Indignada, harta y desencantada

  Lo que yo tengo debe ser eso que unos llaman desencanto, otros indignación o lo que otros califican despectivamente como perrosflautas. No se en qué etiqueta colocarme, la verdad, pero yo diría que es simplemente hartura. No he visto nada estas elecciones que me haya sorprendido y ese es el problema, que yo quería sorprenderme. Sabía que los andaluces iban a hablar, que iban a decir que estaban hartos de muchas cosas y deseaba que eso fuera la prueba indiscutible que estaban esperando los políticos para de verdad pararse un momento y pensar. Darse cuenta de que algo está ocurriendo y que tienen que amoldarse a los cambios, a lo que la gente está pidiendo a gritos. Pero no me he sorprendido, simplemente ha sido más de lo mismo y simplemente yo, y creo que mucha gente, nos sentimos todavía más hartos. La cuestión ahora es saber dónde estará nuestro límite o qué pensamos hacer al respecto.

En estas elecciones andaluzas he visto a un partido sobrado, crecido, que se ha cegado pensando que estaba tocando el poder con los dedos de la mano y que ahora, viendo que ese poder se le ha escapado no sabe donde colocar la chulería. He visto a un pueblo que ha dejado patente, cuando ya nadie lo esperaba, cuál es su ideología, y que ha querido decir de la manera más coherente posible que quiere creer en la izquierda, pero no tal y como está ahora. Que lo que hay ahora no le gusta, no le convence, quiere que desaparezca y se reinvente. ¿Y qué ha hecho la izquierda ante eso? Nada.

El partido que ha perdido las elecciones, porque las ha perdido, sólo ha visto que de poder pasar a la oposición, tal y como le decían las encuestas, tendrá otros cuatro años más de gobierno. Su presidente andaluz, el presidente de todos los andaluces hasta ahora, sólo supo autofelicitarse y felicitar a todos los suyos porque habían dado la vuelta a las encuestas. Es como ver una pelea de niños en la que uno le dice al otro: “Chincha, chincha, que a mi me han castigado, pero a ti también”. Nada de autocrítica, nada de pensar o reconocer que tras los resultados electorales hay un mensaje claro, rotundo y transparente. Nada de hablar a los ciudadanos y anunciar que algo va a cambiar, que van a estudiar qué es lo que ha fallado y van a tratar de recuperar la confianza del electorado. No hay problemas internos, no hacen falta nuevas caras, no hacen falta nuevas ideas, no hace falta nada… ¿Por qué? Porque la crisis es mundial y con eso todo está explicado.

El PP, su líder, y el ‘alma colectiva’ de Le Bon

Decía el sociólogo Gustav Le Bon que existe un ‘alma colectiva’, que a veces ocurre, que cuando una multitud se junta,  la mente de los individuos se fusiona en una sola, y que para que eso ocurra, los sentimientos y los pensamientos de los individuos tienen que dirigirse a una misma dirección. Es entonces cuando la masa se queda así como ‘hipnotizada’, las personas se desindividualizan y pueden llegar a rozar lo irracional.

Estoy convencida de que algo parecido a la teoría de Le Bon es lo que ocurre en los mítines políticos.  Al fin y al cabo es juntar a miles de personas, bajo un mismo techo, con las mismas ideas, y ponerlos a escuchar a un lider que sabe cómo reforzar esas creencias.  Y si uno se para a analizar, tampoco es tan difícil conseguir a un ‘alma colectiva’ entregada. Para empezar, partimos de que el público, en un mitin, es fácil, va a dar el aplauso incluso si el líder le hace escuchar 30 minutos de discurso en un tono neutro, pero si lo que uno quiere es que la masa se venga arriba, sólo hay que sacar de la manga unos cuantos trucos.

En el mitin de hoy en Andújar, el PP ha sabido hacerlo. Cuando Rajoy, acompañado de Arenas, Fernández de Moya, Catalina García, Jesús Estrella… y un largo etcétera, han entrado en el pabellón deportivo del pueblo, la gente ya estaba calentita. Llevaban cerca de una hora de concierto a base de rumbas. Tal cual, el PP ha puesto un cantante sobre el escenario para que fuera dando ritmo al asunto, y lo que es todavía mejor, se ha inventado una ‘coplilla’ de estas pegadizas, tipo verano, que dice algo así como: “Es Andalucía la que me ha visto crecer/ Es Andalucía mi tierra, la que sueño para mi/ Siente el cambio de Andalucía/ Javier Arenas y Andalucía…”.

Tras la música, la siguiente clave es reforzar el liderazgo. Que todo el que se suba al escenario repita el nombre del líder y recuerde sus virtudes, aunque siempre manteniendo un punto humilde. La arrogancia ya no se lleva, el líder debe parecer el vecino de en frente, sólo que mejor vestido y con más pose. Y cada vez que se le nombre, primer plano ante las cámaras. Pero no se equivoquen, el líder hoy en Andújar no ha sido Mariano Rajoy, ha sido Javier Arenas, y con diferencia.  Hecho esto y arrancados aplausos, gritos y piropos, es la hora de que el líder hable y Arenas sabe cómo manejarse.

“Las cosas que salen del corazón son las que se dicen: “Viva la Virgen de la Cabeza”. Así empezó su discurso el candidato a presidir la Junta y el polideportivo de Andújar casi se viene abajo. La masa ya estaba hipnotizada hasta el punto de que cerca de dos mil personas llegaron a cantarle al mismo tiempo: “Tu si que vales, Arenas, tu si que vales”. Objetivo cumplido.