa (y sin que ella pusiera objeción alguna), se metía la mano por los pantalones, sacaba un pistolón, (de los disparan balas), lo ponía encima de la mesa y le decía a la jaca: “Por si viene tu marido”. Con las mismas el hombre llevó la grabación a la Policía, que cruzó datos y descubrió que el fulano era Sebastián, sobre el que pesaba una orden de búsqueda y captura por un delito de sangre. Y acabó ante la Justicia, como muestra la foto de arriba, de Francis J. Cano.

Lo curioso es que en la familia rival de los pikikis hay otro caso similar. El de Nono el mallarín. Antonio M.C., de 28 años. Está actualmente en prisión, a la espera de juicio por la muerte a tiros del portero de una caseta de la feria de Linares en 2008. A éste lo cogieron meses después de los tiros cuando se escondía en la casa de un pariente, cerca del barrio del Cerro, en Linares. ¿Cómo lo trincaron? Por el rabo.

La policía montó un dispositivo especial para entrar en la casa. Trajeron expresamente a seis GOES, especialistas en situaciones de riesgo. Tipos musculosos y entrenados para tirar un muro de un escupitajo. No era para menos, pues el tal Nono es un hombre de gatillo fácil, muy peligroso. Esperaron al amanecer pues sabían que en esa casa era costumbre trasnochar. Echaron abajo la puerta, entraron a saco y llegaron hasta el dormitorio. Allí se encontraron al Nono y a su pariente en plena fiesta con una moza, con menos escapatoria que Mimosín en una cama de velcro, pues todos sus sentidos estaban en la popa que embestía. Le cortaron el rollo bien cortado, según han precisado quienes participaron en la operación. Cuentan que hubo que ponerle unos pantalones antes de presentarlo al equipo judicial que dirigía el registro de la casa.

La fotografía es de febrero de este año, cuando Nono compareció ante el juez Calderón,acusado de dirigir el apedreamiento de la Policía en una redada en el Cerro en 2007. Recusó a su abogado. El juez FRaúl Calderón le echó la bronca por no haberlo hecho antes. “Es que estaba muy liado”, respondió el Nono. Vamos, que ese día no tenía el rabo para fiestas con jueces, por muy jueces calderones que sean.

Los ingenieros también se caen del caballo

A los ingenieros del Ayuntamiento se les encabritan los caballos de vez en cuando y se convierten a la religión verdadera. No es que hayan visto a Dios, como San Pablo, sino al partido que manda. Ahí están los informes del ingeniero de montes que un día dijo negro y al mes siguiente dijo blanco sobre la presa del río Eliche. El primer informe lo hizo por encargo del concejal de Medio Ambiente, José Luis Cano. El teniente de alcalde es lo que se ha dado en llamar político sandía: verde por fuera y rojo por dentro. El informe que él envió a Confederación decía que la presa no se podía hacer sin causar daños “irreversibles” a la naturaleza.

Un mes mas tarde, al mismo ingeniero de montes le cercó una luz fulgurante venida del cielo, cayó al suelo y escuchó una voz que le decía: “¿Por qué me persigues?”. Cuando comprendió que había escuchado la voz del Régimen le metió la motosierra a su informe y le salió que la presa era posible, según comunicó la alcaldesa Peñalver a Confederación. La prueba de que se produjo un milagro es que nadie se ha molestado en dar una explicación racional a semejante conversión. Como donde manda patrón no manda marinero, el informe de la regidora “anula los anteriores”.

No es la primera vez que ocurre. Con el Arche sucedió otro tanto. Aún mandaba el PP y los servicios técnicos municipales decían que el parque estaba listo para cortarle la cinta y ser utilizado como propaganda electoral justo antes de las últimas elecciones. Apenas ganó el PSOE, los mismos servicios técnicos se arrojaron rápido del caballo para decir que el parque estaba hecho unos zorros y que abrirlo era peligro de muerte.

