Un invierno al raso

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La noche va cayendo y alguien echa más leña a la hoguera que arde a la entrada del túnel del ferial. Veintiocho personas se preparan para dormir allí, todos inmigrantes africanos según el recuento de un voluntario que se ha acercado para llevar comida caliente y algunas mantas. El túnel es al menos un techo. Pero multiplica los efectos del viento, que en Jaén sopla feroz por las noches. Y con el viento muerde el frío. “Entra por  los pies y se te mete por todo el cuerpo”, aseguran quienes han estado con los inmigrantes. En torno a la hoguera varias personas se arremolinan, intentando entrar en calor. Hay que aprovechar todo el calor. Más en un invierno como éste. Y más aún si se pasa al raso. El del túnel del ferial ya no es desde hace semanas un campamento de jornaleros sin esperanza. Es un asentamiento estable, como varios más que se han ido levantando en Jaén en los últimos meses. Más de medio centenar de personas para el invierno a la intemperie, entre chapas y cartones.
A poca distancia de los 28 del túnel, también en el entorno del Ferial, otras 14 ó 15 personas pasan la noche en chabolas de cartón en el muro a la espalda del albergue de transeúntes. Todos africanos también.
Tanto en el túnel como en el muro del albergue hay gente viviendo desde finales de octubre. Desde que acabó la feria. La aceituna apenas si tiene que ver con su presencia allí. Prácticamente ninguno pudo encontrar trabajo, ni echar un jornal. Tampoco tenían casi esperanzas de conseguirlo: no tienen papeles. Están en Jaén porque es donde ahora van varado sus vidas. No se van porque no están peor que en cualquier otro sitio donde hayan estado en los últimos meses.
¿Por qué hay cada noche gente durmiendo entre cartones cuando a pocos metros hay un albergue municipal casi vacío? Una persona puede dormir e el albergue tres noches. Después no puede volver hasta pasados seis meses. Todos los de las chabolas han agotado ya sus tres noches de cama, comida y ducha caliente.
Desde finales de noviembre y hasta enero estuvieron abiertos los albergues de inmigrantes. 24 centros en 23 localidades de la provincia con 600 camas a disposición de jornaleros en busca de trabajo. Otros años los albergues estaban llenos a reventar. En esta campaña de aceituna la ocupación media no alcanzó el 30%. Sin embargo, el túnel del ferial y el muro tenían una ocupación similar a la que tienen ahora. No son siempre las mismas personas. La calle es el último recurso. Pero todas las noches hay en la zona alrededor de cuarenta personas. Los únicos recursos de los que disponen son los comedores de Cáritas (desayuno en San Ildefonso, cena en San Roque) y la ayuda de voluntarios de organizaciones como Cáritas.
Una persona que sale de voluntario en rondas nocturnas explica que hay otras diez personas localizadas en Jaén que duermen en la calle. En cajeros, en chabolos o en obras. No buscan los campamentos. Prefieren la soledad.
En la carretera de Granada, además, hay otro asentamiento chabolista. Son familias de rumanos que llevan más de un año viviendo en Jaén. Antes se instalaron en el solar del antiguo campo de fútbol de La Victoria, de donde fueron desalojados. Se marcharon fuera del casco urbano, donde levantaron chabolas en un campamento. Por el día están por el centro de la ciudad, pidiendo limosna, o en los polígonos, empujando carritos de supermercado buscando chatarra.

La pena del ‘ahorcaperros’

El juzgado de lo Penal número 1 de Jaén ha condenado a seis meses de cárcel a un vecino de Úbeda que se declaró ayer culpable de matar a una perra y a su cachorro. Los ahorcó para que no le molestasen. Toda la vida de Dios se han ahorcado perros. Sólo que antes no pasaba nada y ahora hay gente que denuncia a los salvajes que hacen cosas así, y la Justicia acaba condenándolos. Hay de fondo un cambio de mentalidad social. Y gente con sensibilidad en los tribunales que no está dispuesta a que comportamientos así queden impunes. Como la fiscal de Medio Ambiente, Isabel Uceda, que ha impulsado varios procedimientos penales contra maltratadores de mascotas, o la magistrada Valle Elena Gómez, que ayer condenó de viva voz al ‘ahorcaperros’ de Úbeda.


Las condenas por malos tratos a animales domésticos aún se cuentan con los dedos de una mano: un hombre que mató con una motosierra a un perro que atacó al suyo, un anciano que intentó ahorcar a un perrillo en los Puentes, éste de Úbeda, y poco más. Aunque hay varios procedimentos más en marcha: contra un hombre acusado de maltratar a un perrillo en Linares, contra una mujer que supuestamente tiró al perro de su vecina por el balcón en Mengíbar, contra un vecino de Cazorla que colgó de una oliva a una mascota y contra un hombre que dejó morir de sed a un perro en una casa de campo. Son apenas la punta del iceberg. Pero ya emerge. El primer paso para la solución de un problema es que sea visible. Y las denuncias de protectoras y la acción de la Fiscalía están poniendo ante la opinión pública a auténticos animales que viven entre nosotros.

