El Plan Marshall andaluz

 

Mi madre siempre ha contado que cuando era muy pequeña le daban el desayuno en el colegio. Les repartían una especie de leche en polvo mezclada con agua, que seguramente si hoy la probásemos haríamos muecas por su sabor. Pero ella siempre cuenta que, después de tiempo tomando ese desayuno, cuando probó la leche de verdad no le gustaba, le sabía demasiado fuerte. Se había acostumbrado a la leche en polvo.

Ella vivió así uno de los programas del famoso Plan Marshall y a mi siempre que ha narrado la historia me ha hecho hasta gracia porque me imaginaba a los nenes, en el colegio, poco menos que cantando lo de ‘Americanos, os recibimos con alegría’. Hace unos años no era capaz de imaginarme que en España íbamos a vivir algo parecido de nuevo.

La Junta de Andalucía acaba de anunciar que dará desayunos, comidas y meriendas en los colegios para las familias que están pasando carencias hasta tal punto que no pueden alimentar bien a sus hijos. Solo hace un día que lo han anunciado y ya he escuchado críticas que hablan de populismo. No estoy nada de acuerdo. Cualquiera que esté en el mundo sabe de los datos que organizaciones como Cáritas o el Banco de Alimentos llevan ya unos años haciendo públicos. Han duplicado y triplicado la cantidad de gente a la que tienen que ayudar a comer. Tampoco creo que haya nadie tan ciego que no haya visto las imágenes de gente buscando comida en la basura, por poner un ejemplo.

Me parece que lo que está haciendo el Gobierno andaluz, más allá del partido que gobierne, es lo que debe hacer una administración, velar y garantizar las necesidades de los ciudadanos que los han elegido, que los han puesto ahí para eso. Por eso aplaudí hace poco el plan de vivienda que tanto se está cuestionando en ciertas esferas, y por eso aplaudo ahora que se ayude a que no falte la comida en ninguna casa.

Eso sí, espero que no ocurra como otras muchas veces, que todo se queda en el anuncio y a largo plazo no se hace poco o nada, que no se trate solo de salir en los medios de comunicación, que las comidas se organicen correctamente, que se ponga a gente a trabajar para saber exactamente qué familias tienen necesidades, y se les ayude a salir adelante el tiempo que sea necesario.

Levantando el campamento

   Un año y medio da para mucho o para muy poco. Ahora se hace extraño ver la plaza de las Batallas, concretamente la puerta de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía, libre de carpas, de sillas y mesas, de sacos de dormir y de carteles con fotos de políticos y frases reclamando que se cumplieran las promesas. Ya no queda ni rastro del campamento que han mantenido durante prácticamente año y medio los ex trabajadores de Primayor.

Primero se voló parte de la carpa, hace unas semanas, con uno de los temporales del invierno. Y después, por cuestiones de seguridad, se retiró entera, igual que todos los carteles, las fotografías y demás.

La de los ‘ex de Primayor’ ha sido la protesta más larga que ha conocido esta provincia. Comenzaron el 13 de julio de 2011. Primero dormían en sacos a la intemperie poque el buen tiempo se lo permitía. Hacían turnos de 24 horas entre todos los afectados. Iban y venían, siempre con las camisetas puestas reclamando a la Junta que les buscara la recolocación que les habían prometido tras el fracaso del proyecto Dhul. Pasaron los meses y como no había respuesta, tuvieron que ir perfeccionando el sistema. Fue entonces cuando llegó la carpa que ocupaba buena parte del rincón de la plaza que habían elegido para su campamento.

Estando acampados han vivido anécdotas de todo tipo: han dado refugio a gente que dormía en la calle por cuestiones muy diferentes a las suyas, han temido que les robasen, han sufrido incendios, los han multado, han escuchado las quejas de los trabajadores del edificio ante el que estaban acampados… Pero sobre todo, hicieron visible su causa. A día de hoy, no hay nadie en Jaén que no sepa quienes son los ‘ex primayores’.

Por allí han pasado líderes sindicales y un sinfín de políticos de todos los signos. Las promesas que han escuchado en este tiempo han sido más de una y más de dos, pero la verdad sólo es una: los ex trabajadores de Primayor han cerrado su campamento con las manos totalmente vacías, igual que lo montaron.

 Dicen que su protesta no ha terminado, que seguirán movilizándose, haciendo manifestaciones, pero ya sin campamento. Dicen también que nada se sabe de aquellos proyectos que iban a llegar a Jaén y donde podía haber posibilidades de recolocación, tal y como se les dijo cuando estaban acampados. Ahora se quejan de que sólo tienen el silencio por respuesta.

 Es cierto que buena parte de los 145 ‘primayores’ que emprendieron esta aventura han conseguido encontrar trabajo por su cuenta en este tiempo, pero más de 60 siguen sin un empleo y con todas las prestaciones agotadas.

PD. La foto es del compañero Francis J. Cano, del lugar donde estaba el campamento, ahora vacío.