La calle también es para los descreídos

 

No nos gusta lo que pasa, ni lo que intuimos que va a seguir pasando. No acudimos a la manifestación del Primero de Mayo y ni siquiera asomamos a la que hubo unos días antes contra los recortes en educación y en sanidad. Y no es que no estemos en contra de esos recortes, es más, nos indignan. Igual que nos indigna que este o aquel empresario diga públicamente que para buscar trabajo, a Laponia, o que basta ya de tanto manifestarse. Entonces notamos que nos tocan la fibra sensible y llenamos el Facebook y el Twitter de mensajes que nuestros amigos facebuquean y retuitean y esa es nuestra manera de quejarnos. ¿Por qué? Porque somos unos descreídos, porque miramos a los sindicatos con un recelo parecido al que aplicamos a los partidos políticos, porque no nos sentimos representados, porque no nos gusta el modelo, pero tampoco terminamos de plantear uno nuevo, válido, realista, que sea capaz de funcionar. Estamos metidos en una maraña, que nos parece inmensa, porque, como dicen algunos, llevamos años anestesiados y nos está resultando muy difícil despertar.

Ya se que habrá mucha gente que no se identifique con lo aquí estoy diciendo, otra a la que le cueste reconocerlo, pero también se, que como yo, hay muchos, y puede que este sábado sea nuestro día. Se cumple un año de aquel 15 de mayo de 2011 que dio lugar a un movimiento de gente de todas las ideologías, edades, creencias y profesiones, que únicamente tenían un denominador común: su indignación. Pues bien, este sábado, 12 de mayo, a las siete y media de la tarde, hay convocada una nueva manifestación en la que no hay partidos de por medio, ni sindicatos, sólo aquellos que quieran salir a la calle y decir: ¡basta ya! Ese puede ser nuestro momento de saltar de las redes sociales a la calle, que es donde de verdad ocurren las cosas.

Un ‘bicho’ que se mete dentro

 

Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia, de esos que se quedan grabados y bien grabados y con los años tiendes incluso a idealizar, es de cuando tenía 6 años. Fue al poco de cumplirlos. Se ve que mi padre consideró que aquella edad marcaba un cambio y abría una nueva época en mi vida, la de la lectura. Hasta entonces nunca había oído pronunciar la palabra biblioteca y cuando, aquella mañana, mi padre me llevó de la mano a una, yo no era capaz de cerrar la boca. Él me hablaba entonces del Principito, de cómo ese libro había marcado su infancia, pero no sería hasta unos años más tarde, cuando yo leyera la historia del Principito.

Entrar en aquella biblioteca metió en mi cabeza a una especie de ‘bicho’ que desde entonces nunca me abandona, y que a veces incluso me genera ansiedad, cuando me paro a pensar que, por muchos años que viva, no tendré tiempo suficiente para leer todos los libros que merece la pena leer y visitar todas las ciudades a las que me merece la pena viajar. Porque, para mi, leer y viajar son cosas que van de la mano. Una vez escuché decir que “las ciudades son los libros que se leen con los pies” y desde luego, los libros son capaces de transportarte a cualquier lugar del mundo, real o imaginario.

Siendo niña viajé con la imaginación y la lectura a una aldea, donde los hombres convivían cerca de las focas, y donde un día llegó un extraño que enamoraba a las mujeres y hacía recelar a los hombres. Más tarde viví una historia interminable en la que acompañé a un tal Bastian Baltasar Bux y poco a poco conseguí llegar a un mundo nuevo donde las cosas aún ni tenían nombre y había que señalarlas con el dedo para nombrarlas. En estos años he conquistado Chile de la mano de Diego de Valdivia, he vivido el sufrimiento de los mapuches, y he perdido una y otra vez la Guerra Civil Española. Ya ahora, a mis 30, soy un niño pre adolescente en tiempos del Franquismo, hijo de un Guardia Civil, que admira en secreto a los ‘maquis’ que pueblan la Sierra Sur de Jaén.

Pienso que leer aviva la imaginación y hace inquietas a las personas, por eso en el día del Libro, os cuento mi pequeña historia.