 

En la foto de arriba, Leo, un perro supuestamente maltratado salvajemente en Linares por su dueño hasta que lo denunciaron los vecinos. Hoy vive con una familia de acogida en otra ciudad.

En la foto de abajo, Kenia, una perra que sufrió un intento de ahorcamiento, en una imagen de 2011 tomada en las instalaciones de la protectora de animales Arca en Torredelcampo. Habían pasado dos años del ahorcamiento y aún no se dejaba acariciar casi por nadie.

El chapuz farmacéutico andaluz

El TSJA ha anulado el concurso de apertura de nuevas farmacias porque la Junta vulneró derechos fundamentales en su convocatoria. La Junta de Andalucía culpa de este fracaso a oscuros intereses ecomómicos que se confabulan contra ella. No acepta que simplemente va de chapuz en chapuz. No lo digo yo, lo dicen los tribunales de Justicia, que por dos veces le han sacado los colores ya.  La Junta lleva nueve años intentando abrir esas farmacias, 19 en Jaén y unas 380 en Andalucía. En 2004 un tribunal falló que habían hecho un chapuz convocando un concurso por decreto sin una ley que regulase el sector. Ahora, otro juez dice que el chapuz es aún mayor porque vulneran derechos fundamentales de mayores de 65 años a los que no dejan presentarse. Lo peor es que las chapuzas no nos salen gratis. Cada uno de esos concursos anulados cuesta dinero al contriuyente. Y hacer las cosas mal ha impedido que se creen alrededor de mil puestos de trabajo, según estima la propia Junta. Y digo yo que no estamos como para permitirnos esos lujos.

Puedes escuchar este comentario, que se emitió en La Mañana de Cope Jaén el martes, pinchando aquí
A partir del minuto 9,40

No supieron vivir de otra manera

 

