El coche y el falo

TFGP.

La derecha española, y no sólo española, y no sólo la derecha, tiene una especie de amor fálico por el vehículo particular, como si fuera una extensión de su propio cuerpo, y le gusta exhibir su tamaño, su potencia, su poderío económico y hasta su exuberancia. Una relación muy de macho alfa. Desde Aznar, cuando contestó a las medidas de tráfico del Gobierno de Zapatero con aquello de «¿Y quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí?», hasta Rajoy y su pasión por visitar fábricas de automóviles, pasando por alegres dirigentes conduciendo con más alcohol del permitido o el rechazo a la peatonalización de los centros históricos urbanos, como se ha visto estos días, desde el flamante ministro del Interior y exalcalde de Sevilla, a la lideresa multada y a la fuga, que no es varón pero es condesa, contraria a que se corte la Gran Vía, y caña al mono, que es de Podemos, caña a la alcaldesa madrileña, ay Carmena, ay Carmena.

En Jaén también tenemos esta rijosa pasión por el vehículo y, como dice nuestro alcalde, «en Jaén se coge el coche hasta para ir a por el pan». Y también tuvimos nuestro momento orgásmico cuando la reapertura al tráfico de La Carrera con el anterior alcalde y ahora secretario de Estado y sus concejales aplaudiendo a aquellos primeros y atónitos conductores como antaño se agasajaba al turista 30 millones. Los comerciantes habían protestado, como ahora en Madrid, y se deshizo la peatonalización.

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No descubro nada si aludo a la revolución que supuso el coche en el siglo XX y las bondades que trajo para la autonomía y la libertad individual. Ni voy a cuestionar la evidente influencia del sector en la economía. Incluso puede defenderse el uso moderado del coche desde un punto de vista ecologista pragmático. Como dejó dicho la conocida ecopacifista alemana Petra Kelly, “todos quieren volver a la naturaleza pero ninguno quiere hacerlo a pie». Pero esa pasión turca por el coche, como un tótem idolatrado, conlleva graves problemas de contaminación, de sedentarismo y de calidad de vida.

Hasta nuestro alcalde de Jaén, que es del PP, lo sabe y ha propuesto la peatonalización del centro, desde Roldán y Marín para arriba, con los fondos europeos DUSI. Veremos si le dejan esta vez. Los suyos y los ajenos. Lo mismo el dichoso DUSI le trae más quebraderos que los que ya tiene. A lo mejor hasta le trae cuenta que no se lo den.

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