Días de Ferrán y oprobio

 

Puente de la Inmaculada Constitución, una simbiosis civil-religiosa de aires wertianos, como los de ese ministro tertuliano que ha logrado la proeza de que no se hable del récord de paro ni de los brotes verdes bañezicos, a costa de llevar la educación de nuevo al campo de batalla. Rebelión en las aulas de nacionalistas de una y otra bandería. Y Mas, contento. Lograron ponerse de acuerdo en un santiamén y reformar la Constitución para la estabilidad presupuestaria, y juran y ¿perjuran? que la educación es su prioridad, pero parimos otra ley educativa que durará lo que dure este gobierno.

Días de náusea, la hiperémesis gravídica en la realeza embarazada anglosajona, que siempre ha habido clases. Días de Ferrán y oprobio, que los Magos ya han repartido todo el oro. Y los yates. Y hasta los cantones suizos.

«Como el camino es largo, pide el Niño de beber, que los ríos vienen turbios, y no se puede beber».

Días de paro y cuatro jornales de aceituna. Y otra ley económica que se nos cae. Ni la cosecha alivia el invierno más crudo. Antes, por mucho menos, se hacía un pacto, o una Mesa por Jaén. Ahora, sálvese quien pueda, ‘marsans’ el último.

Día de la Constitución, ayer, de grandes palabras. Como las del nuevo subdelegado del Gobierno, inspirado en su estreno: «Una España ávida de consenso, concordia y unidad». Aunque eso es lo que siempre dice quien gobierna.

«¡Ya vienen los Reyes Magos, caminito de Belén..!». O de Bailén, como aquella teoría que situaba el portal entre tejares por el parecido toponímico, ahora que el teólogo Ratzinger sitúa el origen de Sus Majestades en Tarsis, ¿la antigua Tartessos?

Ya vienen los Reyes Magos y habrá que hacerles un hueco. Este año, por ejemplo, vimos más unidad en el acto de la Constitución. Y en el homenaje a Rosario López vimos a alcalde y alcaldesa compartir escenario. Y prolifera la recogida de alimentos y juguetes… Y queda la esperanza de que esto no sea sólo caridad, sino un Estado social y democrático de Derecho (artículo 1).

Antonio Trujillo, un liberal por Jaén

 

Se nos ha ido en el silencio del ruido cotidiano uno de los padres de la Universidad de Jaén, uno de los artífices de sus primeros pasos, igual que lo fueron, y en algunos casos lo siguen siendo, Antonio Pascual, Luis Parras, José González y tantos otros. Antonio Trujillo García presidió el primer Consejo Social (1994-2000), entonces denominado Consejo de Administración, “órgano colegiado de participación de la sociedad en la Universidad”, punto de encuentro entre la principal institución académica de la provincia y la sociedad jienense.

Pero Antonio Trujillo fue mucho más. Fue uno de los protagonistas de la vida socioeconómica provincial durante varias décadas. Un hombre inquieto, emprendedor, lúcido, de preocupación social y el primero al que escuché, en un entrevista que le hice en los noventa, defender en Jaén su fe liberal desde bases teóricas y distinguiendo sus matices: liberales clásicos, socialdemócratas, igualitaristas, economicistas, católicos, agnósticos…

Pacense de nacimiento, llegó a la capital jienense en la década de los sesenta para dirigir la emblemática fábrica de cerveza El Alcázary vivió su traslado a las modernas instalaciones de La Imora, que la convirtieron en una planta de avanzada tecnología y rentabilidad. Presidió la Cámara de Comercio e Industria de la Provincia, así como Cáritas Diocesana, e hizo su incursión en la política animado por Fraga Iribarne cuando en 1977 encabezó la candidatura de Alianza Popular al Congreso de los Diputados. Cuando Cruzcampo adquirió El Alcázar, Trujillo se fue a Madrid de ejecutivo del grupo, en donde tuvo altas responsabilidades, hasta que su jubilación lo devolvió a Jaén.

 Dada su dilatada biografía, su implicación con Jaén y su disponsibilidad, la joven Universidad le confió el Consejo de Administración, con amplias competencias como por ejemplo la aprobación de los presupuestos de toda la institución académica. Durante su etapa se eligió mediante concurso de ideas la imagen corporativa y el escudo de la Universidad de Jaén, se impulsaron los primeros procesos de calidad y también la Fundación Amigos de la Universidad, que no terminó de ver la luz, para pesar de Trujillo, pero que creó una importante base de datos de los jienenses repartidos por el resto de España y el mundo.

Por todo ello, los actuales responsables universitarios y la sociedad jienense en su conjunto le deben al menos que se le recuerde.

La tierra de don Tancredo

Malos tiempos para los videntes. Telecinco acaba de despedir a su famosa Anne Germain y, hace un año, las urnas despidieron al equipo económico de los brotes verdes, ZP incluido. Ahora se aventura el arúspice Rajoy con su vaticinio para 2014, en vísperas de las elecciones, por lo que el riesgo es grande. Como plan B, su partido se afana en invertir la teoría política que hasta ahora decía que era el gobierno el que perdía las elecciones y no la oposición la que las ganaba. Con la inestimable ayuda del PSOE, el PP espera, ‘ora et labora’, que la factura por los recortes sea inferior a la del desencanto y falta de alternativa de los socialistas, y vapulea con la herencia a diestra y, sobre todo, siniestra, a riesgo de convertir el ágora política en el ruedo de Don Tancredo, el torerillo valenciano de fines del XIX que subido a un cajón todo vestido de blanco recibía al toro haciendo la estatua para pasar desapercibido, una forma fácil de no asumir riesgos ni coger el toro por los cuernos.

Así que los debates políticos al uso son a menudo de salón, de ‘tumás’, desconectados de los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa, de las colas del paro y ante el Banco de Alimentos, de los jornaleros sin jornales, de los aceituneros sin aceite, de los desahucios… Y a este lado del Guadalbullón seguimos a pies juntillas este dontancredismo de debates entre políticos, que no POLÍTICOS.

Y en los plenos institucionales, que son los máximos órganos de representación de los ciudadanos, los debates no valen ‘pa na’. Las pocas novedades llegan exhaustas, con los anuncios hechos y las críticas vertidas antes, sin margen para el acuerdo y sólo para el litigio.

A Don Tancredo se la jugaron en Sevilla. Al toro le enseñaron a embestir una sábana y, cuando llegó la hora de la verdad, se lo llevó por delante, con peana y todo y a los sones de un pasodoble. Y eso le puede pasar a más de uno de nuestros próceres, que como siga haciendo la estatua ante los problemas, lo mismo la ciudadanía se lo lleva por delante, con urna y todo y a los sones del Himno a Jaén.