La compañía de honores arranca apenas empiezan a sonar los acordes de “La muerte no es el final”. Muchos cantan con un nudo en la garganta, mientras que los compañeros avanzan con paso marcial hacia el lugar donde depositarán la corona de laurel en memoria de los compañeros que murieron en acto de servicio. Es el homenaje a los caídos que se hace en todos los actos castrenses. Un ritual que se repetirá también durante los actos de homenaje a la Guardia Civil que tendrán lugar esta semana en Jaén. Para los 1.200 guardias que sirven en la provincia no es un recuerdo en abstracto. Seis compañeros perdieron la vida en los últimos años por hacerle honor al uniforme verde que vestían. Así que cuando la compañía avance y el conductor del acto comience a recitar la oración, a muchos se les humedecerá la mirada y dirigirán los ojos hacia el cielo.
«Lo demandó el honor y obedecieron …», comienza la oración por los caídos. Enrique Morales Abril (Noalejo, 1968) estaba destinado en el equipo de atestados del subsector de Tráfico de Jaén. A las cinco de la tarde del 16 de diciembre de 2006 recibieron el aviso de un accidente en el kilómetro 59 de la A-316 entre Torredonjimeno y Jaén. Se habían dado un camión y un turismo. Un accidente leve. Enrique Morales fue allí a levantar un atestado. Pero había un carril de la autovía cortado. Había peligro para los conductores por los obstáculos en la calzada. El guardia Morales dio un paso al frente para regular el tráfico para evitar más percances. Un conductor que circulaba por ese carril se lo llevó por delante. Los servicios de emergencias intentaron reanimarlo, sin conseguirlo. Tenía 38 años y una familia que lo esperaba en casa.
«Lo requirió el deber y lo acataron …». Eduardo Puerma Rueda (Castillo de Locubín, 1954, casado y con dos hijos) prestaba servicio al anochecer del 2 de mayo de 2004. Una tarde de perros en la carretera por el mal tiempo. A sus 49 años Puerma estaba considerado un agente experimentado, curtido en lances de carretera. Servía en el puesto de Campillo de Arenas. Así que cuando dieron el radio de un accidente en el kilómetro 72 de la A-44, al pie del Puerto Carretero, ya sabía que esa papeleta era para él. En principio, una colisión entre varios vehículos, pero sin mayor trascendencia y sin heridos graves.
Los operarios de la grúa ya estaban en el lugar retirando los vehículos. El guardia Puerma y al menos otros tres compañeros se habían hecho cargo de la situación bajo el aguacero. Caía la noche y la visibilidad era cada vez menor con la lluvia. Un conductor perdió el control al pasar por ese punto, impactó contra otro turismo que salió lanzado contra los guardias y los operarios de la grúa que intentaban despejar la calzada para garantizar la seguridad de la autovía. Cuatro guardias, la conductora del vehículo y los dos operarios de la grúa resultaron heridos. Eduardo Puerma sufrió un golpe en la cabeza fortísimo. Lo llevaron con vida al hospital. Durante diez días se aferró a la vida. Finalmente falleció el 12 de mayo de 2004.
Lluvia y balas
«Fueron grandes y fuertes, porque fueron fieles al juramento que empeñaron. Por eso como valientes lucharon, y como héroes murieron …», continúa la oración que se recita en el acto a los caídos. Los más antiguos en Tráfico la han escuchado mil veces. Siempre jugándose la vida «sobre dos ruedas, entre camiones y coches lanzados a más de 120 kilómetros por hora», explica el guardia Muñoz, un veterano. Desde hace casi una década, apenas caen cuatro gotas del cielo, Muñoz se acuerda de su compañero Carmona Garbín. El 19 de marzo de 2003, el guardia Simón Carmona Garbín (Baños de la Encina, 1954), destinado en el cuartel de Bailén, fue atropellado cuando estaba auxiliando a un conductor a las ocho y media de la mañana de aquel día, en el kilómetro 307 de la A-4 en Villanueva de la Reina. El conductor iba a retirar los triángulos de emergencia. Llovía. El agente vio peligro y decidió ir él mismo. Entonces apareció otro coche que embistió al vehículo de la Guardia Civil. A su vez el coche patrulla arrolló al agente. Murió en la carretera. «Recordarlo te hace estar más atento», apunta Muñoz. Simón Carmona tenía mujer y dos hijos.
«Por la Patria morir fue su destino, querer a España su pasión eterna, servir en los Ejércitos su vocación y sino», se reza cuando la compañía de honores se acerca ya a su destino. Los guardias destinados en La Carolina tienen siempre presente lo que ocurrió en la madrugada del 13 de junio de 1998. Ese día mataron al guardia Francisco Manuel Sáez Santiago (Linares, 1961). El único de los seis fallecidos en la provincia que murió por arma de fuego, y no por accidente de tráfico. «Eran los Mundiales, el día del primer partido», recuerda un veterano. Un coche con matrícula francesa despertó sospechas en la A-4 en Despeñaperros. «Tomaron sus medidas. A Sáez le tocó identificar al conductor. Lo bajó del coche y lo estaba cacheando. Cuando llegó a las botas el tipo le empujó y sacó de allí una pistola». Habían parado a Albert Bacquet, al que no le tembló el pulso para pegarle un tiro en el corazón al guardia Sáez Santiago -que murió en el acto- y disparar cinco veces a bocajarro contra José Sevilla Ibáñez, quien salvó la vida. Los informes de la Guardia Civil indican que con su último aliento Sáez Santiago «alertó a los demás compañeros de patrulla y con ello evitó que hubiera más muertes».
Bacquet fue detenido junto con un varón español y dos hermanas colombianas que viajaban con él, ya en la provincia de Ciudad Real. Fue condenado a 30 años de cárcel.
Desde la Academia
«Nuestra ilusión ser pronto Guardias, y a la patria poder siempre servir, siempre quererla y siempre amarla, defendiéndola hasta morir». La letra la aprenden todos los guardias que sirven en España después de pasar por la Academia de la Guardia Civil de Baeza. No son palabras vanas. No mientras haya guardias civiles como lo fue Antonio González Rodríguez-Sánchez. El 13 de octubre de 1996 en el kilómetro 258 de la A-4 un coche se quedó averiado en la mediana. Acudió al auxilio desde el destacamento de Bailén el brigada Antonio González, de 47 años, casado y con dos hijos. Llovía. Un turismo perdió el control y se salió de la calzada. El brigada sufrió el impacto del vehículo y perdió la vida en el acto.
El primero de esta lista de agentes que perdieron la vida mientras cumplían con su deber fue el guardia Pedro González. Motorista. Tenía 40 años, mujer y tres hijos. Circulaba por la N-432 en Alcalá la Real cerca de Alcaudete, donde estaba destinado. En sentido contrario venía un coche. El conductor tenía sueño. Invadió el carril de la izquierda. Se lo llevó por delante.
Recuerdo
Pedro, Antonio, Francisco Manuel, Simón, Eduardo y Enrique. Son seis nombres que estarán presentes durante la semana de homenajes a la Guardia Civil en la provincia de Jaén. Especialmente cuando se haga el homenaje a los caídos. Cuando la compañía de honores llegue al lugar del homenaje, donde arde la llama eterna, cuando la corona de laurel se deposite con mimo ante el pedestal y la oración llegue a su final: «No quisieron servir a otra Bandera, no quisieron andar otro camino, no supieron vivir de otra manera».

 

«Mi padre fue el segundo»

Una exposición sobre víctimas de terrorismo en la Guardia Civil abre la semana de homenaje al Instituto Armado

