Un ‘bicho’ que se mete dentro

 

Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia, de esos que se quedan grabados y bien grabados y con los años tiendes incluso a idealizar, es de cuando tenía 6 años. Fue al poco de cumplirlos. Se ve que mi padre consideró que aquella edad marcaba un cambio y abría una nueva época en mi vida, la de la lectura. Hasta entonces nunca había oído pronunciar la palabra biblioteca y cuando, aquella mañana, mi padre me llevó de la mano a una, yo no era capaz de cerrar la boca. Él me hablaba entonces del Principito, de cómo ese libro había marcado su infancia, pero no sería hasta unos años más tarde, cuando yo leyera la historia del Principito.

Entrar en aquella biblioteca metió en mi cabeza a una especie de ‘bicho’ que desde entonces nunca me abandona, y que a veces incluso me genera ansiedad, cuando me paro a pensar que, por muchos años que viva, no tendré tiempo suficiente para leer todos los libros que merece la pena leer y visitar todas las ciudades a las que me merece la pena viajar. Porque, para mi, leer y viajar son cosas que van de la mano. Una vez escuché decir que “las ciudades son los libros que se leen con los pies” y desde luego, los libros son capaces de transportarte a cualquier lugar del mundo, real o imaginario.

Siendo niña viajé con la imaginación y la lectura a una aldea, donde los hombres convivían cerca de las focas, y donde un día llegó un extraño que enamoraba a las mujeres y hacía recelar a los hombres. Más tarde viví una historia interminable en la que acompañé a un tal Bastian Baltasar Bux y poco a poco conseguí llegar a un mundo nuevo donde las cosas aún ni tenían nombre y había que señalarlas con el dedo para nombrarlas. En estos años he conquistado Chile de la mano de Diego de Valdivia, he vivido el sufrimiento de los mapuches, y he perdido una y otra vez la Guerra Civil Española. Ya ahora, a mis 30, soy un niño pre adolescente en tiempos del Franquismo, hijo de un Guardia Civil, que admira en secreto a los ‘maquis’ que pueblan la Sierra Sur de Jaén.

Pienso que leer aviva la imaginación y hace inquietas a las personas, por eso en el día del Libro, os cuento mi pequeña historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *