Indignada, harta y desencantada

  Lo que yo tengo debe ser eso que unos llaman desencanto, otros indignación o lo que otros califican despectivamente como perrosflautas. No se en qué etiqueta colocarme, la verdad, pero yo diría que es simplemente hartura. No he visto nada estas elecciones que me haya sorprendido y ese es el problema, que yo quería sorprenderme. Sabía que los andaluces iban a hablar, que iban a decir que estaban hartos de muchas cosas y deseaba que eso fuera la prueba indiscutible que estaban esperando los políticos para de verdad pararse un momento y pensar. Darse cuenta de que algo está ocurriendo y que tienen que amoldarse a los cambios, a lo que la gente está pidiendo a gritos. Pero no me he sorprendido, simplemente ha sido más de lo mismo y simplemente yo, y creo que mucha gente, nos sentimos todavía más hartos. La cuestión ahora es saber dónde estará nuestro límite o qué pensamos hacer al respecto.

En estas elecciones andaluzas he visto a un partido sobrado, crecido, que se ha cegado pensando que estaba tocando el poder con los dedos de la mano y que ahora, viendo que ese poder se le ha escapado no sabe donde colocar la chulería. He visto a un pueblo que ha dejado patente, cuando ya nadie lo esperaba, cuál es su ideología, y que ha querido decir de la manera más coherente posible que quiere creer en la izquierda, pero no tal y como está ahora. Que lo que hay ahora no le gusta, no le convence, quiere que desaparezca y se reinvente. ¿Y qué ha hecho la izquierda ante eso? Nada.

El partido que ha perdido las elecciones, porque las ha perdido, sólo ha visto que de poder pasar a la oposición, tal y como le decían las encuestas, tendrá otros cuatro años más de gobierno. Su presidente andaluz, el presidente de todos los andaluces hasta ahora, sólo supo autofelicitarse y felicitar a todos los suyos porque habían dado la vuelta a las encuestas. Es como ver una pelea de niños en la que uno le dice al otro: “Chincha, chincha, que a mi me han castigado, pero a ti también”. Nada de autocrítica, nada de pensar o reconocer que tras los resultados electorales hay un mensaje claro, rotundo y transparente. Nada de hablar a los ciudadanos y anunciar que algo va a cambiar, que van a estudiar qué es lo que ha fallado y van a tratar de recuperar la confianza del electorado. No hay problemas internos, no hacen falta nuevas caras, no hacen falta nuevas ideas, no hace falta nada… ¿Por qué? Porque la crisis es mundial y con eso todo está explicado.

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