La solidaridad: entre el dicho y el hecho.

 

Ahora ya lo tenemos con números. La estadística es clara: uno de cada tres andaluces está por debajo del umbral de la pobreza. Hasta ahora no sabíamos la cifra exacta, pero a nadie se le escapaban imágenes que se repetían, después de muchos años, a nuestro alrededor. Una de ellas es la de encontrarte que alguien llama a la puerta de tu casa para pedir comida.

Ahora sería ya un buen momento de dejarnos de tecnicismos y llamar a las cosas por su nombre. En este país se está empezando a pasar hambre de nuevo y si ese 30 por ciento de personas bajo el umbral de la pobreza no arma más ‘jaleo’ es porque al mismo tiempo que crecen los apuros, crece la solidaridad.

Solidaridad de las familias que están acogiendo en sus casas, y como pueden, a sus hijos y a sus nietos, y solidaridad de instituciones como Cáritas. No es requisito imprescindible ser cristiano para creer en esta organización. Sólo es necesario prestar atención al esfuerzo de muchas personas anónimas que trabajan en comedores sociales, en roperos y bancos de alimentos, que ahora en invierno recorren la calle dando mantas o un trago de algo calentito a los que duermen a la intemperie, y que, en breve, pasarán a apadrinar familias. Tal cual. Eso es lo que está tratando de organizar ahora Cáritas en Jaén, que las familias con más recursos apadrinen a las que están pasando momentos duros para que puedan salir adelante. Me parece una idea brillante que requiere de un esfuerzo organizativo muy grande de quienes trabajan en Cáritas y de una solidaridad inmensa de las familias que se prestan a ayudar.

Frente a esto, está la última noticia de que los sacerdotes de la Diócesis de Jaén están “estudiando” renunciar a su paga ‘extra’ de Navidad para destinarla a Cáritas. No tengo muy claro a que viene ese anuncio, sobre todo eso de que están “estudiando”. Eso se hace o no se hace, el resto me parece mucho márketing y poco fondo