“Nuestros cojones”

En la historia del pensamiento político, económico y social hay frases célebres que resumen momentos históricos. “No sé quién fue mi abuelo, pero me importa mucho saber qué será mi nieto”, espetó el decimosexto presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln. “Vivir no consiste en respirar, sino en obrar”, afirmó el lider chino Mao Tse Tung. “Una injusticia hecha al individuo es una amenaza a toda la sociedad”, aseguró el ilustrado Charles Louis Secondat, barón de Montesquieu. “¿Cuántos funcionarios hay metidos por nuestros cojones? Muchos”, se preguntó y se respondió este mismo martes el concejal del Ayuntamiento de Jaén, Miguel Ángel García Anguita. Porque sí, salvando las distancias entre los primeros y el último, este adagio también define, de alguna manera, una filosofía de gobierno basada en la más repugnante partitocracia y en intereses que, desgraciadamente para los que pagan impuestos y anhelan un Jaén mucho mejor, están muy alejados de lo general. “Nuestros cojones”, sí señor, con un par -nunca mejor dicho-. García Anguita, con el que, por otra parte, yo he mantenido conversaciones cargadas de sentido común, habló ayer y también se expresó de forma ‘gloriosa’ cuando, exultante por la victoria arrolladora del PP en las pasadas municipales, soltó aquello de “les hemos dado una japuana”. “Nuestros cojones” y la “japuana”. Principio y desenlace de un mandato cuyo nudo será valorado este domingo por los jienenses.

Ha habido quien, tras escuchar esto de los “cojones” de García Anguita y el reconocimiento del descarado enchufismo en la ‘casa de todos’ -cuántos motivos para el enojo tienen, por cierto, los que accedieron al consistorio en buena lid-, hizo una interesante asimilación en redes sociales entre este episodio testicular y la filmografía de Berlanga, director de ‘El verdugo’ o ‘Bienvenido, Mister Marshall’. Obras maestras del cine y fieles ejemplos de una España que no, tristemente, no está olvidada. Ahí están las “japuanas” y los “cojones” de García Anguita o todos los casos de amiguismo o de pestilente corrupción que mantienen instalados en la perplejidad a millones y millones de españoles que exigen, por lo pronto, transparencia en las instituciones y una administración leal de los doblones públicos, esos con los que se construyó el tranvía o el parque acuático, por citar tan sólo un par de ejemplos de esta antología del disparate en que se ha convertido Jaén.

Los “cojones” y la “japuana” son, en efecto, mucho más que dos perlas literarias soltadas a destiempo por un munícipe. Reflejan la inadmisible patrimonialización de las administraciones. No, el Ayuntamiento no es del PP ni la Junta de Andalucía del PSOE. Estos señores están ahí de prestado. Que no se les olvide. Las llaves son nuestras. Y cada cuatro años se las entregamos para que paguen las nóminas a los funcionarios, que bien ganadas se las tienen, pero sobre todo para que Jaén sea una ciudad mucho mejor, con servicios de primera calidad, con igualdad de oportunidades y con un futuro en que la palabra prosperidad no suene a coña marinera.

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