La calle también es para los descreídos

 

No nos gusta lo que pasa, ni lo que intuimos que va a seguir pasando. No acudimos a la manifestación del Primero de Mayo y ni siquiera asomamos a la que hubo unos días antes contra los recortes en educación y en sanidad. Y no es que no estemos en contra de esos recortes, es más, nos indignan. Igual que nos indigna que este o aquel empresario diga públicamente que para buscar trabajo, a Laponia, o que basta ya de tanto manifestarse. Entonces notamos que nos tocan la fibra sensible y llenamos el Facebook y el Twitter de mensajes que nuestros amigos facebuquean y retuitean y esa es nuestra manera de quejarnos. ¿Por qué? Porque somos unos descreídos, porque miramos a los sindicatos con un recelo parecido al que aplicamos a los partidos políticos, porque no nos sentimos representados, porque no nos gusta el modelo, pero tampoco terminamos de plantear uno nuevo, válido, realista, que sea capaz de funcionar. Estamos metidos en una maraña, que nos parece inmensa, porque, como dicen algunos, llevamos años anestesiados y nos está resultando muy difícil despertar.

Ya se que habrá mucha gente que no se identifique con lo aquí estoy diciendo, otra a la que le cueste reconocerlo, pero también se, que como yo, hay muchos, y puede que este sábado sea nuestro día. Se cumple un año de aquel 15 de mayo de 2011 que dio lugar a un movimiento de gente de todas las ideologías, edades, creencias y profesiones, que únicamente tenían un denominador común: su indignación. Pues bien, este sábado, 12 de mayo, a las siete y media de la tarde, hay convocada una nueva manifestación en la que no hay partidos de por medio, ni sindicatos, sólo aquellos que quieran salir a la calle y decir: ¡basta ya! Ese puede ser nuestro momento de saltar de las redes sociales a la calle, que es donde de verdad ocurren las cosas.

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