El matrimonio de los Actimel

A mi abuelo le costaba mucho gastar dinero. Se escandalizaba cuando le decía lo que podían costar unos zapatos. No daba crédito. Era un hijo de la guerra y sobre todo de la posguerra. A mi abuela, que aún sigue viva, aunque ya no tan charlatana como antaño, aún la puedo escuchar contando historias sobre el hambre que paso en los años de la posguerra, como trabajaba repartiendo pan y tortas, sin haberse echado nada al estómago, y como le venía durante todo su trayecto el olor a pan recién hecho, pero aún así sabía que no podía probar bocado, que aquello no era suyo. Tanta hambre  trajo con los años mucho sacrificio, mucho trabajo sin descanso para acumular una pequeña fortuna y tener así la certeza de que nunca más pasarían hambre, ni ellos ni sus hijos. Mis abuelos no tienen nada que ver con el matrimonio de los Actimel, y sin embargo, cuando entré en aquella casa, que olía a mezcla de humedad y tabaco, lo primero que se vino a la cabeza fue la cara de mi abuelo. Las personas mayores se vuelven vulnerables y tienen la capacidad de provocar en los demás una sensación parecida a la ternura que despiertan los niños, a pesar de sus defectos, porque son mayores pero no inocentes y la mayoría son conscientes de cada mal paso que han dado. No se ni cómo ni por qué Alberto y Emilia han llegado a estar en la situación en la que se encuentran, pero mi compañero Francis y yo, que estuvimos en su casa, pudimos comprobar que es una situación desesperada. Que lo de los Actimel puede parecer una anécdota graciosa, pero lo que hay detrás no lo es tanto, y que la única pregunta que me viene a la cabeza una y otra vez es dónde están todas las ayudas para estas personas que cada día publicamos en los medios de comunicación: Ayuntamiento, Diputación, Junta de Andalucía… A día de hoy, este matrimonio está completamente solo.

Aqui os dejo el enlace de la noticia para los que no hayáis podido leerla: http://www.ideal.es/jaen/v/20110112/jaen/llamada-mago-danone-20110112.html

P. D. La foto es del compañero Francis J. Cano