Indignada, harta y desencantada

  Lo que yo tengo debe ser eso que unos llaman desencanto, otros indignación o lo que otros califican despectivamente como perrosflautas. No se en qué etiqueta colocarme, la verdad, pero yo diría que es simplemente hartura. No he visto nada estas elecciones que me haya sorprendido y ese es el problema, que yo quería sorprenderme. Sabía que los andaluces iban a hablar, que iban a decir que estaban hartos de muchas cosas y deseaba que eso fuera la prueba indiscutible que estaban esperando los políticos para de verdad pararse un momento y pensar. Darse cuenta de que algo está ocurriendo y que tienen que amoldarse a los cambios, a lo que la gente está pidiendo a gritos. Pero no me he sorprendido, simplemente ha sido más de lo mismo y simplemente yo, y creo que mucha gente, nos sentimos todavía más hartos. La cuestión ahora es saber dónde estará nuestro límite o qué pensamos hacer al respecto.

En estas elecciones andaluzas he visto a un partido sobrado, crecido, que se ha cegado pensando que estaba tocando el poder con los dedos de la mano y que ahora, viendo que ese poder se le ha escapado no sabe donde colocar la chulería. He visto a un pueblo que ha dejado patente, cuando ya nadie lo esperaba, cuál es su ideología, y que ha querido decir de la manera más coherente posible que quiere creer en la izquierda, pero no tal y como está ahora. Que lo que hay ahora no le gusta, no le convence, quiere que desaparezca y se reinvente. ¿Y qué ha hecho la izquierda ante eso? Nada.

El partido que ha perdido las elecciones, porque las ha perdido, sólo ha visto que de poder pasar a la oposición, tal y como le decían las encuestas, tendrá otros cuatro años más de gobierno. Su presidente andaluz, el presidente de todos los andaluces hasta ahora, sólo supo autofelicitarse y felicitar a todos los suyos porque habían dado la vuelta a las encuestas. Es como ver una pelea de niños en la que uno le dice al otro: “Chincha, chincha, que a mi me han castigado, pero a ti también”. Nada de autocrítica, nada de pensar o reconocer que tras los resultados electorales hay un mensaje claro, rotundo y transparente. Nada de hablar a los ciudadanos y anunciar que algo va a cambiar, que van a estudiar qué es lo que ha fallado y van a tratar de recuperar la confianza del electorado. No hay problemas internos, no hacen falta nuevas caras, no hacen falta nuevas ideas, no hace falta nada… ¿Por qué? Porque la crisis es mundial y con eso todo está explicado.

El PP, su líder, y el ‘alma colectiva’ de Le Bon

Decía el sociólogo Gustav Le Bon que existe un ‘alma colectiva’, que a veces ocurre, que cuando una multitud se junta,  la mente de los individuos se fusiona en una sola, y que para que eso ocurra, los sentimientos y los pensamientos de los individuos tienen que dirigirse a una misma dirección. Es entonces cuando la masa se queda así como ‘hipnotizada’, las personas se desindividualizan y pueden llegar a rozar lo irracional.

Estoy convencida de que algo parecido a la teoría de Le Bon es lo que ocurre en los mítines políticos.  Al fin y al cabo es juntar a miles de personas, bajo un mismo techo, con las mismas ideas, y ponerlos a escuchar a un lider que sabe cómo reforzar esas creencias.  Y si uno se para a analizar, tampoco es tan difícil conseguir a un ‘alma colectiva’ entregada. Para empezar, partimos de que el público, en un mitin, es fácil, va a dar el aplauso incluso si el líder le hace escuchar 30 minutos de discurso en un tono neutro, pero si lo que uno quiere es que la masa se venga arriba, sólo hay que sacar de la manga unos cuantos trucos.

En el mitin de hoy en Andújar, el PP ha sabido hacerlo. Cuando Rajoy, acompañado de Arenas, Fernández de Moya, Catalina García, Jesús Estrella… y un largo etcétera, han entrado en el pabellón deportivo del pueblo, la gente ya estaba calentita. Llevaban cerca de una hora de concierto a base de rumbas. Tal cual, el PP ha puesto un cantante sobre el escenario para que fuera dando ritmo al asunto, y lo que es todavía mejor, se ha inventado una ‘coplilla’ de estas pegadizas, tipo verano, que dice algo así como: “Es Andalucía la que me ha visto crecer/ Es Andalucía mi tierra, la que sueño para mi/ Siente el cambio de Andalucía/ Javier Arenas y Andalucía…”.

Tras la música, la siguiente clave es reforzar el liderazgo. Que todo el que se suba al escenario repita el nombre del líder y recuerde sus virtudes, aunque siempre manteniendo un punto humilde. La arrogancia ya no se lleva, el líder debe parecer el vecino de en frente, sólo que mejor vestido y con más pose. Y cada vez que se le nombre, primer plano ante las cámaras. Pero no se equivoquen, el líder hoy en Andújar no ha sido Mariano Rajoy, ha sido Javier Arenas, y con diferencia.  Hecho esto y arrancados aplausos, gritos y piropos, es la hora de que el líder hable y Arenas sabe cómo manejarse.

“Las cosas que salen del corazón son las que se dicen: “Viva la Virgen de la Cabeza”. Así empezó su discurso el candidato a presidir la Junta y el polideportivo de Andújar casi se viene abajo. La masa ya estaba hipnotizada hasta el punto de que cerca de dos mil personas llegaron a cantarle al mismo tiempo: “Tu si que vales, Arenas, tu si que vales”. Objetivo cumplido.

Heridas chilenas, heridas españolas

 

Hay una imagen que se me ha venido a la memoria esta mañana. Escuchaba en la SER, a Francino, entrevistando a una corresponsal de la televisión chilena en España. La periodista está cubriendo el devenir judicial de Baltarsar Garzón para contárselo a una audiencia que no tiene término medio en sus sentimientos hacia el juez. Medio Chile lo adora y otro medio lo odia. Ella misma, con palabras más diplomáticas, lo contaba así. Y mientras lo contaba, yo pensaba en una imagen del ex dictador, con 89 años de edad, queriendo parecer aún más viejo y enfermo de lo que realmente estaba. Apenas podía andar y su familia y colaboradores lo cogían de los brazos para que el anciano no cayera al suelo dando sus torpes pasos.

Puede que mi padre, chileno y con un pasado tan marcado por la dictadura como para escribir un libro con su historia, fuera la única persona, a este y a aquel lado del ‘charco’, que miraba la televisión aquellos días con una tranquilidad tan pasmosa que llegaba incluso a parecer indiferencia. Ni sentía pena por aquel viejito, como lo hacía medio Chile, ni sentía la euforia de todas sus víctimas, directas o indirectas, que celebraban en la calle, que Pinochet era el primer dictador latino que iba a ser procesado judicialmente. Me costó, pero al final de muchas vueltas, lo entendí. Mi padre no terminaba de sentir ni una cosa, ni la otra, porque ahí estaba la clave sobre la que había construído su vida. No olvidaba, porque entonces se hubiera negado a sí mismo, a sus ideas, a su país, a sus padres, a su hermana, y a su juventud; pero tampoco guardaba odio o rencor, porque si no, no hubiera podido mirar al futuro, crear una nueva vida, tratar de ser feliz, y se hubiera negado a sí mismo, lo que a día de hoy da sentido a su vida: una familia.

El caso, es que eso que mi padre parece haber conseguido, debe ser algo extremadamente complicado. Y ya no voy a Chile, vuelvo aquí, a España, donde me da la sensación de que hay demasiada gente que no es capaz de superar el pasado, que no es capaz de mirar hacia adelante porque directamente no está dispuesta a permitir que se cierren ciertas heridas. “Lo que no se habla, no existe”, ese parece haber sido el lema en este país durante mucho tiempo. Y en base a ese lema ahora vemos a un juez sentado en el banquillo. Mientras intentó coser y curar algunas de las heridas de la historia chilena, no hubo problema, pero cuando quiso hacer lo mismo con las propias, con las de su país, ya no hubo tregua.

P. D. Gracias flaquito.

La impotencia y los niñatos

Recuerdo que una vez le pregunté a mi abuelo cuál era el secreto para estar casado 60 años con la misma mujer y seguir mirándola con tanto afecto. No tardó ni dos segundos en responderme y lo hizo con la mayor solemnidad: “es muy fácil, es simplemente tener claro que si tu mujer te dice que te tires por un barranco, reza, porque vas a tener que tirarte”. Él, mi abuelo, que era un hombre de los de antes, con una mente y unas ideas de antiguamente, de muy antiguamente, sólo quería decir con eso que respetaba a su mujer  y que sabía que muchas de las decisiones que ella había tomado a lo largo de 60 años de matrimonio, habían sido muy acertadas, y por eso la valoraba como mujer y como persona.