JAÉN. De lejos es un panel con fotos carné. Más cerca se distinguen los rostros, algunos con recios bigotes, las miradas frescas de jóvenes recién salidos de la Academia de Baeza, el semblante más ceñudo de los mayores. Son los rostros de 224 guardias civiles asesinados en actos terroristas. Nueve de esas fotos son de guardias civiles con raíces en la provincia de Jaén. «Mi padre es el segundo, dice María Dolores señalando la foto vecina a la del guardia Pardines, la primera víctima de ETA reconocida. El siguiente en la lista es Dionisio Medina Serrano, que murió el 7 de marzo de 1971 en un atentado en Barcelona reivindicado por el Frente de Liberación de Cataluña. «Estaba destinado en Barcelona. Fue en un edificio de la Agencia de Recaudación de la Diputación, de la calle La Sagrera, 42. Habían puesto una bomba en una ventana, y le alcanzó de lleno», explica María Dolores. El guardia Medina -vinculado a la aldea de La Rábita (Alcalá la Real) aunque con raíces en Priego de Córdoba- dejó una viuda de 26 años a cargo de una niña de 4. «Va a ser una semana pródiga en emociones», dijo el subdelegado del Gobierno, Juan Lillo, al inaugurar la exposición “La Guardia Civil, escudo de la democracia frente al terrorismo”. El primero de los actos del Homenaje a la Guardia Civil que se celebra en Jaén hasta el próximo viernes rebosaba ayer de personas emocionadas.
Luis y Natividad se apoyan en su hija Rafi y buscan entre las fotos de víctimas de finales de los 80. Al llegar al 9 de septiembre del 87 las miradas de los tres se clavan en la imagen de un joven que posa con gesto serio. Manuel Ávila García. Tenía 22 años. «Fue en Gernika, un coche bomba. Ya habíamos oído la noticia en la radio. Vino a casa un guardia a decírnoslo», recuerda la madre. La familia es de Mures, otra aldea de Alcalá. Manuel y un compañero patrullaban de paisano en un coche sin distintivos cuando vieron un coche sospechoso a 50 metros de la casa cuartel. Cuando se acercaron, activaron la bomba con un control remoto.
Un veterano guardia musita una oración con la vista fija en otra de las fotos. Es la de Antonio Nieves Cañuelo. «Su padre también era guardia, de Marmolejo. Fue en Sondika, en el aeropuerto de Bilbao», dice el veterano. El 8 de agosto de 1979 ametrallaron el Land Rover con el que patrullaba por las pistas del aeropuerto. «Ese día no le tocaba trabajar, le cambió el turno a un compañero para hacerle un favor», dice el viejo guardia, que explica que ha asistido a varios entierros de compañeros muertos en actos terroristas. Hay constancia de nueve guardias jienenses fallecidos y otros 16 heridos.

Estos dos artículos fueron publicados en IDEAL a finales de septiembre de 2012, en la semana de homenaje del Círculo de Amigos de las Fuerzas Armadas a la Guardia Civil de Jaén. Los he recuperado con motivo del Pilar.

Tú dirás si quieres que te cuenten cuentos (I)

El día 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Prensa, los periodistas de Jaén salimos a la calle bajo el lema “sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia”. Lo que pasará en el parque de La Victoria será poco más o menos ésto: nos juntaremos unos cuantos colegas, maldeciremos el estercolero en que han (y hemos) convertido la profesión, haremos recuento de bajas, nos contaremos batallitas para darnos pisto (no hay reunión de periodistas sin batallitas), el presidente leerá un manifiesto y nos iremos a casa un poco más reconfortados por el calor mutuo, pero igual de arrastrados que llegamos.  De ti depende que eso no sea así, sino que la concentración suponga algo más.  Tú dirás si quieres enterarte de verdad de lo que está pasando, o quieres que te cuenten cuentos.

Tú dirás si quieres que haya moscas cojoneras husmeando en el pleno del Ayuntamiento de tu pueblo, o en el juzgado, o dispuestos a iluminar la cara B del BOJA. Profesionales que pongan en entredicho los comunicados oficiales y quieran desbrozar el lenguaje administrativo para contarte cómo te la están clavando. Que echen las cuentas de los muertos en esa curva maldita por la pasan tu mujer y tus hijos camino del colegio y te digan quién es el fulano que pasa de arreglarla. Tíos que te cuenten cómo se los han llevado calentitos los sinvergüenzas y los corruptos. Y que hagan públicas las historias de los cojones que tiene la gente decente para salir adelante, que señalen con el dedo a los enchufados, que te expliquen quién es ese jienense que posa al lado de Obama, que le canten al mundo las maravillas de esta tierra … Y que lo hagan le pese a quien le pese. Tú verás si quieres que haya periodistas. Y que hagan periodismo. “Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia”. Con hambre no hay periodismo. Con miedo no hay periodismo. Puedes echarnos una mano. Y echártela a ti mismo. Tú dirás si quieres que te cuenten cuentos. O que te cuenten lo que está pasando. Tú dirás si las empresas periodísticas pueden salir de la crisis que las tiene fritas despidiendo periodistas y haciendo peor periodismo o si merece la pena que intenten sobrevivir mejorando su producto y con periodismo de calidad. Con las redacciones vacías no hay periodismo.

La Asociación de la Prensa de Jaén ha convocado una concentración a partir de las dos de la tarde en el Parque de la Concordia (antes de la Victoria). Puedes apoyar a los periodistas de tu provincia asistiendo. Aquí dejo las razones  por las que la asociación considera necesario que tú estés allí (son las mismas para toda España, pues hay actos ese día en casi todas las provincias).

 

Diez razones por las que los periodistas de Jaén nos concentraremos el 3
de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa

1. Porque somos periodistas y nuestro deber es elaborar informaciones
veraces, rigurosas, contrastadas y contextualizadas, no simplemente
rellenar espacios vacíos en los medios de comunicación.

2. Porque no podemos aceptar ruedas de prensa sin preguntas y debemos
acabar de una vez por todas con la estrategia de negar explicaciones a los
ciudadanos #sinpreguntasnocobertura.

