Cuatro la lía en el mercado

¿Quién es el cantante de Nancys Rubias? El dueño de la droguería no tiene ni idea, con lo cual Luis y Remedios, los concursantes jienenses han elegido bien y pueden seguir sumando euros, entre los aplausos del espontáneo público. Ninguno conoce al marido de Alaska, la del ‘terror en el hipermercado, horror en el ultramarinos’, pero han podido comprobar la que se lía en un mercado cuando un programa de ámbito nacional acude a grabar. En este caso ‘Lo sabe, no lo sabe’, de Cuatro, con su popular presentador.

«Nena, que está en Jaén ‘Juanra’ (Bonet), el de ‘Lo sabes’», grita una joven por el móvil sin dejar de mirar la pared acristalada de la cafetería del mercado de San Francisco, en donde los miembros del equipo se tienen que refugiar y, a puerta cerrada, entrevistar a Luis y Remedios, vecinos el Polígono del Valle y elegidos por el programa de televisión entre quienes a las diez de la mañana compraban «en la plaza».

Una multitud los espera a la puerta, la mayoría con la cámara del móvil preparada o con los dedos a dos manos para ‘whatsappear’ o colgar en ‘Face’ o Twitter lo que están viendo. Y para después seguirles durante un recorrido completo al mercado, lo que origina tapones en los pasillos para desesperación del propio presentador-humorista, que pide a los curiosos que no bloqueen el paso, o que luego en el exterior dejen pasar a los vehículos, que se exasperan por la aglomeración, igual que las mujeres mayores con su carrito, que no entienden de barcos ni conocen a Juanra y que se cruzan por delante de las cámaras, entre la irritación de los productores. «El político y sus palmeros», dice un señor mayor apostado y que sólo acierta a ver pasar el enjambre.

Porque hay comentarios para todos los gustos. Como el de una dependienta que protesta porque no conoce el programa cuando el presentador le pregunta y todas las cámaras le enfocan. «Esto se avisa, esto está muy mal organizado», se queja. «Lo que hay que hacer para trabajar en la tele», dice otro cuando Bonet recibe la llamada del ‘Señor Cuatro’ y repite sus conocidas y exageradas reverencias, teléfono rojo en mano, y se le oye su ‘póngame a los pies de su señora, póngame a los pies de su señora…’

Aparece entonces la bufanda roja y llega la hora de la verdad. Luis y Remedios pueden ganar 6.000 euros. Esta vez tienen que elegir a alguien que sepa la respuesta y se deciden por un tendero, Miguel, que sale del mostrador con el delantal de faena. «¡Hombre, Juanra!», saluda campechano. Y Juanra le hace decir a cámara, como al resto de los entrevistados, que autoriza que se le grabe. Y luego, la gran pregunta: «¿Cómo se llama un conjunto de islas agrupadas?». Silencio. Tensión. Expectación en el mercado. Pero Miguel no acierta.

«’Na’ teníamos y ‘na’ tenemos, los pobres qué vamos a hacer, conque tengamos para comer…», se consuela Luis, que reconoce que no ve el programa. «Otra vez será». Y se marcha con las camisetas y el juego de mesa de consolación, «’na’», por culpa de un dichoso archipiélago.

Y por la tarde, el equipo de televisión graba otro programa por el centro de Jaén, esta vez acompañados de un bombero y por otro enorme enjambre de curiosos.

Moisés separando las aguas

Sólo dos de cada diez políticos son honrados. Eso piensan los españoles, según una reciente encuesta. Miro a mi alrededor y busco a esos dos seres acomplejados. Sólo dos. No son muchos, la verdad. Seguro que son más, pero la cosa está como para preguntar por qué siguen confiando en dos. Y tampoco ayuda esa estrategia de los partidos de mirar hacia afuera en lugar de hacia adentro, para advertir a los suyos de que quien meta la mano, se la corto. O se la cortan, por la cuenta que les trae. Porque a este paso, quién se va a meter a político, si por el hecho de serlo ya todos son chorizos. Todos menos dos. Y más difícil con el malestar de seis millones de parados, que acabamos de conocer en este enero que ya no es cuesta de tanto vivir en ella.

No me extraña que Montoro se indigne cuando en sede parlamentaria le preguntan si es sobrero. Pero así están las cosas. Como para venir por Jaén que está el hombre. El día de antes, sin ir más lejos, recibió a los alcaldes andaluces, que acudieron con respiración asistida por la asfixia económica (el jienense además con su rosario devocional de peticiones) y, de paso, es justo y necesario, criticar a la Junta: ‘Me gusta cuando callas porque estás como ausente’, le cantan los populares aunque sea de Neruda.

Aunque el telón de fondo no fueron los majestuosos tapices del ministerio sino la prevista jibarización de las plantillas municipales, a través de la transferencia de competencias a las diputaciones y las comunidades autónomas. Y el siguiente chivo expiatorio: el empleado laboral. Si no, al tiempo.

