La hora de las ‘verdades verdaderas’

Pues ya estamos otra vez en campaña. Con el gobierno autonómico aún sin constituir tras los comicios de marzo -y lo que te rondaré morena-, los partidos se aprestan a una nueva ‘batalla por el voto’. Ahora toca elegir a los señores y señoras que llevarán la vara de mando en los ayuntamientos, esas administraciones a las que se les supone una mayor cercanía a los ciudadanos. Se avecina un periodo electoral interesante por varios motivos. Enumeraré sucintamente tres para no hacerme muy cansino. El primero y principal, porque las encuestas han convertido en actores principales a formaciones políticas que otrora serían unas siglas más. Los sondeos auguran el fin del bipartidismo y sillones mucho más repartidos. Segundo, porque este movimiento viene motivado por la absoluta incapacidad del PP y el PSOE -o si lo quieren, PSOE y PP- para sacar a Jaén del agujero. Ahí está ese sonrojante dato de que vivamos en la única provincia española donde el desempleo ha crecido en el último año. Y tercero porque la gente, escaldada por tanta desidia, exige programas realistas para mejorar los pueblos y ciudades, pero sobre todo para mejorar la vida de las personas que viven en esos pueblos y ciudades. Porque no nos equivoquemos, Jaén sigue en crisis y, como dijo hace unos días el presidente de la Confederación de Empresarios, “esta tierra no se puede permitir otro año en blanco”.

Me detendré un segundo en esto último. Los ciudadanos exigen que los programas electorales sean mucho más que palabras bonitas con fotos de candidatos sonriendo. Los ciudadanos piden compromisos. Piden, en definitiva, que se les trate con sensatez y con la madurez que implica más de treinta años de convivencia democrática. Y esto pasa, básicamente, por no tratar al prójimo como un imbécil. Si usted propone construir un parque, por ejemplo, agregue en letras destacadas cómo, dónde y cuándo. Y si llegado el momento no se cumple lo acordado, a casita. No valen ya las excusas peregrinas de que “este proyecto es irrealizable” porque siempre hay un ser malvado y abyecto, que normalmente suele identificarse con las administraciones gobernadas por el adversario, que se levanta todas las mañanas con el ánimo de “joder a los jienenses”. Este discurso simplista ya no vale. No vale porque después de siete años en la ciénaga, un euro de dinero público derrochado o mal invertido es una auténtica felonía.

Creo que estamos viviendo una interesante etapa de regeneración democrática. Y detrás de esta puesta en valor de la política se encuentran muchos jóvenes, pero también otros muchos colectivos sociales que, recuperando el modelo asambleario, se han organizado en partidos absolutamente legitimados para gobernar y para someterse a unas reglas que no tienen nada de juego. En estos cuatro años debe apuntalarse una reactivación que en Jaén aún no se ve -cuándo se enteran de una puñetera vez que la tabla rasa es muy injusta para el que menos tiene-, pero sobre todo debe devolverse a los ciudadanos, a la mayor brevedad posible, derechos ganados a pulso que nunca debieron usurparse.

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