3. Porque no queremos ser meros distribuidores de información elaborada por
los poderes políticos, económicos, culturales, deportivos y de cualquier
otro sector.

4. Porque defendemos un periodismo libre de presiones y servidumbres
políticas y económicas que nos devuelva la credibilidad ante la ciudadanía.

5. Porque los periodistas queremos asumir, con todas sus consecuencias,
nuestro papel de garantes del derecho constitucional de los ciudadanos a
una información veraz.

6. Porque demandamos una retribución digna por nuestro trabajo
#gratisnotrabajo.

7. Porque no queremos que puestos estructurales de las redacciones sean
ocupados por becarios y porque nos oponemos frontalmente a la desaparición
de las redacciones de los periodistas experimentados, a los que se
reemplaza con contratos de salarios indignos.

8. Porque queremos que se ponga remedio a la destrucción masiva de puestos
de trabajo que están aplicando los editores en los medios de comunicación.

9. Porque queremos defendernos del intrusismo en nuestra profesión.

10. Porque rechazamos que los empresarios de los medios de comunicación
antepongan los intereses económicos al derecho de los ciudadanos a estar
verazmente informados, obviando los principios éticos y deontológicos de la
profesión periodística.

 

Yo lo que digo es que puedes dejarte caer por allí si no quieres que te cuenten cuentos, sino que te cuenten lo que está pasando.

El viejo soldado

Andan estos días lavándole la cara al monumento de Las Batallas. No es que vayan a añadir figuras de ‘hermanos de la otra orilla’ (como se dice ahora), o hasta al mismísimo Miramolín y un par de miembros de su guardia negra -(perdón, de color) los temidos imesebelen que se ataban con cadenas al suelo que defendían para no poder huir y tener que pelear hasta la muerte- comiéndoles la boca a Sancho ‘El Fuerte’ o el de las Navas y sus guerreros,o varios gabachos pasándole la mano por el hombro a Castaños o a Reding, en plan camaradas. Sería lo que piden los tiempos de lo políticamente correcto (no consta que la ONU autorizase ninguna de las dos batallas en nombre de la paz), pero todavía no hemos llegado a tanto. Lo que están haciendo en el monumento de las Batallas, en lo que se ha bautizado como la plaza de la Concordia, es limpiar el bronce. Quitarle la roña y la mugre a los guerreros que lucharon en suelo jienense. Tierra no sólo de muchas batallas, sino de notables soldados, cuya sola mención en un colegio causaría hoy pavor a los responsables educativos y provocaría desmayos a los redactores de manuales de Educación para la Ciudadanía. Juan Peláez de Berrio fue uno de ellos.
Hijo de hidalgos castellanos asentados en Jaén cuando Jaén era tierra de frontera, Juan Peláez de Berrio se enroló en los tercios del Gran Capitán en las guerras de Italia. Las crónicas de la época lo citan en varias ocasiones, según recogen las investigaciones de Enrique Toral Peñañaranda. Hasta el rey Fernando el Católico, en un despacho, alaba sus gestas en cercos de ciudades “donde se honraba la secta mahometana”, y por haberle echado mano a un duque francés en plena batalla, al que hizo prisionero. Por aquella hazaña,en 1507, él cobró fama al precio de perder media mano, aunque la fortuna que se pagó por rescatar al duque fue a las arcas del Gran Capitán para financiar su guerra. El sino del héroe español.
Las crónicas aún citan a Juan Peláez de Berrio con motivo de otra gesta: la toma del castillo nuevo de Nápoles. Dentro se atrincheraron los franceses. El jienense fue el primero en entrar “y se asió de una almena trepando y estando en lo alto dio voces diciendo ¡Victoria por España!”
La versión más creíble de esta historia (hay varias) es que Peláez de Berrio entró con otros hombres, en un golpe de mano para forzar la entrada al castillo. La sorpresa les falló, y se les vino encima tropel de franchutes. Nada de guiñoles y chistes de dopaje. Arcabuzazos, lanzadas y mandobles de espadas contra ellos, que tampoco eran mancos. “Comenzaron en medio de patio a gritar ¡España, España! y a pelear con grande ánimo con todos los franceses (…) Más como cargaron sobre ellos doscientos hombres de armas de los mejores de todo su campo y con muchos géneros de armas, y nunca pudieron ser socorridos murieron tres. El otro, vistos muertos a sus compañeros, peleó tan valerosamente por vengar la muerte dellos que los franceses le dejaban el lugar, y le abrieron camino por donde salió con seis heridas muy grandes, y los franceses quedaron los más contentos del mundo de verlo fuera del castillo. Éste era paje del Gran Capitán y se llamaba Juan Peláez de Berrio”.
Curtido en mil batallas, regresó a Jaén. Le echó el ojo a una prima suya, Isabel Coello, buena moza casedera. Pero no era un matrimonio deseado por la familia de ella. A otro le fueran con esas, que no a uno que no se arrugó ni ante un duque gabacho ni ante doscientos enemigos en Castil Novo. Juan Peláez dio un buen escándalo cuando se la llevó por las bravas. De aquel matrimonio hubo al menos tres hijos.
En 1522 los restos de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, fueron trasladados al monasterio de San Jerónimo de Granada. Delante del féretro, marchaba un anciano, renqueante de antiguas heridas de guerra pero con paso orgulloso. En su mano, mutilada en batalla, llevaba el estoque del Gran Capitán, con empuñadura de oro y vaina de plata. Las crónicas hablan de él como “un venerable caballero de Jaén, llamado Juan Peláez de Berrio, valeroso soldado que había sido en las guerras de Nápoles y el primero que logró entrar en Castilnovo”. Una historia que desempolvo con motivo del desempolve y limpieza del monumento Momumento a las Batallas de Jaén, que cumplirá en octubre cien años. Y que homenajea no sólo a los héroes de Bailén y Despeñaperros, sino también a hombres como Juan Peláez de Berrio.

