Crispín, de botellón en 'lo negro'

En Baños de la Encina aún se relamen de gusto tras el rodaje del Capitán Trueno. Del rodaje, concluido el miércoles pasado, quedan los cachivaches que se han dejado los de la película en el patio de armas (los turistas se fotografían en el cepo donde arranca la película Manuel Martínez, Goliat), unos moros de mentirijilla que vigilan las almenas y muchos recuerdos. Todo el mundo tiene una historia que contar referida a los artistas, a la película, al mundo del cine. Baños es el nuevo Hollywood jienense.

En Baños, me dicen, se ha rodado los diez primeros minutos de la película. Supuestamente la acción transcurre en Tierra Santa. Goliat está en un apuro: los moros lo tienen preso y van a rebanarle el pescuezo. Para verdugo eligieron a un gachón de Baños que, aseguran los que lo conocen del pueblo, tiene cara de mal genio (de él se dice que en una riña le arrancó la oreja a un contrincante). Cuando todo parece perdido irrumpe en lo alto de la torre del homenaje del castillo (la almena gorda) el Capitán Trueno, se lanza en tirolina, rescata a Goliat con la ayuda de Crispín y entre los tres muelen a palos a todos los moros del contorno. Acción y adrenalina para lucir el castillo de Baños (hasta hace unos años, considerado el más antiguo de Europa a tenor de una placa de Al-hakan II supuestamente del 968 aunque ahora se piensa que mal traducida y que señalaba una fecha algo posterior).

Del paso de los artistas por el pueblo, lo más comentado es la afición que le tomó Adrián Lamana (Crispín en la película) a ‘lo negro’. Así llaman en Baños a la zona donde van los jóvenes a hacer botellón (no hay farolas ni luces, así que ‘lo negro’). Iba allí con el especialista que sustituye a Peris Mencheta (Capitán Trueno) en las escenas de acción, y se les iban las horas a la luz de la luna. Más de un bar y más de dos han cerrado los artistas y los del equipo de rodaje, aseguran. Y todos los que han podido compartir un rato con Manolo Martínez (Goliat) se han partido de risa. De las mozas que dejaron prendadas, ni media palabra. Pero a alguna se le escapa un suspiro.