El solar y el pisito

Manuel López, concejal de Urbanismo, descolgó el teléfono a primera hora de esta mañana para dar las quejas a la Policía. El arquitecto de la Dirección General de la Policía había visitado el solar del Santa Teresa, donde el Ayuntamiento quiere poner la Comisaría, sin que él hubiera cogido onda. Ya debía tener pensado su brillante discurso: “El PP tiene la culpa, que en doce años no ha hecho nada, que ha dejado la ciudad hecha unos zorros, y nosotros somos unos fenómenos. Bandidos, peperos. Tú más, tú más, tú más”. Debe encantarle oírse decir eso, porque lleva dos años como responsable del urbanismo de la ciudad y raro es el día que no sale en los papeles relatándole al PP el ‘tú más’ apenas le hacen una crítica.
Al Ayuntamiento se le está enquistando el traslado de la Comisaría y de la Comandancia. La Benemérita tampoco parece muy dispuesta. La conjunción de astros que se precisa es tal (una carambola con tres administraciones implicadas, porque la Junta quiere soltar la ruina poligonera del Santa Teresa y coger la perita de Berges, y soltar el vergonzoso hospital de ahora para irse a uno nuevo) que no parece fácil que lo vayamos a ver en los próximos diez años, por lo menos. Pero lo que al Régimen le china de verdad es que le salgan chinches contestonas y moscas cojoneras. Y en el SUP harán unas cosas mejor y otras peor. Pero en tocar los huevos son maestros. Que se lo digan al viejo comisario Aguilera. A mí me parecía un fenómeno, pero los del SUP se emplearon en él y acabaron echándolo (de aquellos polvos vienen estos lodos).
Tampoco es que Manolo López sea manco en esas lides. Ahora van a venir a papa a enseñarle a hacer hijos. Las relaciones de López con la Comisaría son tensas desde hace tiempo. Tuvo un enfrentamiento con el comisario el día de la inauguración del teatro Infanta Leonor (ya está dejando de ser tan nuevo, por cierto). Un malentendido muy tenso. Y los que se miraron a los ojos bajo la lluvia con gesto crispado y el puño apretado no eran precisamente Cicerón y Catón, dispuestos al duelo dialéctico. Saltaron chispas entre el antiguo mando de antidisturbios y el madalenero. Ahí es nada.
Que Interior acepte pulpo como animal de compañía y acceda a mandar a la Policía al Santa Teresa no se ve muy factible por ahora. Que se sepa, el arquitecto de ayer no se fue babeando cuando vio el solar. Y ahí están las opciones del Bulevar o de Obispo Estúñiga. Que el viejo zorro Calahorro se haya mostrado tan cauto cuando se ha pronunciado sobre el traslado debería ser una buena pista de por dónde van las cosas. Sabe mucho Calahorro, el viejo zorro.
Traslado gozoso ha sido el de la Fiscalía y la Sección Tercera de la Audiencia en el Palacio de Justicia. Ayer la delegada María Luisa Gómez (no la pierdan de vista, una de las mejores delegadas del plantel actual de tan bajo perfil) hizo la visita inaugural de unas instalaciones que llevan ya en uso un tiempo a plena satisfacción. Aunque lo que llama la atención a todos no es lo bien que han quedado las obras, sino el pedazo de piso que tenía el presidente de la Audiencia. Más de 300 metros cuadrados de vivienda ahora aprovechados como despachos. La Policía no quiere tantos lujos. Pero sí algo digno. No un pisazo. Pero sí un pisito.

Los conspiradores enchufan el ventilador

Tarde de teléfonos, nervios e intrigas ayer en Arquitecto Berges. Los conspiradores policiales ponen sus cartas boca arriba: ronda de llamadas del responsable local del Sindicato Profesional de Policía, convocando a una rueda prensa para hablar “de lo pasado y de lo que haga falta”. Mayormente, para hablar de su jefe, al que van a poner tupido. Será a la una en el Condestable.

El verano pasado, el sindicato intentó una maniobra contra el comisario Daniel Salgado. En plenas vacaciones del jefe, lo pusieron al borde del cese o la dimisión. Lo pusieron a escurrir ante un alto cargo de la Jefatura Superior, donde Salgado rinde cuentas. La cosa se puso parda para Salgado. Muy tensa. La conjura fracasó. La reacción del subdelegado del Gobierno Calahorro a favor del comisario, y el apoyo del sindicato mayoritario en el cuerpo (SUP) jugaron a favor de Salgado.

La posición de los conjurados (varios de ellos con mucho mando en plaza), se hizo complicada. Muy complicada. Más aún cuando en su discurso institucional del Día de la Policía (2 de octubre) Salgado hizo público el conflicto interno y se refirió a “unos pocos” que, insistió, ponían trabas al buen trabajo de todos. Los cinco que participaron en el encuentro (sus nombres circulaban ya de boca en boca ) con el alto mando de la Jefatura Superior fueron avergonzados en público.

Un mes después, ha llegado la hora de cobrarse cuentas pendientes. Mucho ojo a lo que se diga en la rueda de prensa de hoy. Hay una querella preparada para el que se deslice. A la una de la tarde los conspiradores ponen en marcha en ventilador.