Todavía me viene a la memoria otro caso curioso con técnicos muncipales de por medio, aunque en esta ocasión era un arquitecto: pidió una excedencia y se hizo un sobre-ático ilegal (según sentencia del TSJA) encima de un ático que le había vendido a una pareja de ingenieros (para más inri) en un bloque levantado por una empresa de su familia con proyecto de obras firmado por él mismo. Luego, cuando los ingenieros de la administración pública que tuvieron que pronunciarse sobre cómo demoler el ático ilegal de aquel arquitecto municipal escucharon la misma voz (“¿por qué me persigues?”) y dijeron que no había forma humana de tirarlo. Y ahí sigue, por la gracia de Dios y con una sentencia firme de los tribunales de Justicia de los hombres durmiendo el sueño de los justos.

Y es que veces los ingenieros y los arquitectos también se caen del caballo. Menudos costalazos dan.

El pikiki alabardero

Hace unos días la Guardia Civil nos mandó esta imagen para ilustrar la desarticulación de la guarida de los pikikis en Úbeda, donde se dedicaban al tráfico de drogas y al trapicheo con objetos robados. Ni en Casa Viedma tienen tanta variedad de artículos.

Me llamó la atención el arsenal que tenían esos tipos, bastante bien surtido (aparte de que aceite para todo el año no les va a faltar)

Al principio la mirada se me fue a las escopetas. Y luego las navajas. Hasta que reparé en un detalle en una esquina

¡¡¡Una alabarda y un par de escudos!!! Lo que me faltaba por ver. El pikiki alabardero.

El lunes, juicio contra tres miembros del clan por acribillar a un mallarín en el Madroñal de Linares. Diego el Diablo (ya condenado por homicidio en 1985), su hijo el Tatín (famoso porque se fugó de Salud Mental de Úbeda en un carrito de comida y robó un coche con un niño dentro, entre otras hazañas) y Sebastián (sin antecedentes). La Policía blinda la Audiencia para evitar:

1- que los pistoleros pikikis aún en libertad intenten rescatar a sus tres parientes.

2- que los pistoleros pikikis aún en libertad intenten algo contra los testigos mallarines.

3- que los mallarines intenten algo contra los pikikis

Todos contra todos. A la vista de lo que encontraron en la redada de Úbeda ya no me extrañaría que algún pikiki se intente meter en la Audiencia a caballo, con armadura, escudo y alabarda.

¡Salve, alcaldesa!

A los jienenses les ha entrado la tontuna y se han emperrado en criticar el tranvía. Total, por cuatro atasquillos y unos arbolitos de nada. Pobreticos, que no están disfrutando de un acontecimiento planetario, de un brote verde de los de verdad: por primera vez en la historia, la Junta de Andalucía está ejecutando una obra en tiempo y forma en Jaén.

La alcaldesa Peñalver está consiguiendo lo nunca visto. Ha puesto a la Junta a trabajar a contra estilo. No los ha dejado presentar ni la presentación de que se va presentar el boceto del primer borrador del guión inicial. Ni hacer un concurso de ideas. Ni una maquetilla que ir llevando de barrio en barrio. A más de uno le va a dar un soponcio.

Por primera vez en la historia no hay restos arqueológicos, colectores, problemas técnicos, ni siquiera alguien a quien echar la culpa de los retrasos. (Tampoco ha habido nadie que los haya estado buscando.) Esta tía es una fiera. Por primera vez no hay engañifas ni artimañas. La alcaldesa anuncia proyectos de la Junta, y no deja a los mandamases de la Plaza de las Batallas salir ni en una foto. Eso es lo que hay. La Peñalver les está sacando las vergüenzas a las mentes pensantes de las excusas para marear el Museo Ibero, la Ciudad de la Justicia o el Complejo Hospitalario de Jaén (que antes de acabar con las millonarias obras previstas hace diez años ya está caduco, que tiene narices). Pensar excusas durante diez años debe ser una tarea agotadora. No deja tiempo para hacer nada. Hasta que llegó la Peñalver, y demostró con una obra de más de 70 millones de euros gestada en año y medio la monumental tomadura de pelo de la Junta a Jaén durante las dos últimas décadas.

Con la tontuna de los atascos, los jienenses no se están dando cuenta de todo ésto. Los árboles no les dejan ver el bosque. Por eso, que ruja la motosierra. ¡Salve, alcaldesa!

Puertas al hambre

Se ve que con los años el subdelegado Calahorro le ha cogido querencia al orden y la ley. Atrás quedaron los tiempos de juventud y utopía. A día de hoy, no soporta verse en los periódicos junto a las palabras ‘avalancha’ e ‘inmigrantes’. Así que se ha metido a cerrajero. Quiere ponerle puertas al hambre. Apañado va.