(El que quiera saber más sobre esta historia puede leerla en Jaén y el Condestable Miguel Lucas, de Toral Peñaranda).

27.440 euros desde el infierno

A principios de mes escribí un reportaje sobre jienenses en los campos de concentración nazis con motivo del aniversario de la liberación de Mauthausen, uno de los grandes mataderos de este siglo. No salió en la edición digital, así que me pide el cuerpo compartirlo aquí

27.440 euros desde el infierno nazi

Más de 130 nacidos en la provincia murieron en el campo de Gusen tras pasar por Mauthausen, de cuya liberación se cumplen hoy 76 años


JAÉN. Juana Ruiz Fernández, de Aldeaquemada, tiene de su padre la imagen de un mozo con uniforme de militar, con la gorra calada, la bayoneta colgando del cinturón blanco, pantalones bombachos, botas altas y unos ojos que miran fijos a la cámara. Es la única imagen que tiene de él. Se la debieron tomar allá por 1936. Se separaron cuando ella tenía un año, en plena Guerra Civil. Juana no guarda de su padre ningún recuerdo. Sólo conserva de él esa fotografía, en tonos sepia. Éso y 27.440,82 euros que va a recibir de la República de Francia, en concepto de «ayuda financiera en reconocimiento de los sufrimientos padecidos por los huérfanos cuyos padres han sido víctimas de padres de barbarie durante la Segunda Guerra Mundial». Juan Ruiz Vivar fue una de las miles de víctimas de los campos de concentración nazi de Mauthausen y Gusen, en lo que hoy es Austria. Según cálculos del Gobierno de España más de 130 jienenses murieron allí. Y aunque pocos de sus hijos ya octogenarios lo saben, tienen derecho a cobrar una pensión. 27.440,80 euros que llegan desde el infierno de Mauthausen, de cuya liberación se cumplen hoy 76 años.
La Guerra Civil española llevó a Juan Ruiz Vivar (nacido en Aldeaquemada el 26 de junio de 1910) a Barcelona. A Juana y a su hermano Antonio, fallecido recientemente, siempre les dijeron que el comienzo de la Segunda Guerra Mundial lo cogió en Francia. Desde allí legó la última carta a Aldeaquemada: «Mi madre siempre me ha contado que decía que la cosa estaba muy mal allí, y que estaba deseando volver a su pueblo… Y no pudo ser». Más de setenta años después a Juana aún le tiembla la voz al recordar. Durante años es lo único de lo que han tenido certeza en su familia. Más de dos décadas estuvieron sin tener ninguna noticia de Juan. Sólo la incertidumbre más absoluta: «Mi madre lo buscó por todas partes. Ésta foto, la única que tengo de él, se envió también a unos refugiados españoles que estaban en México. Y a otros de Aldeaquemada que estaban en Francia. Se mandó a todos sitios. Y nada».
El 12 de marzo de 1959 la Cruz Roja Internacional, a donde había llegado la petición de ayuda de la familia a través de Cruz Roja Española, encuentra una pista en los registros de los campos de concentración nazi. El 28 de abril de 1960 la familia recibe la confirmación oficial: Juan Ruiz Vivar había muerto en el campo de Gusen, cuatro kilómetros al oeste de Mauthausen, el 21 de octubre de 1942.
El Ministerio de Cultura ha recopilado datos de los españoles que pasaron por los campos nazis en una página web. En la ficha de Juan Ruiz Vivar se explica que fue deportado a Mauthausen (hoy Austria, país que se anexionó Alemania en la Guerra) el ocho de agosto de 1941. En el antebrazo le tatuaron el número 8.761, que consta como «número de prisionero».
La investigadora Pilar Pardo, que busca hijos de víctimas de los campos para que cobren su pensión, explica que los republicanos españoles comenzaron a llegar a los campos de concentración en agosto de 1940 y durante todo 1941. Allí trabajaron en la ampliación de las instalaciones o en la cantera. De la cantera al campo había una escalera. 186 escalones que tienen su leyenda negra. Muchos reventaron allí cargados de piedras. «Cuando ya no eran útiles allí por enfermedad o debilidad los llevaban a Gusen», dice Pardo. No hay constancia de cuando trasladaron a Ruiz. Sólo que murió allí el 21 de octubre de 1942. Gusen era un campo de no retorno. Durante 1941 se trabajó allí de firme para construir la trituradora de piedra más grande de Europa. También emplearon a los prisioneros para hacer una línea de ferrocarril.
41 días juntos en el infierno
Durante cuarenta y un días, Juan Ruiz coincidió en el campo con Manuel Quesada Olmos, nacido en Porcuna el 2 de enero de 1903. Su hijo, Eduardo Quesada, tiene ahora 82 años y vive en Barcelona. Todos los hermanos se buscaron la vida fuera del pueblo. Él sí tiene vagos recuerdos de su padre, que desapareció cuando él tenía siete años. «Cuando empezó la Guerra Civil vino mi padre a medianoche y nos dijo que nos teníamos que ir. Nos llevó a Torredonjimeno, y allí estuvimos hasta que acabó aquello», explica. No puede precisar cuando dejó de ver a su padre. Guarda una carta una carta enviada desde Francia en la que les pedía fotos. «Yo no puedo ir a veros», les decía a su mujer y a sus hijos. Ya no tuvieron noticias suyas hasta hace unos años.
Manuel Quesada Olmos debió de ser de los primeros españoles en llegar a Mauthausen. Consta, según la ficha del Ministerio de Cultura, que fue deportado el 8 de septiembre de 1940. La esperanza de vida en los campos era baja. Un año y un mes después de la fecha de ingreso, el 18 de septiembre de 1941, murió.
Tanto Manuel Quesada como Juan Ruiz convivieron en el tiempo que estuvieron en el campo con alrededor de 150 presos jienenses. Una veintena salió de Mauthausen con vida. Más de 130 murieron. Hay constancia de víctimas de Alcalá la Real (4), Alcaudete (3) Aldeaquemada (1), Andújar (6), Arjona (2), Baeza (1), Bailén (1), Beas (2), Bélmez (1), Campillo de Arenas (1), Cárchel (1), Castillo de Locubín (3), Cazalla de Martos (1), Cequia (1), Escañuela (1), Fuensanta (1), Guarromán (3), Huelma (1), Huesa (1), Ibros (2), Jabalquinto (4), Jaén (10), Jamilena (1), Jódar (2), La Carolina (6), La Guardia (1), La Iruela (1), Linares (9), Los Villares (2), Mancha Real (2), Martos (5), Mengíbar (9), Mesa de Segura (1), Mures (1), Noalejo (3), Orcera (1), Pegalajar (1), Porcuna (3), Puente de Génave (3), Ribera Alta (2), Sabiote (2) Santa Elena (1), Santiago de Calatrava (2), Segura de la Sierra (1), Torredonjimeno (3), Torres (1), Úbeda (1), Vilches (2), Villacarrillo (4), V. de la Reina (1), V. del Arzobispo (3). La mayoría acabó en Gusen. Muchos tenían hijos. Y según Pilar Pardo pocos saben que aún tienen derecho a cobrar un dinero de Francia por haber crecido sin padre.
«Mire usted, a mí me han concedido. Tengo familiares que están con hipotecas y demás. Y mi pensión para que contar. Es un dinero que nos viene muy bien, tal y como está la cosa», dice Eduardo Quesada. Dinero pagado con sangre sobradamente en el infierno nazi.

