Marcha atrás

Las señales de prohibido aparcar han durado erguidas menos de una semana.
Las señales de prohibido aparcar han durado erguidas menos de una semana.

Basta un somero repaso por los hechos más relevantes de los últimos cien años para encontrar una explicación a muchas de las cosas que nos suceden hoy día. La Historia la escriben las personas y las personas nos equivocamos. Todos. Nadie es infalible. Unas veces esta capacidad de corrección es consecuencia de un ejercicio de reflexión personal y en otras ocasiones la ‘marcha atrás’ viene de forma inferida. En la apasionante Historia de esta bendita tierra llamada Jaén tenemos algún ejemplo reciente de ello. Tanto que el lunes mismo fue portada de periódicos y titulares de apertura en radios y televisiones. La decisión del Ayuntamiento, noble y excelentísimo, de poner unas señales -algunas ya derribadas, por cierto- para que nadie aparque en el tranvía, el de los 120 millones de euros de dinero público varado sine die en una cochera de Vaciacostales. El consistorio no actuaba de ‘motu proprio’, sino apercibido por una denuncia ante la fiscalía por parte de la Unión de Consumidores de Jaén.

Pocos asuntos han generado tanta polémica en esta ciudad como el puñetero trenecico, ejemplo de despilfarro para algunos y una forma de modernizar la ciudad (y el transporte público) para otros. Posiciones encontradas, en ocasiones tamizadas por la traza política, donde también hay un amplio colectivo de almas cándidas que, lejos de cainismos, se posicionó en su día en una intermedia escala de grises. Yo me sitúo en este punto. Un punto donde muchos jaeneros perplejos que, más allá de siglas, sólo piden que los gobernantes se atengan al sacrosanto principio del interés general. ¿Que nunca se tuvo que hacer? Perfecto. ¿Que ya está hecho? Perfecto. ¿Que habrá que ponerlo en marcha sin que nadie se arruine? Perfecto. Pero ¿que se gasten 120 millones de euros para que ahí estacione el personal? Pues no. No por múltiples razones. La primera y principal porque se falta el respeto a quienes han puesto esos 120 millones de euros. O sea, los ciudadanos. La segunda porque proporciona una imagen caótica de una capital de provincia -por mucho apaño que haga a los conductores-. Y tercera porque, tal y como han reiterado los servicios de emergencia, la plataforma tranviaria se diseñó pensando que podía ser invadida por coches de policía, bomberos o sanitarios que se disponían a atender una urgencia -y ya se han dado casos de bloqueo de este tipo de vehículos-.

En fin… se avecinan municipales y las acciones de gobierno (y de oposición) siempre serán interpretadas en clave electoral. El tranvía, que figuraba en el programa que dio la alcaldía al PSOE, es un buen ejemplo de que muchas propuestas no son ningún brindis al sol. Como también es igual de cierto que infinidad de promesas sólo se quedan ahí, en el papel. Estos señores, los políticos, se han ganado a pulso recelos y desencantos, pero en su día se pactaron unas reglas del juego y ellos están legitimados para decidir en qué se gastan nuestros doblones. Por eso, por mucho que nos enzarcemos en discusiones, un aparcamiento es un aparcamiento y un tranvía es un tranvía.

1 Comment

  1. Si los que promueven todas estas atrocidades las pagaran luego, quizás pensarían las cosas 2 veces. La culpa es del ciudadano que VOTA gente INCULTA POLITICAMENTE HABLANDO, menos interesados de protagonismo y del sobre en negro muchas veces. Se pide para un auxiliar administrativo unas oposiciones bastantes duras, pero para ser concejal o alcalde, con tener un carnet rojo o azul es suficiente…lastima de esta España cañí.

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