A la próxima campaña de aceituna vendrán miles de inmigrantes. Con y sin papeles. Todos con hambre. La crisis se ceba con ellos. Jaén es tan buen sitio para arrastrar su miseria como otro cualquiera. Las autoridades se devanan ya los sesos para evitar imágenes tan lamentables como las del invierno pasado, con centenares de personas durmiendo al raso a bajo cero.

Si tan claro está que no se necesita mano de obra en la provincia (resulta obvio con 50.000 parados) más vale que se prepare un buen sistema de ayuda humanitaria. Venir vendrán miles. Con posiblidades reales echar unos jornales, sólo unos pocos. Tipos que se han jugado la vida en una patera no van a pensárselo ahora sólo porque Calahorro diga que habrá un “control total” para los sin papeles. Mejor prepararse para atenderlos con la mayor decencia posible. Porque no se le pueden poner puertas al hambre.

Putas fuera

Clamor en Elche para echar de un bloque de vecinos a unas prostitutas. Han engalanado sus balcones con pancartas y sábanas. En dos palabras: ‘Putas fuera’. El propietario del establecimiento de ‘masajes’ (eso dice él, al menos) se defiende: No es que molesten, sino que unas vecinas vieron a un vecino salir de allí, y quedaron mosqueadas de que sus maridos tengan la tentación tan cerca. Vamos, que en lo que dicen que van a sacar al perro se desfogan con las vecinitas y luego en casa dicen que les duele la cabeza.

En Jaén somos más finos: propietarios de un residencial de la Avenida de Barcelona han decidido en asamblea poner en manos de un abogado la situación de un piso donde ‘reciben’ unas simpáticas señoritas (digo yo que deben de ser simpáticas por las muchas visitas que tienen). Los vecinos no quieren escándalos públicos. Quieren que sea un juez el que arregle el asunto. Que obligue al propietario a echar a las señoritas, argumentando que no hay un alquiler en regla (se habla en el vecindario de rentas de más de 800 euros mensuales, pero con menos papeles que una liebre).

Elche y Jaén. Cambian las formas, pero el mensaje es el mismo. Putas no. No en mi bloque, quiero decir.

Los de 'la Trece'

Me hubiera gustado estar el sábado en Linares para echar un rato con los policías de la Décimo Tercera Compañía de Reserva General de la Enira. Los de ‘la Trece’, para los amigos y para muchos que no lo fueron tanto. Me hubiera gustado escuchar sus historias de viejos antidisturbios de la transición (la compañía funcionó entre 1974 y 1992), curtidos en mil batallas, en mil tornillazos disparados con tirachinas a diez metros, en ese zumbido -esa vibración en el aire- que sólo tiene la pedrada que va directa a tu cabeza, en el olor de la ropa y la carne quemada por cohetes y artilugios caseros que tenían a bien dedicarles progres de los sententa por las calles de Madrid, los batasunos de los ochenta en las batalla campales en el Puente de Deusto o frente a la central de Lemóniz, los desesperados trabajadores de los astilleros de Vigo o los santaneros a los que ponía en la puta calle el demonio amarillo aquel de ‘Saito’. Difícil papel el de aquellos policías, visto con treinta años de perspectiva. Habrá quien diga que fueron el brazo armado del régimen. Lo cierto es que cumplieron igual a las órdenes de gobiernos democráticos. Algunos de los que se hartaron de correr delante de ellos en los setenta, con las costillas bien medidas de un gomazo, les ordenaban en los ochenta que cargasen y saliese el sol por Antequera. Y los de ‘la Trece’ a lo suyo. A ganarse el pan. A repartir. Y a taparse, que nunca se sabe. En casi veinte años, pocos fregados hubo en España que mereciesen tal nombre en los que no estuviesen ellos, dando o recibiendo. Que de todo hubo.