Me viene a la cabeza la reflexión de mi abuelo porque en menos de un mes he visto por las calles de este Jaén que parece tan tranquilo, dos escenas que no podían ser más desagradables.  La primera fue en la calle Virgen de la Capilla. Dos chavales, un chico y una chica, no tendrían más de 30 años. Ella andaba delante y él detrás, hasta que en dos zancadas se puso a la altura de ella y le dijo que o se subía al coche de inmediato o le abría la cabeza.  No oí más porque a mi también me dieron miedo las palabras del energúmeno, y seguí caminando en mi dirección, que era la contraria a la suya.

La segunda fue este fin de semana. Ésta vez los chavales tendrían 20 años.  Se peleaban en la calle Cerón y él supo cómo cortar de golpe la pelea: la amenazó con partirle la cara si no se callaba y para dejárselo más claro todavía, mientras le decía eso, la empujaba. Tampoco supe que hacer. No supe ir más allá de la impotencia de no poder enfrentarme físicamente a ellos, de que me dieran miedo, y de que tampoco puedo llamar a la policía porque cuando aparezca, a saber por donde andan los chavales. Me da impotencia pensar que parecía que estos comportamientos eran de otras generaciones, que yo creía que  las cosas estaban cambiando, y lo que veo es que para cualquier niñato acomplejado, inseguro, y  al que fijo le han llovido las collejas en el colegio, es todavía muy fácil “partirle la cara” a una mujer.

Cazorla ya no tiene fronteras

La primera vez que visité Cazorla era casi una niña. Para explicar esto he de decir primero que soy malagueña. Que llevo ocho años viviendo en Jaén, los mismos que llevo trabajando en el Diario IDEAL, pero que entonces yo pocas cosas conocía de la provincia de Jaén, aunque si había oído hablar y mucho del Parque Natural. Después de aquella, las siguientes veces que he ido a Cazorla, yo ya vivía en Jaén y siempre ha sido por razones culturales. El Festival de Teatro consiguió dejarme pasmada.

Creo sinceramente que estas son las dos grandes armas con las que la comarca de Cazorla puede pelear en lo que últimamente se ha convertido en una batalla, una lucha por crecimiento económico. El turismo y la cultura son claves para esta tierra y la una existe gracias a la otra y muchos cazorleños viven de ambas. Pero si lo que ocurre no se cuenta, sólo ocurre para unos pocos. Y ahí es donde cobra una importancia infinita la web de IDEAL en Cazorla, que ahora echa a andar de manera oficial y que, con la libertad que otorga la red, donde las fronteras no existen, hará llegar a cualquier rincón cada una de las noticias de la comarca.

Lo que quizás no sepan aún, aunque en cuanto visiten la web se darán cuenta, es que detrás de ella se da una unión que sólo puede traducirse en fuerza. Está la experiencia y la profesionalidad demostrada del diario IDEAL, y está la juventud, la ilusión, la energía, la viveza y las ganas de trabajar que derrocha quien la edita. Laura Fernández Sánchez es la periodista responsable de este nuevo medio de comunicación. Cazorleña de pura cepa, tiene en el cuerpo, o más bien en la cabeza, el instinto que debe tener todo aquel que aspire a ser un buen periodista. Es emprendedora y si los nuevos retos le asustan, no lo demuestra. No la pierdan de vista, ni a ella, ni al negocio que se trae entre manos, porque la web ha nacido para vivir muchos años y dar el servicio básico de la información a una comarca clave para la provincia.

