Algo más que un partido de fútbol

Cuando un señor llamado Francisco Hernández Maeso, trencilla perteneciente al Colegio de Árbitros de Extremadura, suene su silbato el domingo estará comenzando algo más que un partido de fútbol. Empezará un duelo a cara de perro entre dos rivales que se disputan el ascenso en 90 minutos -más añadidos en caso de empates- y dos ciudades que también se juegan un pico en este pleito. Los campeones también se equivocan, pero ahora ya no cabe el error. Cualquier fallo, cualquier despiste, se paga caro en el sentido futbolístico, pero también en el económico. La película no va ‘tan solo’ de lo mucho o poco que envida un club con pocos doblones y muchas deudas -e intervenido judicialmente durante buena parte de la temporada por estar en concurso de acreedores-, sino de lo mucho que apuesta también una pequeña urbe donde, a semejanza del Real Jaén, no sobra precisamente el parné. Recuerden la musiquita del paro, la renta por habitante… el mantra de la crisis. Un conjunto en Segunda es un buen negocio si se hacen las cosas razonablemente bien. El balompié mueve pasiones y dinero. Ambas cosas son muy necesarias en estos momentos. Pasión en forma de ánimo, que buena falta hace en tiempos de tribulación. Y euros contantes y sonantes en forma de cervezas en los bares, comidas en los restaurantes y pernoctaciones en los hoteles. ¿Cuánto? El asunto ya ha sido ampliamente estudiado. Muchos factores entran en juego a la hora de sacar la calculadora, pero se apunta a una reversión que oscilaría entre 600.000 y el millón de euros, aunque también hay quien dispara bastante más alto. Hasta los cinco millones de euros.

Sobre el ‘tapete’ verde de la Victoria, por tanto, más de 600.000 euros, un incentivo para el alicaído sector de los servicios. Sin lugar a dudas, uno de los más castigados por una tozuda recesión que pareciera que, la muy puñetera, ha venido para quedarse. El Real Jaén, que aspira a lo más alto este ejercicio con un proyecto deportivo diseñado desde la modestia y tirando de recursos propios (catorce futbolistas de las tierra), ganaría mucho más por derechos televisivos, por quinielas y porque tendría más abonados, pero también los hosteleros y determinados segmentos del comercio. Se garantizarían al menos veintiún fines de semana con mucha más gente en la calle. ‘Viajeros deportivos’ que comerían e incluso dormirían en Jaén. No hace falta mirar en el espejo de otros, ni echar la vista atrás, ni tirar de imaginación. Podemos hablar casi en presente. Los que se dieron una vuelta al mediodía por el centro de la capital el pasado 26 de mayo lo pudieron observar. Vieron a muchos paisanos, embutidos en zamarras del Real Jaén, calentando motores cervecita en mano y saltando al ritmo del aforístico “lololo”. Pero también hubo muchas camisetas albiazules, unas 600. Sí, los 600 alaveses que se metieron entre pecho y espalda la friolera de 690 kilómetros para venir de Vitoria-Gasteiz y otros 690 para volver. En total, 1.380 kilómetros, unas catorce horas de carretera y manta, para dejarse la garganta en la Victoria animando a los suyos y los euros brindando previamente en tabernas y mesones del Santo Reino.

El año pasado, cuando la ‘gloria’ llamó a las puertas del Real Jaén -aunque cayera a las primeras de cambio-, los diferentes gremios que se beneficiarían del ‘efecto Segunda’ hicieron sus cuentas. Hoy conviene recordar todo lo que se dijo en ese instante. Lo primero que analizaron es la distancia que separa Jaén de sus posibles ‘enemigos’, una variable muy relevante ya que cuanto menos sea la lejanía, mayor probabilidad de que se dejen ver parroquianos del oponente. Con los precios del transporte por las nubes y los bolsillos ajustados, los kilómetros se hacen mucho más largos. Así que entendamos por ‘próximos’ unos 300 kilómetros a la redonda y establezcamos ese radio de acción. Entre los veintiún contrincantes habría cuatro cuyos seguidores tendrían que realizar viajes relativamente ‘cortos’ hasta Jaén -sin contabilizar a los que se trasladen desde los diferentes municipios jienenses-. Hablamos de Murcia -aunque su futuro depende del descenso del Guadalajara-, Recreativo de Huelva, Hércules y Córdoba. Muy pocos si nos comparamos, por ejemplo, con el curso 2010/2011, cuando el Jaén se las veía con el Villarreal B en unas circunstancias similares a las actuales. Si los blancos lo hubieran logrado, se hubieran medido en la Victoria hasta con doce adversarios del ‘entorno’. Entre ellos, el Granada (92 kilómetros). Ahora con cuatro. El más inmediato, el Córdoba (120 kilómetros).

