Debate sobre el Estado de Jaén

TFGP.

José Enrique parece querer reinventarse también, como Rajoy ayer. Esa especie de puente aéreo en el que vive media semana entre Jaén y Madrid ha reemplazado el tradicional cordón umbilical político con Sevilla. La Junta, sin plata y con menor peso político, por un lado, y la economía gripada del Ayuntamiento y San Cristóbal, patrón de los conductores, en la villa y corte, por otro, hacen que los socialistas miren hacia la Diputación y los ‘populares’ al Consejo de Ministros.

Y por ese puente aéreo también viaja que se las pela el argumentario del PP, desplegado ayer en todo su esplendor durante del debate del estado de la nación. Herencia y fe en el futuro. El alcalde lo adelantó ya el jueves pasado: hace un año el rescate era inevitable y ahora con Rajoy no. Lo dijo, de urgencia y en la siesta, cuando proclamó que habrá nuevo PGOU para Jaén, «un gran objetivo» de su gobierno, que no ha descarrilado pese a las dificultades heredadas, por su supuesto, igual que ocurrirá con el Parque de Aventuras, el Centro Deportivo, los centros comerciales o el parking del Bulevar. Herencia y fe. Y lo repitió este lunes: que Rajoy presentaría en el debate «un paquete de medidas para el crecimiento, que llegará el año que viene según los analistas». Y que en Jaén, pese a la ruina heredada, son capaces de fraguar acuerdos como el firmado para urbanizar la nueva expansión norte.

Pero el tiempo pasa y los proyectos andan más parados que el tranvía. O se retrasan. En cuatro meses se llega al ecuador del mandato. ‘Tempus fugit’. Y la realidad la escribió, también el lunes, el CES local: si el Estado no da al Ayuntamiento una moratoria al Plan de Ajuste, cerrado por liquidación. San Cristóbal, San Cristóbal, ruega por nosotros, pecadores. Una vela a Montoro y otra a la iniciativa privada. No hay más. Fernández de Moya tiene mañana su debate sobre el estado del Ayuntamiento. Pleno de los presupuestos municipales. Herencia y fe. Alivio de luto.

Ni quito ni pongo rey

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Un mercenario cambió la Historia de España. Bertrand du Guesclin, francés por más señas y al servicio de Enrique de Trastámara, quien, como buen hermanastro bastardo, hizo la guerra a Pedro I ‘El Cruel’, o ‘El Justiciero’, según quien escribiera la historia. Era 1366 y el mercenario logró sitiar a Pedro I. Es más, lo engañó para que saliera del castillo de Montiel y fuera a negociar con su medio hermano. Pero como se tenían ganas, se enzarzaron y, en la pelea, Du Guesclin aprovechó para matar a ‘El Justiciero’, o ‘El Cruel’. Enrique se hizo con el trono de Castilla, instaurando la dinastía de los Trastámara hasta, ya saben, Juana ‘La Loca’. «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor», y que dijo el muy bretón.

Pasó el Miércoles de Ceniza y la cosecha, y miles de jornaleros andan como puta en Cuaresma, mendigando, o comprando, peonadas. Al socialista Reyes Midas, ‘El Justiciero’ o ‘El Cruel’, según se mire, se las han puesto en los pueblos como se las ponían a Fernando VII. Y sus alcaldes, que ni quitan ni ponen Reyes, ayudan a su señor.

Días de caras. De vérselas a cuenta de los presupuestos viagra de la capital, tardíos y de efecto pasajero con el anuncio de que se modificarán en breve. Tú la tienes más dura (la cara) que las del Museo de Bélmez, proclama crecida la oposición. Pues tu cara me suena, canta el equipo de gobierno a lo Roko en televisión, tirando de hemeroteca.

Rebelión en el movimiento vecinal. La salida de Loma del Royo, condicionada a la renovación en OCO huele a nuevo pulso en la federación, con los partidos políticos otra vez en la tramoya. Ni quito ni pongo presidente, pero ayudo a mi alcalde. Y a la asociación que se mueva, caza de brujas como la emprendida por el senador, McCarthy.

Hasta los terremotos empiezan a estar politizados. Una vez que la inquietud ha trascendido, la pugna es quién dice que hace más. Y sus respectivos asesores, ni quitan ni ponen, pero ayudan para la ocasión.

El último que apague la luz

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Con más de un 40% de paro en la provincia, el Carnaval o es terapia o es sarcasmo. No hay más que ver los nombres de las chirigotas: Camina y revienta, El alcalde y su ‘trupe’ desde el balcón que bien se escupe, Abre los ojos, Forajidos, Rebelión o Los hijos de la gran ruta. Un des-concierto que ni el de los flamencos cantando a Miguel Hernández, el poeta del pueblo sin entradas para el pueblo.

En los mapas del tiempo, aparte de que el sol siempre es amarillo, está de moda, y hasta se mide, la sensación térmica. El frío del termómetro ya no basta porque la desesperanza supera las frías cifras del paro, la crisis y el choriceo. En el peor de los inviernos, la sensación térmica es de divorcio ‘a lo Rose’ con la clase política. Las encuestas lo gritan, pero hay mucho sordo dispuesto a inmolarse con tal de arder juntos, en odio y compaña. Y como no hay cortes de cintas hay cortes de mangas. Y a falta de primeras piedras, pedradas. Escupitajos a la cara por la paternidad del paro mientras los aparatos propagandísticos elevan a la categoría de pan lo que son migajas pedigüeñas del PER, de la reducción de las peonadas o de los planes de empleo y hambre para mañana.

Vuelven los temblores a La Loma y a sus gentes, que no aguantan más. Ahora, a los cuatro meses, se creará un comité de expertos: hasta que el eco del cabreo no traspasa Despeñaperros, no tiembla nadie (y hay quien quiere volver al centralismo, con los lejos que siempre estuvo Madrid de Jaén).

Y seísmo policial en el Ayuntamiento de Jaén. Áspero, triste. La oposición calienta los plenos. Como si hasta ahora fueran fríos, como si no fuera este el mandato de la japuana y el campeones, campeones. Quien oposita descubre la calle y desempolva la pancarta, y quien gobierna ya no paraliza obras del tranvía y se envuelve en la bandera institucional y el ‘a mí la legión’.

Y la desafección térmica no para. El último, que apague la luz.