“Eran otros tiempos. Tiempos difíciles”, me cuenta uno de esos funcionarios, ya jubilado. Ahora lleva una cobranza de asuntos funerarios, y se me antoja tan apacible y campechano que no se me hace verlo hace treinta años, con el uniforme gris o beige de otros tiempos, dando estopa. Tiempos en los que la orden del inmediato superior resultaba ser muy frecuentemente la de leña al mono, y se ejecutaba sin concesiones a la galería. Con profesionalidad. Abajo la visera del casco, bien embrazado el escudo, listos los botes de humo y las pelotas de goma. Y la porra en alto y buscado un costillar que acariciar. “No es algo que se cuente con alegría, eran otros tiempos”, me insiste el policía.

Esos policías saben bien que la debilidad se paga cara. En carne propia o en la de un compañero, que duele casi más. Así que, una vez dada la orden de cargar, el que se dejase a sus espaldas cualquier persona, animal o cosa que fuera capaz de andar, de lanzar una pedrada o empuñar una barra de hierro ponía en peligro a toda la compañía. Lógicamente, no daban lugar. Fuesen progres, batasunos o santaneros. Los de ‘la Trece’ nunca se metieron en quién daba las órdenes o por qué. Aquello no era asunto suyo. Hicieron su trabajo y punto.

Curiosamente, la base de ‘la Trece’, el poblado de la Enira en la Estación de Linares-Baeza, tiene ya luz verde del Gobierno para convertirse en lugar de entrenamiento para antidisturbios de toda España y campo de prácticas y maniobras conjuntas para policías extranjeras. De hecho, ya lleva años cumpliendo esa función. Yo mismo estuve allí hará más de un lustro, cuando la Policía se preparaba para tundir a palos a los antiglobalización en una cumbre internacional en Barcelona. Hasta nos dejaron a los chicos de la prensa tirar pelotazos de goma. Son otros tiempos. Ya no se habla de leña al mono sino de maniobras disuasorias, avance preventivo y otros eufemismos, que parece que vayan a repartir besos en la boca a la concurrencia y a darle pecho a los niños. Pero no creo que haya mucha diferencia cuando un antidisturbios de hoy se cala la visera del casco, embraza bien el escudo, levanta la porra y echa a correr en línea con sus compañeros respecto al trabajo que hacían aquellos tipos de ‘la Trece’. Aunque son otros tiempos.

Inercia

Los análisis de los resultados de las elecciones me ponen mareoso. No los entiendo. Si unos han ganado y otros han perdido, ¿cómo puede ser todo tan complicado? En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española he encontrado un concepto que puede ser de utilidad a mentes sencillas como la mía. Inercia.

Incercia: flojedad, desidia, inacción. Incapacidad de los cuerpos para salir de un estado de reposo, para cambiar las condiciones de su movimiento o para cesar en él, sin la intervención de alguna fuerza.

El concepto incercia explica la abstención. Y el descalabro del PSOE en estos tiempos de crisis. Y la sangría de votos que ha tenido en graneros tradicionales como Andalucía. Y la clave del comportamiento de buena parte del electorado rural andaluz. Y por qué Arenas no se va a comer un colín en esta tierra. Inercia.

¡Diablos! He caído mi propia trampa. El mismo dato objetivo (la definición de incercia) me sirve para decir una cosa y la contraria. ¿Parezco Paco Reyes y García Anguita todo en uno? ¿Me estaré volviendo un sesudo exégeta? ¿Tendré síndrome de tertuliano? ¿Me habré dejado llevar por la incercia de Miguel Ángel Rodríguez, Enric Sopena, Carlos Carnicero o María Antonia Iglesias? Ahora resulta que el concepto incercia no aclara nada, sino que vale para todo. Es el ‘cillig bang’ de los analistas.

Ya puesto en el papel de analista, no me resisto a comentar algunos detalles que me han llamado la atención:

-En los anuncios de campaña del PSOE he echado en falta a la guardia mora junto al cura y al neonazi. Le hubiesen dado un toque intercultural muy progre, a lo alianza de civilizaciones.

-La línea dura comunista pasea la momia de Lenin por la plaza de los pueblos, y castiga a las opciones menos dogmáticas (leáse la línea de la capital que lidera José Luis Cano).

-22 personas (o lo que sean) han votado en la provincia la lista pro etarra a la que dejaron presentarse a los comicios.

-Ojito a Unión Progreso y Democracia.

-El PA del domingo pasado está ya casi al nivel del Partido del Cánnabis de hace cinco años.

Por cierto, ¿para qué se votaba? Eso sí que es inecia.