El presidente de la Asociación de Empresas de Alojamiento de Jaén, José Ayala, sí que aporta cantidades más globales. Habla de que los choques en casa supondrían unos cinco millones de euros, tomando como referencia lo sucedido en poblaciones con características similares a Jaén. «Pero este asunto no debe valorarse tan solo en magnitudes cuantitativas -dice José Ayala- sino también en una cosa importantísima, en la ilusión que se crearía en instantes tan complicados». «Hace falta más optimismo que ayude a superar esta situación», añade. José Ayala indica que el mercado del “turismo deportivo” está funcionando muy bien. Y pone como ejemplo la última prueba de mountain bike entre Córdoba y Jaén o las grandes masas que se mueven en eventos internacionales como la prueba del Campeonato del Mundo de Motociclismo que se celebra en Jerez de la Frontera. También opina que un Real Jaén en la Liga Adelante reportaría beneficios al conjunto de la provincia. «Por lo pronto -manifiesta- tendríamos un magnífico embajador que llevaría el nombre de Jaén por todas partes, una oportunidad que debe ser aprovechada por la iniciativa privada, que debe apoyar en la medida de sus escasas posibilidades, y también por las administraciones públicas, sacando el máximo rédito a las sinergias».

El presidente de la Asociación de Bares, Cafeterías y Restaurantes de Jaén, Gabriel Archilla, afirma que un Real Jaén en Segunda sería un revulsivo de primer nivel para este gremio. «Ahora todo el mundo tiene que prestar su máximo apoyo para la consecución del objetivo, llenando el estadio y colaborando todo lo que se pueda», asegura Gabriel Archilla, quien reconoce que por distintos motivos «quizá no haya existido esa conexión necesaria entre el Real Jaén y el tejido empresarial». «Esto debemos de solucionarlo porque todos vamos en el mismo barco y a todos nos interesa que al Jaén le vayan las cosas muy bien y se logren los mayores éxitos», subraya Gabriel Archilla.

Una ronda de tercios gratis

Tarde de nervios, pintas y tilas de los aficionados del Jaén. Foto de Francis J. Cano
Tarde de nervios, pintas y tilas de los aficionados del Jaén. Foto de Francis J. Cano

Tarde de tila. El Lleida tardó poco en adelantarse en el marcador. Un jarro de agua fría para una afición un tanto escéptica tras el ‘palo’ del Alavés. Y por si no había suficiente ‘salsa en la salsera’, se va la luz en el campo y se interrumpe la retransmisión. «¡Esto no puede ser!», clamaba uno de los treinta seguidores del Jaén que había quedado en el pub Finn McCool para sufrir el partido y comerse las uñas entre pinta y pinta. ‘Una tarde de domingo rara’, como dice la canción de Amaral. Y es que, pese a tratarse de un encuentro a vida o muerte –otro más–, animación en la calle y en los bares, bien poca. La parroquia optó mayoritariamente por quedarse en casa, prepararse unos ganchitos y ver ‘tranquilamente’ el Lleida-Jaén por Canal Sur. Ni en el barrio de San Ildefonso, donde se presuponía que habría ambiente por aquello de que se celebra la feria y fiestas de la Virgen de Capilla, se palpaba esa expectación. Otro cantar será el próximo domingo.

A través de foros y mensajes de Whatsapp, sí había quedada en el Irlandés Finn McCool. El dueño, Juan, también supo hacérselo. Descuentos por acudir con la camiseta, tercio de cerveza gratis por cada gol del Real Jaén y también chupito de balde por cada «robo» a los jienenses. Oferta atractiva, respuesta segura. Las voces y los lamentos se escuchaban a un kilómetro a la redonda. El gol ‘salvador’ de Migue Montes, a dos. Menuda alegría.

Porque ‘la cosa’ pintaba fea al final de la primera parte. Pausa de quince minutos y tertulia en la calle para fumar un cigarrillo, aliviar tensiones y compadecerse por esa mala suerte que, al parecer de los entendidos, persigue al Jaén en la recta final del curso. «Es que no están haciendo ni ocasiones», comentaba Miguel Ángel, quien lamentaba el duro golpe del Alavés y el impacto sobre los aficionados. «Es que había mucha gente que ni se había enterado de que hoy jugaba el Jaén», agregaba. Verónica, a su lado, asentía con la cabeza. «Después del Alavés hay menos ilusión, aunque si esta noche logramos un resultado positivo todos nos vendremos arriba», relataba Verónica, quien narraba sus peripecias en Vitoria hace una semana. «Me trataron fenomenal, mereció la pena los 1.420 kilómetros pese a la derrota», añadía.

Y se hizo la luz. La tele se encendió. Comenzó la segunda parte. Los del futbolín acabaron raudos la partida y tomaron posiciones. Faltaban los cuarenta y cinco minutos de la esperanza. Y el Jaén ganaba terreno. Y las oportunidades llegaron. Y Miguel Ángel, Verónica y demás, en efecto, se vinieron arriba. «¡Sí, podemos!». Pudimos. Vaya que si pudimos. Migue Montes atinó cuando el reloj se aproximaba a los noventa. El Jaén nunca ha perdido dos veces seguidas esta temporada. Esta vez tampoco… por los pelos. E incluso pudo machacar si Fran Machado, uno de los peloteros más destacados del conjunto blanco, consigue meterla entre los tres palos solo ante el portero, ya en el añadido.

Se repite la película del Alavés, pero al revés. La igualada obliga a que el Lleida marque en Jaén. ¿Se repetirá el final? Ojalá que sí. Hala Jaén.