En el Santo Reino esperan esta reforma de la Administración local para aprobar los presupuestos. Y mientras, en los recovecos del Palacio Municipal parecen vislumbrarse posiciones diferenciadas, entre el veterano García Anguita, que no creo dispuesto a pasar a la historia como el concejal del ERE, y el delfín de Hacienda, puesto ahí para la ingrata tarea de cuadrar las cuentas. ¿Y el alcalde? Pues como Moisés separando las aguas del Mar Rojo: le duele despedir, pero al Ayuntamiento cada vez le cuesta más llegar a final de mes. Aunque ya ha dicho que no le temblará el pulso.

(En la foto, Miguel Contreras y García Anguita, en ambos extremos, y en el centro el alcalde y la edil Rosa Cárdenas)

Por la peana se adora el santo

 

Hasta San Volusiano, Pascuas son, que el viernes intentamos encender después las lumbres que no se pudieron por San Antón. Con la venia, que en Jaén cada vez que colgamos un cartel, le da al cielo por jarrear. ¿La carrera? Bien, gracias. Sólo le faltó nevar. Lluvia, frío y viento a mala leche. Un aguafiestas no lo habría organizado mejor. Sangre, sudor y resfriados. Pero ahí es donde muchos se crecen, acostumbramos por la Historia a correr con el viento en contra. Por eso, quienes se atrevieron, y quienes salieron sólo para aplaudir, brindaron una de esas tardes-noches de gloria, de esas gestas locales que ponen el vello de punta al paso de más de 5.000 atletas ocasionales, chapoteando en cada zancada como si el asfalto fuera la orilla de ‘Carros de fuego’ y los gritos de ánimo su banda sonora.

Y es que la noche de San Antón es de las más hermosas e interesantes del año: esfuerzo, superación, generosidad, confraternización, tradición, música, gastronomía, historia… ¡Cuántos hacen deporte gracias a ella! Noche ‘made in Jaén’ e inyección de autoestima en este invierno duro de mucho paro, de consumo por los suelos, de cosecha finiquitada y de obsceno espectáculo de cuentas suizas, blanqueos, amnistías, áticos, desahucios, mercasevillas e indultados. ERE que ERE. Y de mucho politiqueo de microbús electoral y trasiego de alcaldes y ediles, mientras en los pueblos mendigan, y les regatean, no el pan y la sal, sino las migajas del subsidio y el PER.

Para venir que está Montoro, el ministro al que el alcalde de Jaén pone todas las velas. El único, con Báñez, que puede aliviar las arcas municipales (aplazamiento de la deuda con la Seguridad Social, reajuste del Plan de Ajuste o cesión del Banco de España). Acertó Fernández de Moya mudándose de Sevilla a Madrid. La Junta tiene más competencias, pero si no gobiernas, es como el que tiene un tío en Graná… ¿Barruntó entonces que Arenas no iba a gobernar? Por la peana se adora al santo.

Y hasta después de San Antón, Pascuas son.

Como alcalde vuestro que soy…

Desde el verano pasado se habla de la posibilidad de un ERE en el Ayuntamiento de Jaén y todavía no sabemos la hora que es. Desde entonces, todas las respuestas lo afirman sin decirlo, como si fuera un tabú. Vade retro satanás. Y así seguimos, de exégetas por esas salas de prensa, de rastreadores comanches escudriñando las señales de humo de las declaraciones municipales, como aquellos ‘kremlinólogos’ en tiempos de Nikita Kruschev.

¿ERE? No, «reorganización administrativa», «reducir la administración pública», «simplificación», «eliminación de duplicidades». ¿Despidos? No, pero «plantilla sobredimensionada», «situación insostenible»… La riqueza del idioma español es insondable.

Ni la comparecencia del alcalde en la retreé tras la Epifanía ni el mañanero cónclave sindical han descartado con rotundidad los despidos. Pero tampoco los han afirmado. Ni en maitines ni en laudes. ‘Dios mío, ven en mi auxilio’ (oración de laudes del 10 de enero).

Nadie puede negar la bondad del diálogo, aunque sea con el diablo. Y tal vez sea sincero dado el entendimiento que hubo hace meses. Pero llama la atención este fervor sindical ‘interruptus’, palo y zanahoria, y más después de que el propio alcalde reconociera las diferencias entre los sindicatos y augurara que si no había acuerdo, entraría a resolverlo, como si la factura política de las «medidas impopulares», como las denominan, quisieran que se pagasen a escote.

Diálogo y «con trasparencia», dicen, pero sin desvelar lo sustancial. ¿Contradicción? No, reorganización de significados. Como en el bucle retórico de Pepe Isbert en ‘Bienvenido, Míster Marshall’: ‘Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación; y esa explicación que os debo, os la voy a pagar. Que yo, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación…’ Que anuncia efusivo algo que al final no da.

Más clara es la intención de que el Conservatorio abra en el Banco de España. Como todo alcalde, quiere que sea en su mandato, que para eso lo ha trabajado con Montoro. Y seguro que hasta tiene previsto que la Junta no se lo estropee.