(El correo electrónico de Pilar Pardo, donde pueden ponerse en contacto con ella todos los interesados, pilar.pardo.v@hotmail.es)

Ensañamiento

TVE considera reabierto el debate sobre el ensañamiento después de que un tribunal no apreciase esta circunstancia en el caso de un homicidio con 37 puñaladas. En Jaén vamos a tener en los próximos meses un juicio con el mismo tema de fondo. Un caso además que estremeció a la opinión pública: la muerte de 26 puñaladas de Fernando Jurado (ex secretario general de UCD, empresario fundador de Aguas Sierra de Jaén y abogado). Fiscalía pide una condena de doce años contra el autor confeso del crimen, y considera que fue un homicidio. No hubo ensañamiento, que hubiese elevado el delito a la categoría de asesinato (penado con más de quince años de cárcel).
La definición que hace el Código Penal de ensañamiento difiere de la acepción del término en el lenguaje corriente. Para que un tribunal aprecie ensañamiento se debe haber «aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido». La tesis que defenderá Fiscalía en el juicio es que el acusado, Antonio Q.G. no se propuso hacer sufrir a Jurado, sino que fue a por él, a matarlo, independientemente del número de puñaladas que le dio. De hecho la defensa intentará convencer al tribunal de que sólo fue consciente de las dos o tres primeras, y que fueron esas las que mataron a Fernando. Luego no hay ensañamiento.
Me queda la duda de si serán capaces de hacérselo entender al jurado que tendrá que decidir sobre este caso. Según suelen explicarle jueces y fiscales a los ciudadanos que forman parte de un tribunal popular que deben apoyarse en su sentido común. Y el sentido común dice que 26 puñaladas son ensañamiento. Aunque a veces la Justicia tiene razones que la razón no entiende.

