Las escaleras de Gerónima

 

Hasta que conocí la historia de Gerónima no terminaba de creérmelo. A los que tenemos nuestros orígenes en un pueblo, y hemos visto a nuestros abuelos salir y entrar de una casa de una planta, grande y hasta con huerto, nos cuesta entender que un ascensor sea importante. Sobre todo si tus dos piernas aún funcionan estupendamente y puedes subir un par de plantas en un minuto. Para nosotros un ascensor es un lujo, pero para otros, para otros muchos, es un servicio de primera necesidad. Algo tan simple como un ascensor les ha cambiado o les puede cambiar su vida. Y como digo, hasta que no conocí la historia de Gerónima no terminaba de creermelo.

Esta mujer, que ahora ya es muy mayor, lleva toda la vida enferma y muchos años viviendo en la cuarta planta de un bloque del barrio de Arrayanes, en Linares. Vive con su hermana y durante años ha subido y bajado las cuatro plantas como ha podido, despacito y con ayuda. Hace ya mucho que esa fórmula dejó de servirle y el día que quería salir a la calle, había que planearlo con mucho tiempo, porque a Gerónima directamente había que bajarla en brazos. Así hasta que el ascensor llegó a sus vidas. Una ayuda de la Junta para rehabilitar bloques de viviendas antiguas lo cambió todo.

No se puede decir que la solución fue perfecta. El ascensor del bloque de Gerónima es pequeño porque el hueco de la escalera era pequeño. Eso supone que la silla de ruedas no cabe y Gerónima y su hermana han tenido que buscarse su propia fórmula. Cogen una silla de casa, la meten en el ascensor, Gerónima se sienta, pliegan la silla de ruedas y un plis bajan las cuatro plantas. Gerónima sale del ascensor, abre su silla de ruedas y la silla de casa se queda en el descansillo del bloque. Seguro que a los que siempre vamos con prisas a todos sitios todo esto nos parece una complicación tremenda, pero para Gerónima es todo lo contrario. Esta la fórmula perfecta, la que le permite pisar la calle en lugar de contemplarla desde el balcón.

PD. La foto se la robado al compañero Román. Ninguna de las señoras de la imagen es Gerónima, aunque su historia es parecida a la de la linarense.