Seísmo en la Universidad

 

Jaén se mueve. Esa era el título de aquella publicación que en los años noventa del siglo pasado intentaba recoger las iniciativas de una ciudad que parecía desperezarse. Ahora más bien Jaén se sacude, y se sacuden, como desde hace tres meses ocurre con los terremotos en La Loma y como sucede estos días entre expertos universitarios por un quítame allá pajas, o esas teorías. Porque nadie las llama hipótesis, que la modestia no es virtud en estos tiempos de crisis y darwinismo social. Casi todos dan por única y verdadera su explicación de lo que está pasando en Torreperogil y Sabiote.

Hasta cinco teorías distintas contabilizo ya: que si se trata de un reflejo de la zona sísmica de la Sierra Sur y viene a corroborarlo el terremoto de anoche en Frailes; que si los sedimentos presionan la corteza terrestre y originan micro seísmos en enjambre; que si el la perforaciones en busca de gas y petróleo fracturan las capas del subsuelo (‘fracking’); que si es por el rápido vaciado y llenado del pantano del Giribaile y por las abundantes lluvias de noviembre, como sostienen los profesores de la Universidad de Navarra y de la Complutense (en la foto, en el polideportivo perogilense), o que si se trata de un levantamiento de la zona por un reajuste isostático, como asegura un grupo de investigación de la Universidad de Jaén.

Este grupo, dirigido por el profesor José Antonio Peláez y que realiza un trabajo minucioso, salió a la palestra ante lo que consideraban desvaríos de los profesores de Navarra y Madrid. Uno de ellos, Antonio Aretxabala, les ha dado la réplica en un sonado artículo de opinión publicado hoy en IDEAL. El navarro se ha despachado. Critica a “algunas universidades o instituciones científicas cuya infernal pasividad resulta sonrojante» y cree que «la incultura campa a sus anchas ante la mirada pasiva de los científicos locales, incapaces de seducir, comunicar, echar una mano, compartir o convencer”. E incluso habla de “una crueldad por pasividad que no justifica ningún éxito profesional» y de «falta de sensibilidad» por «mantener un prestigio profesional en unas universidades que ya no miran a la comunidad que las sustenta», en referencia a dos poblaciones que están “abandonadas institucionalmente y llevan más de tres meses de terremotos incesantes, una vergüenza institucional». Toma ya.

Parece evidente que el profesor se ha pasado varios pueblos, nunca mejor dicho, y que sus críticas rezuman algo de esa altanería y suficiencia con la que a veces algunos del norte tratan a los del sur. Pero no le falta razón, a mi juicio, en la lentitud en la respuesta que a veces exhibe la institución académica para hace oír su voz ante un asunto, complejo, pero que crea preocupación, como se evidencia en la zona. O la lentitud del Instituto Geográfico Nacional, desplazado al lugar (en la foto), en elaborar su informe. Hay vecinos de la zona que no tienen miedo, pero otros muchos sí, y reclaman explicaciones ante este baile de teorías y ante este rifirrafe académico.

 

Decíamos ayer…

Frase de exiliados, de memoria frente a imposición, de saber frente a dogmatismo. Decíamos ayer…, decía Unamuno, el rector de la Universidad de Salamanca (arriba, en la foto), a la vuelta de su exilio. Una forma de retomar el hilo de lo que importa, de convertir la sinrazón en un paréntesis insustancial. Un decíamos inspirado en otro grande de la Universitas Salmaticensis, el gran poeta renacentista Fray Luis de León, el sabio de su época, encarcelado por la Inquisición, acusado de preferir el hebreo o de traducir el ‘Cantar de los cantares’ al castellano, entonces lengua vulgar, cucha usted.

Decíamos ayer…, decía el fraile agustino en su regreso a las aulas, también para hacer un resumen inicial de la clase anterior. Y eso vino a hacer ayer el alcalde de Jaén, tras la primera reunión de maitines después de la Epifanía: un resumen de los últimos meses, y un preludio de los venideros. Una serie de líneas políticas, la mitad de ellas para reclamar, exigir, avisar a la Junta de Andalucía (PGOU, Conservatorio de Música, Centro Especial de Empleo) y la otra para anunciar licitaciones de concesiones administrativas para que los privados hagan instalaciones deportivas en el antiguo cascarón del Real Jaén, como decía Arévalo, o para que los hosteleros coloquen, frente a la plaza de toros, en el Neveral o en el Bulevar, quioscos veladores. La expansión de las terrazas como símbolo de los tiempos. Y de paso crear algunos empleos e ingresar algo en las tristes arcas municipales. 

Tristes como los presupuestos del Ayuntamiento para este año, ya sin fiesta navideña que guardar. Aunque el gobierno municipal insiste en dosificar para que la aguja hipodérmica duela menos. Y descartado el compartir duelos con la oposición, el alcalde ha puesto su vista en los denostados sindicatos, animado por la renuncia (¿temporal?) de las denominadas cláusulas sociales, hace unos meses, aún sabiendo que los empleados públicos no están ya para más cilicio y a sabiendas de que cada sindicato respira por diferente herida. Por lo que la estrategia suena a un ‘dejadlos que se peleen que ya vendré yo a arreglarlo’. Que es otra forma de llegar al punto de partida pero repartiendo el coste de la factura. De manual antiguo. Nada nuevo. Como decíamos ayer…