El recuerdo perfecto

Un vistazo a un escaparate de la calle Campanas de Jaén me ha puesto los pelos de punta. Ahí estaba. Una joya. Lo que todos siempre hemos añorado que nos traigan nuestros conocidos de sus viajes por el mundo: un vaso de tubo con la efigie de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Santo Rostro, los baños árabes, el castillo, la catedral y el escudo de la ciudad con su divisa de ‘Muy noble y muy leal ciudad de Jaén, Guarda y defendimiento de los reinos de Castilla’. Junto a él, platos y campanillas de la catedral, ceniceros del Abuelo, abanicos con toros, un par de camisetas más modernillas y un lapizorro de madera con la leyenda ‘Estuve en Jaén y me acordé de tí’. Objetos imprescindibles para la vida moderna, deseados por gentes de ayer, hoy y siempre. Pero el vaso de tubo resume las esencias de las más rancias tradiciones del souvenir, por encima de la gitanilla y el torero si cabe.
Se echa ahí uno un gintónic y, a cada trago, según se vaya girando el vaso, se deleita uno no sólo con los vapores espirituosos de la bebida, sino ahora con las barbas del Abuelo, ahora con las de venerada Verónica, luego se asoma uno a las almenas del Castillo, o a las lucernarias de Villardompardo, y así se apaga la sed y se queda uno transportado a los misterios más sublimes del paraíso que es Jaén.
Para los incrédulos, ahí dejo una foto. Bien hermosa además.

Jaén romántico

Desolado porque Paulino Plata haya sido llamado para más altas responsabilidades y haya abandonado el encargo del presidente Griñán para elaborar un plan contra los tópicos que nos afligen a los andaluces, me entrego a la lectura de ‘Viajeros americanos en la Andalucía del XIX’, de Antonio Garrido Domínguez y publicado por la editorial La Serranía en 2007. Nada más tópico que Andalucía vista por los viajeros románticos. De camino a Córdoba pasó por Jaén en los años 70 del siglo Samuel Irenaeus Prime (1812-1885), hombre que fue durante 45 años editor del The York Observer, y que dejó escrito lo que sigue:

“Nos encontramos en Andalucía, una de las peores regiones de España. Verdad que es Andalucía, y que el sonido de su nombre es melodioso y sugiere belleza y pastoriles delicias; pero en la provincia de Jaén, en cuya capital nos encontramos cerca, de una población de trescientos sesenta mil habitantes, más de trescientos mil son analfabetos. Como la ignorancia y el crimen se dan la mano, anualmente se contabilizan entre trescientos cincuenta y cuatrocientos asesinatos, y casi los mismos robos. Es un panorama tan sombrío como cierto, al igual que, en cientos de ciudades, el alcalde no sabe leer ni escribir. En Mengíbar nos paramos a almorzar, desayunar, cenar o quiera que se le llame (…)Todavía más complicado era adivinar el nombre del plato que teníamos delante de nuestros ojos. La fuente había sido pollo, pero en un momento de su avanzado estado post mortem, se le había sometido a un baño de salmuera y ahoar nos lo ofrecían para consumir (…) Luego nos sirvieron un estofado. Sugerí que era liebre. Mi compañero pensó que era gato (…) El precio de la comida, que en vano habíamos intentado comenzar, era el mismo que el de muchos hoteles reconocidos de París (…) Empezamos a sentir la languidez del clima. Los únicos árboles eran olivos. Ningún pájaro cantaba para que no creyéramos que era verano. Paramos con frecuencia en pequeñas estaciones, con objeto de dejar y recoger correo. Las cartas y los periódicos estaban atados en paquetes con una cuerda y los entregaba el empleado del tren a un muchacho o a una mujer que los recibía en mano. La corrrespondendia del lugar se le entregaba al tren de la misma mamera. Ni bolsas, ni cajas, ni cerrojos, ni llaves, ni siquiera una leve envoltura para proteger las cartas. Es la forma de hacer las cosas en este país”.

Por Jaén tambió pasó en 1859 James Johnston Pettigrew, de Charleston, que se hizo famoso años más tarde con uniforme azul por dirigir una carga heroíca en la batalla de Gettysburg, en la guerra civil americana, donde recibió heridas que lo llevaron a la tumba. Garrido Domínguez resume lo que dejó escrito sobre la ciudad de Jaén el americano:

“Las viejas murallas trepan por la colina, dando vueltas hasta ganar el Castillo…Tan monumental es su catedral y tan empobrecida y decadente aparece la ciudad que Pettigrew se sorprende de encontrar tal joya arquitectónica en una población que estima de poca importancia”.

Los viajeros del XIX apenas si pasaron por Jaén. Mejor dicho, pasaron muchos, pero sólo éso, pasaron camino de Córdoba o de Granada. Dejaron algunas descripciones muy elogiosas sobre el urbanismo de La Carolina, otras pintorescas sobre los botijos de Andújar, fueron convenientemente asaltados por bandoleros en Despeñaperros (se ve que era poco menos que uno de los atractivos turísticos que venían en el programa, y que serán motivo de otro post) y poco más. Los muy románticos perdían el culo por irse a la Alhambra o a Sevilla. Y Paullino Plata aún no había recibido el encargo de acabar con los tópicos andaluces.