Los periodistas ‘tradicionales’

Ideal, donde curro desde hace casi quince años, ha cumplido setenta y cinco primaveras. Mucho ha llovido en los olivos desde aquel 23 de julio de 1939. De la linotipia, el fotograbado y los gacetilleros a la edición instantánea, retransmisiones en línea a golpe de tuit y comunicadores en constante proceso de adaptación. Revoluciones tecnológicas que no han cambiado la esencia de nuestro oficio y nuestra razón de ser: contar historias que nos interesan a todos con el máximo rigor. La prensa tiene pasado y tiene presente, pero sobre todo tiene futuro. Podría pensarse que mis argumentos son predecibles porque soy parte interesada. Pues que se piense. Que cada cual opine lo que le dé la real de la gana. Pero sí creo que nos hemos ganado el derecho a pensar que existe un mañana porque pocos sectores han mostrado tanta capacidad de aclimatarse al cambio como éste. Sí, y en este punto quiero romper una lanza en pro de la denominada ‘prensa tradicional’. Y lo haré desde una perspectiva autocrítica.

Vivimos una interesante etapa de ‘borrón y cuenta nueva’. La crisis ha tocado nuestros bolsillos y nuestras conciencias. ‘Lo de antes no vale’. Un discurso que, llevado la extremo, supone la asimilación simplista de ‘antes’ con ‘malo’. Y ahí es donde esa ‘prensa tradicional’ sale claramente trasquilada. Y entonces, cuando nos apuntan con el dedo acusador, me gusta mirar a mi alrededor. Y veo a Juan Esteban Poveda, enganchado al móvil y descubriendo casos de corrupción que luego se convierten en noticia nacional. O veo a José Liébana, estudiando pormenorizadamente el discurso de los políticos para que los lectores dispongan al día siguiente de toda las claves de la actualidad municipal. O veo a Lorena Cádiz, redactando con entusiasmo historias de enorme calado humano. O veo a Remedios Morente, valorando temas con los corresponsales Irene Téllez, Jessica Soto, José Carlos González, Alberto Román, Santiago Campos, Laura Fernández, Enrique Alonso y con los siempre intrépidos compañeros de deportes, Miguel Ángel Contreras, José Antonio Gutiérrez y Ángel Mendoza. O veo a José Luis Adán, dirigiendo una ‘orquesta’ donde ningún músico puede saltarse la partitura del rigor. Y entonces suena el teléfono. Es Mónica Lopera, informando de que ya tiene listos los perfiles de los candidatos a rector de la UJA. O también podría ser Carmen Cabrera, cerrando alguno de los curiosos reportajes que publicamos estos días sobre el movimiento cofrade. O el gran Antonio Ordóñez, siempre al tanto de todo lo que ocurre en la vida cultural de Jaén.

¿Estos tíos son los ‘malos’?, ¿estos tíos son los ‘tradicionales’?, ¿estos tíos son los que ‘manipulan’ y defienden los ‘intereses bastardos de los poderes establecidos’? Pues no. Estamos todos los días ahí. Dando la cara. En primera línea de fuego. El planteamiento de nuestros artículos puede ser discutible, podemos equivocarnos en algún dato y las críticas siempre estarán muy justificadas, pero estos ‘periodistas tradicionales’ son gente honesta, que aman este bendito oficio y que, sobre todo, se pueden acostar todas las noches con la conciencia muy tranquila.

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