Despeñaperros: historia negra, historia friki

 

Quizás suene friki. Incluso un poco frívolo, teniendo en cuenta la cantidad de gente que ha perdido su vida en el paso de Despeñaperros, uno de los tramos de carretera más peligrosos de cuantos quedan en España, pero a mi me gustaría dedicar una nostalgia a esos 15 o 20 kilómetros de carretera que están a punto de pasar a la historia. La historia más negra de esta provincia, pero al mismo tiempo la más friki y, si me apuran, la más personal de mis historias. Resulta que desde el lunes se va a cruzar Despeñaperros en siete minutos para ir hacia Madrid. Uno de los sentidos del nuevo trazado se abrirá ese día y el otro lo hará en unos meses. Cuando todo este terminado se nos olvidarán en muy poco tiempo las interminables curvas que tantas veces han obligado a mi padre y a mi abuelo, como a muchos padres y a muchos abuelos, a parar en el primer hueco de arcén para que alguno de los que íbamos atrás no mancháramos el coche. Se nos olvidarán los puestos en los que se venden melones de La Mancha, tomates, miel y hasta artesanía. Dejaremos de ver al pasar las banderas de España de Casa Pepe, que son como un ataque a la vista en mitad del paisaje de un Parque Natural, pero que llevan tantos años, que al final han acabado formando parte del cuadro y sobre todo, dejaremos de tener acceso directo al ‘Mirador de Joselito’. No se llama así exactamente, aunque en la zona todo el mundo lo conoce por ese nombre porque los más mayores aún recuerdan cuando Joselito grabó allí ‘El pequeño ruiseñor’.

Quizás ustedes no lo sepan, sobre todo porque está feo decirlo, pero durante muchos años, cuando los camiones volcaban en Despeñaperros, algo que antes, cuando la conciencia conductora no estaba tan trabajada, ocurría casi a diario, los vecinos de los pueblos más cercanos se acercaban hasta la zona y recogían lo que fuera que se hubiese desparramado por la calzada. A veces eran naranjas y a veces hasta cajas de ropa interior femenina, con la que se presentaban en casa y obsequiaban a sus mujeres. No es broma. Doy fe de que ese último episodio ha ocurrido. Ahora ya no habrá ‘frikadas’, todo será moderno y poco auténtico, pero es el precio que hay que pagar por la seguridad.

P. D. Os dejo un video para crear ambiente.   http://youtu.be/hfzrw_m-7ek

Otro Jaén es posible

Hoy es de esos días en los que una se siente orgullosa de ser como es. Me refiero a joven, defensora de los jóvenes en general, y con ideas, que cada vez cuesta más defender, porque cada vez parecen más una utopía que otra cosa. Se me ha metido un pequeño escalofrío en el cuerpo cuando a las seis de la tarde, en los Jardinillos, un domingo y con más de 30 grados de calor, me he dado cuenta de que existe otro Jaén, el de la gente joven, el de la gente alternativa, el de los cabreados, el de los indignados, y el de la gente que cambia una copa en el Pósito, una peli de domingo tarde o un día tomando el sol en la playa, para salir y manifestarse. Había 400 o 500 personas y todas con una idea común: “no somos mercancia en manos de políticos y banqueros”.

P. D. La foto es del compañero Francis J. Cano

Cámaras ocultas en La Carolina

No hace falta que esté Ramón Palacios para que La Carolina sea informativamente interesante. Las nuevas generaciones de políticos están demostrando que están a la altura a la hora de dar que hablar. La polémica de la compra de votos por parte del PP, denunciada por el PSOE ante la junta electoral, podría convertirse en una bomba, si como dice la candidata socialista, Ángeles Férriz, el próximo lunes a las 12.00 de la noche , las cámaras ocultas de Mercedes Milá enseñan lo que supuestamente está ocurriendo en el pueblo. Saber, se sabe que el programa ‘Diario de ’, presentado por la polifacética periodista, ha estado grabando en La Carolina y que han grabado a cámara oculta y cámara descubierta porque la propia Férriz ha participado en una entrevista. Lo que no sabemos es qué dirán las imágenes, para eso habrá que esperar al lunes. Por lo pronto, Férriz no se corta un pelo y asegura que los votos se compran a 100 euros y que hay quien lo reconoce abiertamente. Dice que está recogiendo datos para denunciarlo ante el juzgado y se le nota algo apagada en comparación con la energía que normalmente desprende. Todo lo contrario que en el PP provincial, donde tienen la percepción, basándose en los datos que ellos manejan, de que esta vez no se les escapa la mayoría.